LA COLUMNA
Una candidatura sin sorpresas
MANUEL IGLESIAS
No se produjeron sorpresas y Coalición Canaria eligió ayer a Paulino Rivero como candidato a la presidencia del Gobierno de Canarias, por 102 votos de los 120 asistentes a la reunión del Consejo Político Nacional de Coalición Canaria, que se reunió en Las Palmas de Gran Canaria, después de ser rechazada la candidatura de otro aspirante: el ex senador Mario Cabrera, presentado por Lanzarote y Fuerteventura.
Aunque no se registrara unanimidad, la oposición ha sido más testimonial que eficaz, ya que el presidente de Coalición Canaria tenía previamente apalabrado los apoyos, aunque no hibieran sido hechos públicos y hasta se hayan producido maniobras de distracción en los medios de comunicación.
Víctimas de ello pueden haber sido los palmeros, que llegaban además influenciados por las posiciones políticas previas de manifestarse abiertamente como partidarios de que exista una candidato presidencial nacionalista procedente de una isla periférica -obviamente, para ellos, Antonio Castro-, y en cierta forma resulta contradictorio proponer una cosa y luego apoyar otra diferente.
Los palmeros sabían que tenían escasas posibilidades, porque en las actuales circunstancias es muy difícil que Coalición Canaria escoja un candidato de una isla menor si existe un candidato de peso de alguna de las mayores, especialmente, en las actuales circunstancias, viniendo de Tenerife. Con el apoyo tinerfeño, un palmero o un conejero puede acudir con algunas garantías a las elecciones, pero, hoy por hoy, si no cuenta con éste y acude enfrentado, es muy difícil un éxito. Pero también un candidato nacionalista lo va a tener muy difícil con los nacionalistas palmeros sintiéndose agraviados.
Rivero no logra la candidatura por casualidad, ni en una decisión del último minuto de la Coalición, sino que viene trabajándosela desde hace mucho tiempo, buscando alianzas, recabando votos y articulando lenta y pacientemente una mayoría, desde la propia ATI a un sector de Lanzarote y a otro de Gran Canaria, pasando por el mundo de los representantes de los canarios de la emigración. El único obstáculo real en su camino hubiera sido que Adán Martín se presentase de nuevo, reivindicando lealtades y dividiendo los votos, pero aun así estaría por ver si el presidente del Gobierno hubiera resultado vencedor en ese conflicto.
Pero si bien ha cerrado una batalla, la de la candidatura, por delante le queda una guerra, la electoral, complicada y muy dura. Cualquier candidato de Coalición Canaria -a partir de hoy, Paulino Rivero- tiene como objetivo obligatorio igualar al menos los resultados en número de diputados de los últimos comicios -un triunfo sería el lograr mejorarlos- y mantener a la coalición en el Gobierno, especialmente en su presidencia. Son objetivos difíciles, pero son los mínimos que le van a exigir. Un candidato no puede concurrir con la idea de que, si las cosas salen mal, sólo se trata de que le toca administrar la derrota.
Si se tiene en cuenta la larga experiencia política de Paulino Rivero es de estimar que eso lo sabe y dado que no es un candidato repentino, sino que lo viene trabajando desde hace tiempo, también cabe suponer que ya tiene diseñada una estrategia para enfrentarse a una campaña electoral que, definidos ya los tres principales candidatos por las principales fuerzas políticas, sí que ahora ya ha dado el pistoletazo de salida.
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