"No hay fórmulas mágicas para ganar en la Bolsa: unos ganan y otros pierden"
RAM BHAWNANI - CONSEJERO DE BANKINTER Y EMPRESARIO
   
     
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Texto: Leopoldo Fernández
Fotos: Fran Pallero


Se llama Ram Bhawnani, es vegetariano, mantiene la nacionalidad india aunque sus cuatro hijos son españoles, utiliza la tarjeta de residente y ni siquiera tiene coche; prefiere pasear para moverse por la ciudad y, cuando le es imprescindible, sus propios hijos o algunos de sus colaboradores lo llevan y lo traen. Se confiesa hinduista, de la corriente radhasoami. Es el menor de tres hermanos y hasta hace poco vendía productos populares en su típico bazar indio de la avenida Tres de Mayo: Casa Kishoo, donde el dios Mono figura como símbolo familiar.

En los años sesenta y setenta años era, económicamente hablando, un donnadie; hoy, con 63 años, administra una fortuna superior a los 600 millones de euros (más de 100.000 millones de las antiguas pesetas). Modestamente reconoce que es accionista de Casa Kishoo, cuyos verdaderos dueños -afirma- son la viuda del señor Kishoo y sus hijos. "Represento a la familia -añade- desde hace muchos años; tengo conexión con ellos desde 1965, cuando empecé a trabajar en Hong Kong. De modo que verdaderamente no soy, como se ha dicho, el dueño absoluto del 14,85% de Bankinter".

Tiene su despacho profesional en un moderno edificio de la calle Porlier y en el hall de acceso cuelga una imagen de su gran maestro religioso, el maharaj o gurú Charan Sing Ji, a quien conoció personalmente en el Punjab en 1983. Se confiesa profundamente religioso, visitante asiduo de un templo hinduista santacrucero y lector perenne de textos sagrados.
Durante su jornada de trabajo está permanentemente atento a las cotizaciones bursátiles. De hecho, una pantalla interactiva, con información de Infobolsa y Bloomberg, le ofrece instantáneamente las cotizaciones, y sus colaboradores más inmediatos le advierten de las novedades más relevantes.

Una de sus mayores tristezas y preocupaciones es la inmigración irregular procedente de África, por el "descontrol" que se ha dado y por la "pérdida irreparable de vidas" que se viene sucediendo en los últimos años. "Yo creo-afirma- que sería bueno ayudar a estas gentes en sus países de origen. También advierte que "los inmigrantes han traído muchas cosas buenas para las Islas. Y en España, si no fuera por los inmigrantes, igual el país no habría crecido tanto. En mis tiempos venían diez emigrantes y ya era un problema. Ahora están llegando a miles y puede ser un problema fuerte para Canarias, pero a la inmensa mayoría los mandan en aviones a la Península o a sus países de origen".

Confiesa que busca "participaciones bursátiles estables", que siempre "me ha movido con créditos" y en tal sentido apunta que "hoy debo mucho dinero y todo lo que gano lo reinvierto". Además de sus participaciones bancarias, es dueño de una decena de hoteles en Tenerife y Gran Canaria.

También apunta Bhawnani que su éxito "no tiene misterio alguno. Es fruto del trabajo, de mucho trabajo, y de la constancia". "Y de un poco de suerte también", remacha inmediatamente.


- ¿Dónde nació usted?

"Nací en Pakistán, en Hyderabab, capital de la provincia de Sindh, el 23 de marzo de 1944. Entonces era India, pero tras la descolonización británica de 1947 una parte de la provincia pasó a dominio paquistaní y otra, a la India".


- La descolonización siempre produce tragedias: rompe familias, separa territorios… ¿Cómo sufrió su familia la pérdida de parte de su país de origen?

"Nosotros éramos sindhis, y esa parte se la entregaron, entera, a Pakistán, más otras partes del país. Luego hubo una guerra donde los indios intervinieron porque los pakistaníes constantemente enviaban a la gente hacia una zona determinada, hoy Bangladesh. Mi familia huyó hacia la India al sentirse perseguida. Pasamos por los campamentos de Nasik, allí buscamos a algunos parientes y contactamos con ellos, nos reunimos y decidimos compartir varias viviendas entre todos. Más tarde nos trasladamos a Poona, que es donde pasé mi infancia".


- ¿Les compensaron por la pérdida de su casa y de sus propiedades?

"Tenía cuatro años nada más cuando salimos con la llave de la casa. Lo que pudimos coger lo cogimos; lo demás se quedó allí. A los que eran dueños y propietarios les compensaron con una pequeña cantidad".

Entonces el padre de Ram Bhawnani, Wadhumal, vivía en Tánger, adonde había acudido en busca de fortuna. Ram estaba con su madre y sus tres hermanos. Se reunieron con la familia materna y prácticamente perdieron de vista a la familia del padre. Se trasladaron al Punjab a casa de una tía y a continuación con la abuela y otras familias más, hasta el año cincuenta y pico en que alquilaron un pisito, en el que siguieron hasta 1961".


