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MANUEL LUIS RAMOS GARCÍA *
Voceros aeronáuticos y bozales mentales

En los últimos días, los medios de comunicación españoles, sin excepción, han abierto sus ediciones con titulares sobre el accidente sufrido por el vuelo JK 5022 de Spanair. Hemos visto noticias, reportajes, artículos de opinión y muchas declaraciones referidas a este lamentable suceso, no siempre realizadas con la prudencia y sensibilidad que requiere un hecho de estas características. Es evidente que la incertidumbre  en los minutos posteriores a la catástrofe puede haber contribuido a actuaciones poco afortunadas, que por falta de rigor y  carencia de conocimientos técnicos ha podido confundir a los ciudadanos de a pie y herir la sensibilidad de los familiares de las víctimas, verdaderos sufridores de la tragedia. Todos estos fallos  administrativos o verbales pueden ser entendidos con generosidad, pues nadie está preparado para asimilar este “renglón torcido de Dios”, que ha alterado la vida de muchas familias y ha conmocionado a todos.
Con los familiares de las  víctimas padeciendo un calvario, que tiene su santuario en el Hotel Auditorium, heridos muy graves en los hospitales de Madrid, pasajeros que necesariamente deben subirse a un avión  y media España pendiente de conocer las causas del accidente, el inspector de Aviación Civil señor Javier Aguado del Moral denuncia la inhibición del Gobierno sobre este asunto en un periódico de gran tirada, con afirmaciones de dudosa credibilidad. Según manifiesta, “el sistema de control aéreo es deficiente y la seguridad del transporte no está garantizada”. También alude al “gran poder que las aerolíneas ejercen sobre la Administración, lo que permite a algunas compañías escatimar en gastos de reparación a costa de la seguridad de los usuarios”. Estas frases entrecomilladas, que no son palabras que se pueda llevar el viento, las acabo de leer una y otra vez, provocándome un sentimiento de auténtico rechazo y una rabia contenida, que solo puedo desahogar controlando minuciosamente todo lo que expresaré en estos renglones, que serán escritos desde unos conocimientos técnicos precisos y una actitud personal honesta.
  Soy aviador por afición, piloto por vocación y profesional de la aviación, con más de treinta años de experiencia en transporte aéreo comercial. Las declaraciones del señor Aguado, a quien a partir de ahora -y para no darle un tratamiento que no merece- llamaré “el individuo”, no tienen el más mínimo rigor técnico, ni se ajustan en absoluto a  la situación que él describe. Aunque conozco el curriculum del “individuo”, no desvelaré datos concretos, pues aunque caben en un par de renglones, su importancia es inapreciable. Lo único significativo de su hoja de servicios es el tiempo que ha permanecido en la situación de incapacidad laboral transitoria, y los diversos suspensos que padeció cuando hace muchos años intentó  acceder como piloto en algunas  compañías aéreas y no tuvo la fortuna de aprobar en ninguna de ellas.  
Sería interminable relatar los medios y métodos internacionalmente establecidos y eficazmente utilizados por el Ministerio de Fomento para garantizar la seguridad de las operaciones de las compañías aéreas, por lo que sólo aludiré a mi experiencia personal como piloto al mando de las aeronaves de Binter Canarias durante los últimos dieciocho años. Es el único modo que se me ocurre para certificar en primera persona la validez de mi licencia y la confianza en la seguridad de las operaciones de la compañía en la que trabajo, que es aplicable con exactitud a todos los profesionales y empresas del mundo aeronáutico.
Obtuve la confianza para ejercer funciones de piloto al mando, después de doce años como copiloto, superando la correspondiente inspección de la Dirección General de Aviación Civil y cumpliendo los requisitos establecidos por la compañía. La persona que me validó  esa licencia no era cualquier individuo; se trataba de un señor inspector. Desde esa fecha hasta la actualidad he realizado cada seis meses el entrenamiento requerido por las autoridades aeronáuticas en simulador de vuelo, con la correspondiente inspección, siempre según la normativa en vigor. También he sido sometido a los exámenes médicos periódicos que dan validez a los títulos aeronáuticos de todos los pilotos.
Los aviones que tengo el honor de pilotar son sometidos a los controles establecidos por la legislación aeronáutica, y reciben un mantenimiento muy eficiente, pasando cada año los controles para  la renovación del certificado de aeronavegabilidad. El equipo técnico de Binter Canarias es un ejemplo de buen hacer profesional, con reconocimiento expreso de la empresa  ATR como uno de los mejores. Por ello, nuestros tres millones de clientes anuales viajan cada día con la  seguridad que ha garantizado la Dirección de Aviación Civil, en base a la eficiencia técnica y administrativa de los más de mil trabajadores que forman la plantilla. Ninguna de las aeronaves de nuestra flota emprende el vuelo sin estar certificada para ello, con inspecciones periódicas y mantenimiento preventivo. Y todo lo referido es ejecutado de igual manera en todas las compañías aéreas del mundo, con unas normas y procedimientos establecidos por la legislación aérea internacional.
   Un individuo como éste no merece pertenecer al cuerpo de inspectores de Aviación Civil. Tal vez el Ministerio de Fomento pueda reubicarlo en algún otro departamento, pues siempre es conveniente tener en plantilla a  personajes  esperpénticos  como voceros aeronáuticos, que, con el correspondiente bozal mental,  puedan  ladrar  sin morder. Aunque en este caso, sería harto difícil adecuar este aparato canino a la talla cerebral del individuo.

* Manuel Luis Ramos García es aviador.
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