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TRÁFICO DE PERSONAS - SEGUNDO BARCO NEGRERO EN 2005
Una bengala salva la vida a las 97 personas hacinadas en el barco de inmigrantes a la deriva
Algunos subsaharianos dijeron a los sanitarios que abordaron la embarcación que habían arrojado dos cadáveres al océano
Los inmigrantes llegaron al fin a tierra, poco después de las once de la mañana. / Esteban Pérez
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Simón Zamora
Arona


Una bengala durante la noche del pasado lunes llamó la atención de la tripulación del Eagle, el buque escuela estadounidense que avistó a 23 millas al sur de Tenerife al pesquero clandestino a la deriva con 97 personas hacinadas a bordo, entre ellas un bebé, su madre y un niño de unos 10 ó 12 años y los dos traficantes de inmigrantes. Una quincena de personas estaban deshidratadas y fueron trasladadas a centros hospitalarios, algunos de ellos en camilla, porque según el personal sanitario que los atendió podrían llevar varios días sin comer. El dolor de estómago era otro síntoma que experimentaban porque posiblemente bebieron agua de mar, dijo a los medios de comunicación uno de los sanitarios del Servicio de Urgencias, que subió a bordo de la embarcación, el médico Asdrúbal González.

Algunos subsaharianos comentaron al personal sanitario que accedió a bordo de la embarcación que habían tirado por la borda los cadáveres de dos personas fallecidas durante ese triste viaje en un barco de madera de 20 metros de eslora que se había quedado sin timón, sin máquinas, sin combustible y que los condenaba a una muerte segura si no eran avistados. El delegado del Gobierno en Canarias, José Segura Clavell, calificó la operación de rescate de "éxito rotundo y con una excelente cooperación". "El Estado español ha salvado la vida a estas personas", añadió Segura en el puerto de Los Cristianos, en el municipio de Arona, donde desembarcaron sobre las 11.00.

Una hora antes, cuando las condiciones del mar lo permitieron, el personal sanitario del Servicio de Urgencias Canario (SUC) abordó la embarcación para ayudar a las personas que estaban peor. El bebé, que no llega a los dos años de edad, estaba en la cabina de proa y salió del barco en los brazos del personal que participó en el rescate. "Le tuvimos que pinchar", manifestó ayer Asdrúbal González. Los inmigrantes estaban "muy asustados y con la mirada perdida" según este médico que entró a la embarcación, que fue remolcada desde alta mar. Por su parte, el jefe de Salvamento Marítimo, Tomás González Sánchez Araña, indicó que se trata de un pesquero de madera arcaico pero bien conservado, y explicó que el buque escuela norteamericano Eagle avisó cuando observó bengalas de socorro. Después acudieron los equipos de rescate, que estuvieron toda la noche y parte del día de ayer en la operación hasta la evacuación de las personas en mal estado a los hospitales y el ingreso de las sanas en el Centro de Internamiento de Inmigrantes, para llevar a cabo los trámites de repatriación de aquellos que puedan ser devueltos a sus países de origen.



El riesgo de perderse

El delegado del Gobierno en Canarias manifestó que si el barco no hubiera sido avistado la noche del lunes, ayer, en vez de estar a 23 millas de Tenerife, podría ir a la deriva a doscientos. José Segura dijo que "se había observado un puntito en el radar", pero "fundamentalmente fue la llamada del buque escuela" lo que dio la voz de alarma, confirmó el delegado.

Los responsables de la Cruz Roja y del Servicio de Urgencias Canario manifestaron que las quince personas ingresadas en los hospitales estaban deshidratadas y que tuvieron que prestar apoyo psicológico y facilitarles agua y zumos para que pudieran comer sólidos después de su rehidratación. La mayoría de los 95 inmigrantes que llegaron ayer al puerto de Los Cristianos son muy jóvenes y no superan los 30 años.

Ante una pregunta de los periodistas sobre las mascarillas que se ponen las fuerzas de seguridad del Estado y el personal de atención sanitaria, el vicepresidente de Cruz Roja en la provincia, Jairo Gonzalo, respondió que es para protegerse de algún tipo de enfermedad "tanto nosotros como ellos". El barco llevaba pegatinas de submarinismo y aparentaba mal estado. Mientras las fuerzas de seguridad desembarcaban a los inmigrantes, ante la mirada de una multitud de curiosos que se apiñaban en las inmediaciones del puerto de Los Cristianos, llegaba uno de los ferrys rápidos que cubren la ruta marítima con La Gomera. Los turistas y los inmigrantes desembarcaron al mismo tiempo, unos por diversión y otros en el incierto esfuerzo por lograr una vida mejor lejos del continente negro.
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