- ¿Cómo y dónde inició sus estudios?


"Empecé en el colegio St. Vincents High School de Poona. Estudié desde los 6 hasta que cumplí los 17 años, en 1961. Antes de obtener las notas finales estuve buscando trabajo. Uno de mis vecinos era la madre del señor Kishinchand, que luego sería mi suegro. Y como mi suegra de cuando en cuando venía de Hong Kong a ver a su madre política, cuando llegué a Hong Kong la llamé y ella me puso a trabajar allí mismo, en una empresa de exportación e importación. Importaba mercancía desde Japón o Corea y se vendía en el mercado local. Poco a poco también se inició la exportación y mi suegro comenzó a vender mercancías en distintas partes del mundo. Así fue como llegó a Canarias. Le gustaron Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife y abrió una pequeña representación en nombre de Casa Kishoo. En Las Palmas la cerró pronto y en Tenerife la representación la convirtió en un centro de importaciones propias. Aquí mi padre fue relativamente popular, en la calle de Candelaria y zonas contiguas, donde operaba. Era conocido por Pepe".


- ¿Y su padre cuándo vino a Tenerife?

"Mi padre vino aquí desde Tánger. Hizo de cambullonero y algunas operaciones le salieron bien y otras mal porque era un poco vividor. Y cuando regresó a la India el año 61, a los cuatro o cinco meses falleció con 53 años. Unos amigos de mi padre, con el señor Kishinchand Godnumal al frente, vinieron a verme en el 65 y me hablaron de venir aquí. Yo no sabía español, pero mi familia me pidió que viniera a Tenerife a ver si arreglábamos los problemas que entonces tenía Casa Kishoo, así que acepté. De Hong Kong aquí fue un cambio radical. Parecía que en la Isla todo caminaba más lentamente. Traíamos mercancías, en la misma calle se descargaban las cajas y muchas gentes sencillas de barrios de la ciudad nos ayudaban a recogerlo y ordenarlo todo. La gente era muy amable y como había pobreza y mucha necesidad y las licencias de importación eran muy escasas, todo lo que se traía se vendía en seguida".


- Puede decirse que tuvo usted suerte y que Casa Kishoo pudo recuperarse poco a poco...

"Así es, se recuperó poco a poco. Entonces España tenía una buena época. Empezó a llegar mucho turismo. Vinieron divisas y cada vez se daban más licencias. Luego entró en la Comunidad Económica Europea y en la OTAN, así que todo fue cambiando y mejorando. Por desgracia mi madre murió en aquellos años. Estaba aquí pasando unos días con nosotros, enfermó y falleció en el Hospital".


- ¿Siguió usted la tradición hinduista?

"Sí. Incineramos sus restos. Ella quería que los llevase al Ganges. A los once meses, en un sitio que se llama Gaya, donde se encuentra el Buda más grande del mundo, hicimos una ceremonia conmemorativa. Aquí, en el cementerio de Santa Lastenia, se le hizo su funeral".


- ¿Su boda se concertó al estilo indio, es decir, se pusieron de acuerdo las dos familias?

"A mi mujer, Meera, la conocí en Hong Kong, donde había nacido, cuando yo trabajaba con mis suegros. Mi suegro me propuso la boda cuando yo ya trabajaba aquí, en Tenerife, así que poco después, en 1969, viajé a Poona, en la India, donde las dos familias acordaron el casamiento. Del matrimonio hemos tenido cuatro hijos, dos chicos, Anil y Dileep, y dos chicas, gemelas, Sonia y Cristina. Uno de mis hijos, que es contable, trabaja en Casa Kishoo, en la tienda de ropa; el otro es ingeniero informático. Una de mis hijas trabaja en un banco y la otra conmigo en la oficina".


- ¿Qué le parece ese arreglo matrimonial entre familias? ¿Le gustaría que sus hijos siguieran esa costumbre?

"Realmente la India es uno de los sitios donde menos divorcios existen. Y si funciona de una forma, funciona de otra. Nuestros hijos ahora lo hacen digamos a la europea. Al final todo depende de la forma en que uno lo vea. Yo creo que en la India hay mucho más respeto por las bodas y las tradiciones y los arreglos de familia no suelen dar mal resultado".


- ¿Qué ha sido de sus hermanos? ¿Dónde se hallan ahora?

"Uno está en Japón, en Okinawa, es viudo y tiene sesenta y pico años. Hace un par de años fui a verlo cuando se le murió la mujer y le propuse que se viniera con nosotros. Puede que en unos meses así lo haga. Conoce Tenerife y le encanta, y además, tiene a su hijo trabajando en Playa de las Américas. Mi hermana está en Singapur. Ahí tiene a su familia: cuatro hijas con sus yernos. Los tres mantenemos muy buena relación".


