Un antropólogo defiende que el poblado de Candelaria es "ejemplo de una cultura popular viva"
ESAÚ HERNÁNDEZ
CANDELARIA
Muchas de las expresiones autóctonas que aparecen hoy en los diccionarios de canarismos, surgieron porque la necesidad y el desconocimiento convivieron en un tiempo para los canarios en el que lo principal era encontrar el sustento, no había momento para aprender a leer o escribir, así que la doña o señora se convirtió en "seña" (aunque en algunas zonas como Candelaria se utilizaba el "cha") y el don o señor en "cho". Otros lingüistas amplían el campo a "muchacho" y "muchacha", que quedó en "chacho", "chacha"
"cho", "cha"
La cosa se simplificó aún más con nombres difíciles de pronunciar: Víctor dio Vito.
En 1900, Cho Ambrosio Torres, un pescador conocido como Perra Chica, vivía en una cueva en la playa donde se refugiaba con su barca. Víctor Rodríguez Torres apareció después. Cho Vito - el hombre que dio nombre al poblado costero de Candelaria- era, además, cabrero. En verano, cuando escaseaba el alimento, bajaba a la costa a pescar.
Pescadores y trueque
Sin embargo, según cuenta Manuel García Alonso, un historiador premiado esta semana por el Centro de Iniciativas Turísticas de Candelaria, que vivió decenas de veranos en esa playa, asegura que antaño se intercambiaban productos del mar por los de la tierra y viceversa.
Cho Vito no fue el primero, pero sí el que más se hizo notar: suya es la casa más antigua del poblado marinero. Aún así, quedan en este barrio algunos vecinos con el mote de su abuelo "los Perra Chica"
Los barcos llegaban a Cho Vito y las mujeres esperaban con sus cestas para guardar el pescado y taparlo con musgo para mantenerlo fresco para su venta. Una vez repartido entre las familias se vendía o se cambiaba por productos de la tierra.
"Está en servidumbre del dominio público marítimo terrestre así que también la tiran", sollozó la bisnieta de Cho Vito, Carlota, el pasado viernes, una hora antes de que casi se desmayase al enterarse que la juez había suspendido "provisionalmente" - al menos hasta la reunión con las partes que se celebra mañana- el derribo de la casa de David, el tataranieto de Cho Vito, su hijo. Algunos creen que los guanches ya moraban en esta costa pues en las cuevas se han descubierto anzuelos de huesos o cuernos de animales que utilizaban los ancestros para la pesca. María de los Ángeles y Miguel -le delata su gorra serigrafiada con su nombre y su apodo: "El Moro"- llevan desde 1958 en Cho Vito. Él estuvo 19 años trabajando en África y venía cada 15 días. "Todos mis hijos nacieron aquí, mis nietos también", se lamenta ella sentada junto a él a la sombra de una fachada.
Un agravio con Radazul
La experiencia le ha obligado a ella a ternerlo muy claro: "Los pobres, cuando nacemos, tenemos que cortarnos la cabeza pa que la gente rica viva". Él pone como ejemplo lo que ha ocurrido en Radazul: "Tiraron la montaña abajo, lo empecharon todo; Costas permitió 100 metros pa’ fuera para hacer esos edificios". "Y no sólo eso", cuenta María de los Ángeles que "los chaleses que están aquí detrás no se podían hacer, el terreno era del dueño del primero que se hizo; se lo vendió a un jefe de Costas e hicieron los demás".
Recuerda que se casó hace quince años y que su suegro tenía la cueva que llaman la del Mosquero (por la cantidad de moscas que había). Trabajaba en la central de Unelco en Las Caletillas, que rodea a Cho Vito. Incluso sus tanques está más cerca del mar que el poblado. Cuando terminaron de hacerla le dieron la cueva a mi suegro y fue el primero que tuvo agua aquí. "Después mi marido y yo hicimos una casa al lado", relata.
