El texto y los hechos
La resolución parlamentaria aprobada el pasado miércoles finaliza así: "El Pleno de este Parlamento, legítimo y representante del pueblo de Canarias y expresión de su libre y democrática voluntad en las urnas, manifiesta su firme rechazo ante los ataques a la unidad de los canarios y la dignidad de la isla de Gran Canaria, y sus ciudadanos, así como a las ideas xenófobas y a la incitación a la subversión del orden constitucional, que reiteradamente se defienden en el editorial del periódico El Día". Resulta difícil, por no decir imposible, eludir tal condena tras lo leído en los editoriales del diario de la competencia durante los últimos meses, incluso años. Si acaso, cabe el reparo sobre lo que se entiende como "subversión del orden constitucional", se supone que en alusión a la pintoresca línea independentista adoptada en los últimos tiempos. ¿Debe el Parlamento condenar el independentismo, o no será mejor combatirlo cada día, dando ejemplo, como el disparate que sin duda es? ¿Es tal dislate condenable?En Cataluña hay un partido independentista; se llama Esquerra Republicana y gobierna con el PSOE. No hay noticias sobre condenas parlamentarias contra la subversión al orden constitucional que Carod y sus chicos perpetran cada día desde hace años. Por otro lado, es objetivamente cierto que la línea editorial del periódico de la Avenida de Buenos Aires fomenta la discordia y ataca gratuitamente a la isla de Gran Canaria y sus ciudadanos, irritando de paso a una mayoría de tinerfeños, incluidos los profesionales del propio diario. Un aviso al respecto, señorías: el listón ha quedado muy alto. ¿Se condenarán en el futuro los ejercicios de pleitismo a los que, en soflamas liberadas de delirios pero inequívocamente divisivas, tan aficionados son los dos diarios grancanarios? Den por seguro que esta puerta, una vez abierta, será cerrada a cal y canto por los mismos que abrieron el proceso.
Algunos precedentes
Aquí en DIARIO DE AVISOS mantenemos un viejo contencioso con el propietario y director del periódico de la competencia; perdón, queremos decir con sus contenidos editoriales. El muy distinto enfoque sobre la realidad de esta provincia y el Archipiélago en su conjunto nos ha costado, por cierto, una ocasional catarata de velados insultos, una cuestión que asumimos gustosamente en la medida que, al parecer, entendemos de un modo muy distinto el oficio y contemplamos de forma opuesta la realidad que compartimos. En el decano tenemos claro que servimos a la sociedad canaria que ya existe, y en la acera vecina hay quien pretende acomodar la realidad a su propia visión. Esta dinámica se repite desde hace años, y nunca ha motivado iniciativa alguna en las instituciones públicas y los partidos políticos. Hubo silencio, por ejemplo, en la primavera de 2006, cuando el rotativo competidor despachó varios editoriales de tono agresivo en relación al fenómeno de la inmigración. El asunto no llegó al Parlamento, ni mucho menos, pese a la objetiva gravedad de ciertos alegatos. El periódico incluso patrocinó una ruidosa y fallida manifestación "contra la inmigración", genérica e irresponsablemente. Pero como sufridores del sonsonete, también tenemos claro que otras razones, políticas y mediáticas, amparan una estrategia que ha encontrado su colofón en la declaración institucional leída el pasado miércoles en el Parlamento. Y esas razones, claro está, priman sobre los supuestos cantos a la unidad entre los canarios y el respeto al juego limpio en la comunicación. Son valores que compartimos, qué duda cabe, y por eso no los convertimos en metralla partidaria ni objeto de negocio periodístico. En eso admitimos la distancia que nos separa no sólo del otro diario tinerfeño, sino también de los dos rotativos grancanarios, como inspiradores de la declaración.
¿Quién saca partido?
