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RETIRO LO ESCRITO
Rock y Padorno
ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Subimos con Pardellas, Cami y Raquel a escuchar (y sobre todo a ver) el concierto de Ataúd Vacante en La Laguna. Pardellas, que es y hasta ejerce de padre espiritual de la resurrección de la banda nos guiaba con ritual y sonriente parsimonia mientras repartía saludos a los roqueros cuarentones salpicados de canas, arrugas e irónicas sonrisas de expectación. Algunos insultaban al grupo con el brutal cariño de los roqueros con el hígado encallecido y los pulmones grisáceos. Más de mil personas en la Plaza del Cristo para un concierto que no defraudó a nadie. El Silver y sus colegas se dejaron la piel, la voz y el alma en un espectáculo magnífico porque destruyó cualquier atisbo de nostalgia. No creo que a ninguno de los presentes se le antojase contemplar una pieza arqueológica. Vibraron con el concierto como con una experiencia inmediata, como con un baño en el mar, el perfume repentino de un cuerpo amado, un cubata bien cargado o una explosión de risas contagiosas. Como debe ser y siempre será. Yo era (y soy) un señorito al que le gustaba más Palmera y las llaves de la moto y quédate con todo lo demás, y a los de Ataúd, sobre todo en sus primeros y punkosos años, los recibía con precauciones y reservas semipoliciales. Me parecía, resumidamente, que me podrían abrir la cabeza en cualquier momento con una guitarra eléctrica o que Silver, en uno de sus delirios en los que se licua en la música, se me echaría encima desde el escenario para romperme las costillas. Al final fue convocado San Papusio y todos coreamos larga vida a Ataúd Vacante, al rock y a la noche que no sepa de desperdiciar la vida.

Antes y después de Ataúd he estado leyendo el último libro de Manuel Padorno, Edenia, porque la incesante pasión poética de Manolo nos sigue regalando versos después de su muerte, y me he quedado atónito al descubrir que la intensidad artística y la sensualidad expresiva tienen sus secretos vasos comunicantes. El paraíso del poeta fundiéndose en su casa de agua y su hacienda de luz. El rockero desintegrado en su música hasta parir una luz sonora que te deslumbra, te atrapa y te posee gozosamente. Manuel Padorno y Ataúd Vacante, dos experiencias que demuestran que la belleza, la pasión creativa y el entusiasmo por vivir y crecer en libertad en Canarias dependen solo de nosotros. Solo de nosotros.
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