Costas no ve valores
La Subdirección General de la Sostenibilidad de la Costa concluye que "no existe un solo indicio que permita relacionar a los ocupantes actuales de la playa del Chovito con un poblado marinero ni se demuestra la existencia de valores etnográficos [...] que permitan reconsiderar la obligación de recuperar el uso público del dominio público marítimo terrestre".
"¡¿Qué esto no tiene valor histórico?!". El Moro se indigna: "En esa casa, la de las ventanas verdes vivió uno que era el pescador, Vito, y murió; luego quedó el hijo, el nieto, la bisnieta y el tataranieto" .
Su tatarabuelo tenía sus instrumentos de pesca en una cueva y David Castellano también tiene sus herramientas de trabajo en una. Es disk jockey y sus platos y cedés descansan dentro de la montaña y es que, la mayoría de las casas de Cho Vito se parecen mucho a las de sus ancestros. David está en Londres estos días comprando material para poder abrirse camino en el difícil mundo de la música pero antes de irse, al enterarse de que le iban a tirar la casa, dejó un rastro de su indignación en los armarios cuando vino la Policía: la madera partida a puñetazos, según relata su madre mientras enseña a la casa los periodistas.
A David y a su novia de entonces le dieron dos subvenciones del Gobierno de Canarias para la compra de su primera vivienda, hace unos tres años; tenía hipoteca hasta que lo dejó con la novia y no la pudo seguir pagando así que los padres malvendieron un pequeño terreno para poder pagarla. "Si la tiran tiene todo dentro y es con lo que vive", advierte Carlota.
Primera y única vivienda
"El alcalde, que lo conozco desde que era chico, me decía: coño, lo de tu hijo es una pena porque él sí que lo tiene todo en orden, a ver si lo arreglamos
pero ahora viene una lista con seis y él no está", como tampoco otros vecinos que tiene su única morada en la playa, como intentarán demostrar ante la juez mañana. Kiko tiene en Cho Vito su única vivienda, su balcón da al mar, justo debajo la virgen del Carmen, patrona de los marineros. No puede evitar que se le escapen las lágrimas recordando su infancia junto a su amiga Montse y la hermana, Desireé.
El valor etnográfico
De momento, y hasta mañana, en Cho Vito no se tira nada, según ha ordenado la juez. A las 10.00 horas, los vecinos se reunirán con la magistrada y Costas para presentar de nuevo toda la documentación. Desde los documentos del castastro que datan a viviendas en los años 50, antes de la Ley de Costas de 1988, impuestos y papeles que demuestran que al menos otras cinco casas son la única vivienda de sus moradores. También aportarán un estudio de 29 folios del profesor de Antropología Social de la Universidad de La Laguna, Fernando Estévez, titulado: Cho Vito: del sentido del Lugar, al sin-sentido de su destrucción. El profesor reconoce al poblado "como manifestación de la cultura popular" y explica que el rechazo de los "sectores de la élite pública y privada" se debe a que no responde a sus patrones estéticos "de clase media de la que forman parte el grueso de los especialistas en planificación territorial y urbana, así como los expertos en patrimonio cultural". Para este experto, los valores históricos y socioeconómicos de Cho Vito "acreditan el conjunto etnográfico", en contra de lo manifestado por Costas, es más, advierte "que no protegerlo supondría la injustificada desaparición de una especialmente distintiva muestra de la cultura popular viva" y "un acto de crueldad moral".
Una manera de ser
Además el profesor recalca que Cho Vito no sólo debe salvarse sino convertirse "en un modelo a respetar", una "manera de ser isleño" que se podría trasladar a otros rincones en peligro, Bajo La Cuesta, Anaga, El Remo en La Palma
Mañana, se podría saber si el recuerdo de Víctor, el famoso pescador y su herencia, un poblado "ejemplo", sucumbe a la Ley de Costas o si por el contrario todos los afectados ganan una primera batalla.