"Un gran día", titulaba ayer, enfáticamente, a toda plana, un periódico grancanario. Sin duda lo fue para el editor y director del diario de la Avenida de Buenos Aires, convertido en protagonista de la sesión parlamentaria. Y bien lo ha empezado a aprovechar desde ayer mismo, con un enfoque cargado de demagogia, pero también de astucia. Un individuo cuyos puntos de vista no son secundados por casi nadie en Tenerife, incluyendo a sus propios colaboradores, tras la declaración parlamentaria se permite ocupar la posición idónea para un hombre poderoso; nos referimos, obviamente, a la de víctima. Para el rotativo de la competencia todo se resume en una conspiración contra la libertad de expresión -la suya, sin duda desenfocada e irrespetuosa- que les cae nada menos que por esa misión sacrosanta que, hipócritamente, se atribuyen: "la defensa de Tenerife". Lo tienen fácil porque sus fustigadores han demostrado con creces su habilidad para exprimir el pleito insular como herramienta para impulsar la polémica y, por supuesto, también las ventas. Razones políticas y de mercado se mezclan con llamamientos a la necesaria unidad entre los canarios, como si este atributo, para algunos de quita y pon, pudiera ser monopolizado desde una cabecera. Los periódicos grancanarios podrán combatir el pleitismo cuanto quieran; están en su libertad de hacerlo, y nos sumamos si esa es -si fuera- la intención. Les explicaremos nuestro punto de vista: el pleito anida en ambas orillas, y es nuestra responsabilidad ponerle coto primero en casa, no atribuyendo todos los males a la isla vecina. Esta elemental prueba del algodón no la supera ninguno de los promotores y destinatarios de esta polémica viciada por todos lados. Contra el pleito, pleitismo puro y duro y más crispación. Curiosa receta sobre la convivencia.
Ganadores políticos
El Partido Socialista Canario-PSOE ha ejecutado la maniobra con indudable astucia. Tiene todas las cartas ganadoras de esta insufrible partida. Ha obtenido una declaración del Parlamento de Canarias perfectamente coherente con su tesis, la del combate explícito a una línea editorial desnortada, pero que además no pasa de la página 5, porque, superado ese folio, lo curioso es que las siglas socialistas reciben un tratamiento óptimo en las páginas del rotativo de la competencia. Es algo natural, dada la profesionalidad de la plantilla que se deja las pestañas a base de horas en Buenos Aires. Los dirigentes socialistas hacen declaraciones en ese medio con toda naturalidad, y cumplimentan a su propietario sin obstáculo alguno, sin reparar en que, al menos sobre el papel, deberían renegar del mismo por xenófobo, divisionista e independentista. El mismo Juan Fernando López Aguilar se explaya en la radio del mismo grupo con profusión, en lo que puede definirse como una útil argucia o una mascarada total. Nada hace prever un cambio en este decorado.
El silencio no es rentable
Los dirigentes de Coalición Canaria llevan demasiado tiempo mirando para otro lado ante los excesos editoriales del periódico competidor. Tanto, que cuando se han retratado lo han hecho de la peor forma, llevados por la iniciativa de otros, más concretamente del partido político adversario y de un grupo de comunicación grancanario que quiere pasar factura por decisiones en el ámbito audiovisual, una cuestión que, como resulta obvio, nada tiene que ver con la defensa de la concordia entre los canarios. Que nadie espere un frenazo a la agresividad dialéctica tras esta declaración solemne; que nadie lo tome, como se ha definido de modo hipócrita, como el antes y el después hacia un futuro reparador. Sea como fuere, CC ha hecho méritos para sufrir el fuego cruzado, porque lleva meses, años, una eternidad, silenciando o incluso amparando los desatinos del periódico competidor. El saldo de tantos parabienes, medallas y homenajes, la tolerancia hacia la intolerancia, ha producido unos resultados ya comprobados. El nacionalismo canario ha callado mientras se atacaba un concepto esencial para todo nacionalismo, la cohesión y la convivencia entre las islas más allá de una sana competecia que anime el progreso común. Su pecado, de omisión en este caso, deja a CC en una posición casi indefendible, contaminada por una línea editorial ajena y extremista, y además atacada con saña, con razones oportunistas, falsas pero verosímiles, por la oposición y los medios hostiles. Si no estamos asistiendo al desplome del nacionalismo canario como fuerza con vocación de mayoría social e implantación sólida en las siete islas, se le parece bastante. Dirigentes tinerfeños y palmeros de CC salieron ayer a la palestra radiofónica para desmarcarse del acuerdo parlamentario; pero es un alegato que llega tarde, porque en tal estado de cosas sus palabras parecen a su vez un refrendo a las posiciones extremistas. Porque así, además, lo van a interpretar en cierto despacho de la Avenida de Buenos Aires, como han hecho con las tibiezas del pasado, que fueron tomadas como apoyos implícitos a los editoriales.
Y un detalle sintomático
Además, el Parlamento de Canarias aprobó el miércoles una declaración de condolencia por las víctimas del accidente aéreo de Barajas, con 154 fallecidos, 72 de ellos canarios. Más allá de la pertinencia o no de mezclar ambos asuntos en el orden del día de un pleno de la Cámara, hay un dato esclarecedor: la condena a El Día sale a toda plana en ambos periódicos grancanarios, que ignoran el otro documento. El muerto al hoyo y el vivo al bollo, dicen.