- Ustedes, los Bhawnani, han ido asentándose entre nosotros en unos pocos años...

"Los Bhawnani somos mis cuatro hijos míos, los yernos y sus familias, cuatro nietos y mi mujer. A mi suegra le pasa lo mismo: tiene tres hijos ya casados y con pequeños. Yo también he traído a unos familiares. Por ejemplo a un sobrino y a algunos primos".


- ¿Se sienten muy integrados en Canarias? ¿En algún momento han percibido discriminación o aislamiento…?

"Primero se siente un poco de temor pero, poco a poco, los hijos van a los mismos colegios, están mezclados y se integran mejor que nosotros, los adultos. Uno siempre tiene el corazón al otro lado pero con la la edad y la muerte inevitable de los parientes, cada vez quedan menos familiares en la India. Tenemos algunos primos en Norteamérica, también emigrantes como nosotros. A veces vienen por aquí y nos vemos…".


- ¿Cómo empezó su vocación inversora?

"Como le dije antes, el negocio de importación funcionaba bien aquí. Yo tenía la costumbre de leer los periódicos y algún dinero que me sobraba empecé a invertirlo en acciones del Banco Popular. Con este banco trabajábamos casi todos los indios. Hicimos una buena venta a unos señores de Ceuta y el director del banco me dio buenos informes. Eran 20 millones de pesetas. Entonces me negoció los pagarés y con ese mismo dinero compramos acciones del Banco Popular. Luego rápidamente las vendimos y pedimos más prestamos. Empezamos por ahí. Las primeras operaciones salieron bien, pero el año 87 tuvimos el primer tropezón: perdimos cien millones de pesetas. Fue el primer crack bursátil. Sufrimos mucho, pero lejos de coger miedo, tomamos confianza y a los seis meses decidimos reinvertir, comprar más y entrar en Bankinter con 150 millones de pesetas. Duplicamos lo invertido en seis meses".


- Al margen de que se informe por los periódicos o revistas especializadas, ¿tiene usted suerte o lo que resulta de sus operaciones bursátiles es algo muy medido, muy estudiado?

"Yo diría que ha sido suerte más bien.Al principio compraba porque habían caído las acciones. Realmente la primera compra seria la hice cuando fue el referéndum de España sobre la OTAN. Entonces me dije: ’Si sale sí, este país irá para arriba. Y ese mismo día, por intuición, compré muchas acciones del Banco Central. Di órdenes de que compraran todo lo que pudieran. Y lo mismo hice tras el ingreso en el Mercado Común".


- Usted ha invertido también en varios bancos más: el Santander, el Hispano, el Banesto, el Zaragozano, el BBVA, el Sabadell, y en Acecalia, en SolMeliá, en Adolfo Domínguez, en Occidente y en otras muchas empresas...

"BSCH fue una de las compras que hicimos porque estaba cayendo. Estuvimos dos años parados sin hacer nada, cuando la Bolsa estaba subiendo… Luego nos llevamos un susto cuando Banesto fue intervenido por el Banco de España. Y pensamos que el Central Hispano podía tener problemas, pero cambiaron al consejero delegado y nombraron en su lugar a Ángel Corcóstegui. Él vino varias veces al hotel ’Mencey’ a visitarnos y darnos una charla, y nos convencimos de que este señor iba a levantar el banco. Inspiraba mucha confianza. Y en dos años multiplicamos por cinco la inversión. Ese fue el gran golpe de beneficios para la sociedad Casa Kishoo, lo mismo que luego la OPA del Barclays sobre el Zaragozano, que nos dio plusvalías de más de 70 millones".


- ¿No ha querido usted hacerse ciudadano español por alguna razón particular o no lo ha considerado oportuno?

"Salvo mi mujer, mi suegra y yo, toda mi familia es española. No he sentido la necesidad de nacionalizarme.Al fin y al cabo todos somos ciudadanos del mundo. Pero me siento un tinerfeño más aunque mantenga la nacionalidad".

Aquí en Tenerife hay un club, el Club Indostánico, del que Ram Bhawnani ha sido presidente, que agrupa a buena parte de los algo más de 4.000 ciudadanos de origen indio que existen en Tenerife. En un tiempo Bhawnani calcula que hubo unos 300 indios. "Pero-apunta- muchas familias están regresando a la India. Quienes vinieron en los tiempos difíciles y no llevan más de veinte años aquí, se encuentran ahora, con cuarenta y pico años, que los negocios no están caminando. Los bazares no rentan apenas, así que están volviendo a su tierra porque allí hay ahora un gran crecimiento económico y más posibilidades de futuro. Pero las primeras personas que llegaron entre 1960 y 1970, sus hijos ya son mayores, ya están integrados y trabajan muy bien aquí. Los que están sufriendo problemas son del sur y los del Puerto de la Cruz un poquito también. Los otros ya casi no existen. Algunos otros estamos bien establecidos".


