|
|

EDITORIAL
Tras la tragedia aérea
Canarias termina esta semana sumida en el dolor por una tragedia inexplicable, la de un vuelo comercial, el JK 5022 de Spanair, repleto de familias en tránsito vacacional que nunca debió partir de la terminal madrileña de Barajas. El siniestro aéreo más grave de las últimas décadas en España y Europa se ha llevado un trozo de nuestra tierra, porque 78 residentes en las Islas iban a bordo de esta sofisticada máquina que sólo unos segundos después de su despegue fatal era ya un amasijo de hierros retorcidos, cargados de muerte. En estas páginas dominicales del decano se ofrecen miradas sobre la catástrofe desde muy distintas perspectivas: desde la de los periodistas, con firma de Leopoldo Fernández y Juan Cruz Ruiz, hasta la del profesional de la aviación, caso de nuestro habitual colaborador Manuel Ramos García, pasando por la visión de un político comprometido con la modernización del transporte aéreo, José Segura Clavell, o de un reputado observador y docente universitario, Juan Hernández Bravo de Laguna. Cierto es que, incluso más allá del impacto producido por la tragedia en toda la sociedad insular, en Canarias no podemos menos que sentirnos claramente identificados con el transporte por avión, medio natural para salir de las Islas e incluso en el tráfico interinsular, y por tanto una herramienta esencial en el desarrollo económico y social de una tierra que además tiene en el turismo a su principal fuente de prosperidad. Son múltiples, por tanto, los motivos para pedir sosiego pero también claridad y rigor en el análisis de las causas del desastre. Las autoridades han garantizado que así será, como han manifestado tanto el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, como su homólogo de las Islas, Paulino Rivero, tras su reunión del pasado viernes. Recopilar con la mayor eficiencia posible los hechos y datos que hicieron posible la infausta catástrofe no es asunto sobre el que se puedan hurtar ahora medios y recursos; esto es obvio recordarlo ahora, pero habrá que mantenerse vigilantes en el futuro, cuando los ecos del accidente abandonen las primeras páginas y dejen de ser material de consumo para algunas cadenas de televisión aficionadas a la confusión entre drama y espectáculo. Hablamos de una exigencia elemental con las víctimas y sus familiares, a los que expresamos nuestra condolencia en el peor trance de los posibles, pero extendemos esta reclamación porque es la voz de la sociedad canaria en su conjunto la que, sin juicios previos pero también sin zonas de sombra, quiere saber si las medidas de seguridad en la aviación civil propias de un país desarrollado son seguidas en España con el escrúpulo suficiente. Las primeras conclusiones apuntan a lo habitual en estos casos, y siempre teniendo en cuenta que el transporte aéreo obtiene parámetros excepcionales de seguridad en el terreno de la estadística: una conjunción fatal de factores hizo imposible el gobierno del MD-87 de Spanair en su segunda intentona de despegue. Pues, bien, que se aclaren los porqués de este hecho luctuoso que nos ha dejado heridas de imposible cicatrización.
|
 |
| MÁS INFORMACIÓN |
|
Pekín 2008: de menos a más
Hoy finaliza la gran cita global del deporte, los Juegos Olímpicos, celebrados este año en la capital china, Pekín, en medio de un ambiente políticamente tan controvertido como hipócrita, pues no fueron pocos los gobernantes que se rasgaron las vestiduras a última hora ante la constatación del carácter no democrático de la República Popular China, algo que se sabía por anticipado y que sin embargo no impidió al Comité Olímpico Internacional designar al gigante asiático como organizador del evento. En todo caso, las Olimpiadas son una herramienta formidable a muy diferentes niveles -político y comercial, en primer lugar-, y al mismo tiempo aparecen como un test sobre la salud del deporte de cada país, algo que en los tiempos que corren constituye asimismo un elemento de prestigio y orgullo nacional, estemos o no de acuerdo con esta variable que toca sólo coyunturalmente el grado de bienestar de una sociedad. Sí hemos de admitir que en España el avance en la práctica del deporte está inequívocamente asociado a la modernización resultado de la democracia y el progreso económico, y más en un año en el que los deportistas españoles han obtenido triunfo tras triunfo en diversas competiciones de prestigio, poniendo de manifiesto que ya no es el talento por generación espontánea, sino el trabajo concienzudo el origen del éxito. Por todo ello, terminan los Juegos y aparece un halo de cierta decepción, en la medida que las autoridades deportivas habían situado un listón muy ambicioso para Pekín 2008, al señalar que el objetivo era superar la veintena de medallas y alcanzar por tanto el umbral de los Juegos de Barcelona 1992. España llega al epílogo de la cita olímpica con 17 medallas garantizadas -16 hasta ayer, más la de baloncesto masculino, con la disputa de la final a primera hora de hoy-, y nuestro deporte pone de manifiesto que ha alcanzado un nivel óptimo en algunas especialidades que, por su condición de deportes con masivo seguimiento, exhiben asimismo un alto nivel de profesionalismo; es el caso del propio baloncesto, el tenis, el ciclismo y el fútbol -España, que no se clasificó para los Juegos en esta disciplina, se resarció sobradamente con el triunfo en la Eurocopa-. Unamos a ello el éxito en especialidades donde el trabajo colectivo resulta simplemente admirable, como la vela, el piragüismo y la natación sincronizada, y de ahí nos saldrá un saldo de preseas en el que se aprecian dos ausencias notables, preocupantes: dos deportes tradicionalmente olímpicos, la natación y el atletismo, han sido el escenario de un desplome general de la representación española. En cuanto al balance canario, queda la satisfacción por la plata obtenida por las grancanarias Thais Henríquez y Paola Tirados, como integrantes del equipo de sincronizada que ayer mismo obtuvo la medalla de plata. El discóbolo tinerfeño Mario Pestano falló a la hora de la verdad, cuando aparecía con opciones reales de éxito; el regatista Javier Fernández estuvo lejos de la pelea por el podio, y para la palmera Rosanna Simón estos Juegos fueron una primera experiencia habida cuenta de su juventud. Seguiremos apoyándoles, como a todo el deporte canario y español, tras estos Juegos de menos a más para la representación nacional. |
|
|
|
|