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CARTAS DE LOS LECTORES
Los nombres de las calles tinerfeñas
No puedo estar de acuerdo con mi muy admirado amigo Evaristo Fuentes (y por extensión, con los comentaristas de Canal 7 del Atlántico que le sirvieron de glosa en su artículo), sobre el tratamiento que se debe dar a la hora de recordar a los dictadores de cualquier pelaje político. No creo que sea de recibo mantener ese estatus basándolo en el simple "argumento fundacional", en lugar de fundamentarlo en razones éticas. Así, en Alemania esta prohibido por ley cualquier recuerdo que glorifique a Hitler y a sus secuaces, y las obras públicas de un Stalin o de un Mussolini son numerosas (baste recordar que este último fue el artífice de la Autoestrada del Sole que cruza toda Italia) y no se les recuerda con calles. Es por ello que me remito a lo que dije hace un par de años, en un artículo que me publicó este rotativo: "¿Es posible imaginar que en la Europa de las doce estrellas, creada bajo la inspiración de la Ilustración, tuviésemos aún que transitar por avenidas llamadas Führer Adolfo, Plaza del Duce Mussolini o Alameda Stalin? Nosotros sí, aún tenemos una hermosa avenida (en el Puerto de la Cruz) que continúa llamándose del Generalísimo. Precisamos, por decencia democrática, dar pasos simples y ejemplarizantes que nos eviten el mal recuerdo de nuestro próximo pasado. A la dictadura basta con tenerla instalada en los libros de Historia para invitar, a través de la enseñanza, al aprendizaje y prevenir así el dolor de un nuevo error. Con las plazas y avenidas, en democracia solo deberíamos honrar a aquellos que acrediten valores intelectuales y cívicos. Nunca a los que glorifiquen currículos ensangrentados. Pero, por fin, este deseo esta a punto de cristalizar en mi pueblo.
Rubén López
Privatizar La Laguna
La privatización es un proceso mediante el cual las actividades son transferidas del sector público al privado, es decir, entregadas por el consistorio a una sociedad mercantil, a través de las fuerzas del mercado y la libre competencia. Las grandes empresas necesitan cada vez más elementos que les proporcionen beneficios, por lo que necesitan encontrar nuevas vías de inversión para aumentar la cuenta de resultados. ¿Dónde mejor que en los servicios públicos? El argumento que esgrimen los políticos, nuestros empleados aunque ellos sean incapaces de reconocer que la finca es nuestra, del pueblo soberano, es que las empresas privadas suelen ser más eficaces y que realizan la labor que debe ser competencia de los funcionarios mejor que éstos, que el funcionariado. El Ayuntamiento lagunero pudiera estar en la línea de lo que ha tiempo ha puesto de moda, cual es privatizar, sin contar con la oposición, todo lo que les viene en gana. Ayer fue la recogida de basuras, también en parte el servicio de agua a domicilio, los jardines, recientemente la centralita telefónica y el servicio de notificaciones. Ahora se rumorea que van a privatizar el recién remodelado Teatro Leal. ¡Dios mío, que sea a una empresa foránea, seria y competente, no vaya a ser que hagan otro enjalmo incompetente como el acaecido con la televisión y la radio! Nosotros entendemos que servicios municipalízados como los polideportivos, locales de cultura, centros juveniles y de la Tercera Edad y de cualquier otro tipo nos lleva, por medio de este democrático periódico, a protestar por las privatizaciones. Esas privatizaciones que ocasionan concesiones a dedo, la mayoría de las veces con resultados de prevaricaciones, tráfico de influencias, tramas de corrupción por doquier. Estimamos que los procesos de gestión privatizados pueden ser tan excelentes como de tan mala y perjudicial solución para el erario público. Cualquiera que se acerque a los aledaños de las gerencias de Urbanismo suele intuir que algo huele raro, que todo aquello que tiende a ser proceloso y que no se ve, pero se nota, ciertos oscuros se aceleran o demoran los trámites. El manual de Perogrullo dice que contra la oscuridad administrativa la mejor receta es mucha luz, claridad, mucha transparencia y las cartas boca arriba, ¡nada de juegos malabares como suelen hacerse! Sabemos que para todos los proyectos de privatización es necesario estén basados en los nuevos recursos tecnológicos y que en la era que nos ha tocado vivir es preciso estar al día y que sea posible que al fragmentar el poder se pueda ayudar a evitar tantos y tantos abusos y corrupciones políticas. No obstante, debemos señalar que los servicios públicos se pueden prestar de muy distinta manera y con diferentes actores siempre y cuando se hagan mediante concursos público, sin chanchullos ni conchabeos, ¡con luz y taquígrafos! Esta fiebre privatizadora que desde hace tiempo le ha entrado al grupo de gobierno del Ayuntamiento de nuestra ciudad les ha llevado a subcontratar servicios que vienen suponiendo para los trabajadores el ganar menos, un 50% menos de lo que recibirían como funcionarios. Últimamente se nos dice que existen rumores de que la Escuela de Música, la OMIC y otras entidades serán privatizadas, así como la gestión del área municipal de Economía, Hacienda y Desarrollo Económico. Visto lo que se oye y se ve, nos planteamos la siguiente pregunta: ¿será mejor prescindir de tanto político y que, reducida la plantilla, sean equipos de tecnócratas los que lleven la Administración? Ustedes dirán: si todo lo privatizan, para qué los tenemos, ¿además excesivamente remunerados?
Fidel Campo Sánchez
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