- ¿Qué vida hace usted normalmente?

"Me levanto entre las seis y las siete. Me gusta oír las noticias, hacer algo de meditación antes, algo de ejercicio durante quince o veinte minutos, y empezar a ver cómo están los mercados. Una vez que desayuno voy a mi despacho caminando. Hablo con mis colaboradoresocho. Como a las dos de la tarde, regreso al despacho y después de cerrar la Bolsa camino una hora u hora y media, retorno a casa, veo las noticias y la situación del mercado y me acuesto pasadas las once. Los domingos voy al templo y estoy con la familia".


- ¿Es usted muy religioso?


"Yo creo en santos. Leo muchos libros sagrados y estoy convencido y confiado en que creer me alivia mucho. Pienso que la gente tiene que volver a nacer hasta que se reuna otra vez con Dios. Somos gotas de aguas hasta que nos mezclemos con el océano. También creo en la reencarnación".


- ¿Se considera un ’kamikaze’ o un ’tiburón’ en el sentido de que se ’comería’ todo lo que encontrara a su alcance bajo el punto de vista económico?

"No soy un kamikaze ni tampoco me siento un ’tiburón’. Pienso que todo lo que hay es para la sociedad. Pimero está la familia, después están los conocidos... Todos vivimos de todos, de la destrucción no se puede vivir. Y debemos estar contentos de cómo somos cada uno, eso sí, tratando siempre de mejorar".


- ¿Cómo ve el momento de la economía española en general y de la canaria en particular?

- "Está creciendo al 4%. Hay un endeudamiento de las familias excesivo pero por otro lado los intereses todavía son bajos. La inflación está bastante controlada. Los políticos hacen todo lo posible para que la gente este contenta. En cuanto a la economía canaria, se ve mucha riqueza por la calle. Los grandes comercios han hecho mucho daño al pequeño comercio y es difícil mejorar la situación. Mire el ejemplo de los bazares indios en las calles céntricas…".


- ¿No cree usted en todo caso que en Canarias tenemos una excesiva dependencia del sector turístico?

"Llevo diciéndolo desde hace años. Cuando CajaCanarias, hace un año y pico, organizó una reunión, el alcalde señor Zerolo, que es consejero de CajaCanarias, fue muy valiente: dio una idea al señor Arvelo y al señor Núñez, al sugerirles que hicieran lo que Casa Kishoo está haciendo con la SINCAV (sociedad de inversión inmobiliaria de capital variable) Kalyany: comprar acciones de Cepsa. Cepsa está en Canarias. ¿Por qué no comprar algo de Cepsa- ¿Por qué no comprar algo de Bankinter? CajaCanarias tenía muy poco de banca privada y por eso nos acercamos para en algunas cosas ir de la mano de Casa Kishoo a través de la SINCAV. Optaron por la SINCAV más grande que teníamos de cien millones, con BANIF. Entonces pusieron seis millones y nosotros sacamos seis e hicimos una sociedad, primero de doce millones, que hemos ido ampliando. Llevo mucho tiempo diciendo a los comerciantes, a los amigos, a todos los que se han acercado: ’Mira, vamos también a participar con CajaCanarias’. Esta sociedad está dando buenos resultados y preparamos una posible gran SINCAV que podrán manejar unos cuantos gestores, no yo. Por eso me gustaría ver en Canarias, y en ello trabajo, una gran industria financiera, no sólo actividades turísticas y de la construcción. Esta es una buena línea de futuro. Podríamos tomar participaciones en empresas de todo el mundo y traer a Canarias los beneficios para reinvertirlos aquí. Tenemos instrumentos como el REF, la RIC, la zona ZEC para mejorar luego, poco a poco, las posibilidades de las Islas."


- ¿Qué consejos da a aquellos que quieran invertir en Bolsa y que pretendan emularle en su ejemplo de vida y como hombre de negocios?

"No hay fórmulas mágicas para ganar en la Bolsa, aunque nosotros hemos ganado mucho dinero calculando el riesgo. En la Bolsa a veces se gana y a veces se pierde. La suerte me ayudó el año 87 y no tuve prisa en acudir a la Bolsa. Ya he visto ocho o diez crisis bursátiles y de todas ellas siempre hemos salido fortalecidos. Pero la persona que rentabiliza al máximo y no sabe aguantarse y pierde la prudencia, puede ser tratada sin piedad. Hay que tener mucho cuidado y, si se es principiante, actuar con cautela. Si tiene que invertir cien, que invierta 20 primero y las 80 en renta fija. Luego hay que ir viendo poco a poco cómo se desarrollan las cosas".
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