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DERRIBOS EN LA COSTA DE CANDELARIA - EL ANÁLISIS
La agonía
CARLOS A. SCHWARTZ

El desalojo e inicio del derribo de las casas en el poblado marinero de Cho Vito deparó ayer escenas de enorme dramatismo. Los vecinos expusieron su disgusto. / fran pallero - sergio méndez
Al final, y después de muchos años de lucha, los vecinos de Cho Vito han perdido la batalla. Es probable que para algunos sea una jornada feliz porque finalmente se ha aplicado la ley, pero para otros, entre los que me cuento, hoy es un día triste. Cho Vito es un lugar diferente: un lugar, en palabras del profesor Fernando Estévez, fuera de lugar. Esa era su singularidad y probablemente la causa de su actual agonía y de su inmediata muerte. Estos últimos días he seguido con mucho interés las noticias que rodeaban a este pequeño núcleo de Candelaria, y he vuelto a leer las mismas arbitrariedades. He aquí una de ellas, difundida por el Ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino: "Una vez analizados todos los informes y respetados todos los plazos que la legalidad exige, la Subdirección General de Sostenibilidad de la Costa llega a la conclusión de que no existe un solo indicio que permita relacionar a los ocupantes actuales de la playa de Cho Vito con un poblado marinero, ni se demuestra la existencia de valores etnográficos, ni siquiera se concreta algún tipo de valores, ni se recopila información documental alguna sobre dichas construcciones que permitan reconsiderar la obligación de recuperar el uso público del dominio público marítimo terrestre para hacerlo accesible a todos los ciudadanos de forma libre, pública y gratuita, como establece la Ley de Costas". Mejor no citar algunas otras actuaciones y omisiones de Costas, cercanas y sangrantes, para confirmar que este es un ejercicio de cinismo. Me cuesta creer que alguien de esa Subdirección General haya visitado Cho Vito, porque no hay que tener mucha sensibilidad para confirmar que sus valores etnográficos y urbanos y sus singularidades arquitectónicas son indiscutibles, y el que lo ha visitado lo sabe. Esas edificaciones han estado ahí muchos años antes de que se promulgara la Ley de Costas y tienen sus escrituras de propiedad, y por tanto carece de sentido la afirmación de "recuperar el uso público del dominio público marítimo terrestre", un concepto inexistente cuando se construyó Cho Vito. La Administración de Costas ha hecho exactamente lo contrario de lo que pregona, es decir, ocupar el suelo privado atendiendo a un supuesto interés público que aún está por ver. Y lo ha hecho con procedimientos verdaderamente chocantes, desplegando policías, guardias civiles y vehículos en una amplísima zona, impidiendo el paso a ciudadanos por lugares públicos e incluso sustrayendo su videocámara a una vecina del lugar que curioseaba por los alrededores con el estrambótico razonamiento de que "está prohibido filmar vehículos de las fuerzas de seguridad". Eso sí, le han garantizado que puede recoger su videocámara en alguna dependencia de Candelaria, aunque antes tendrán buen cuidado en demoler todas las imágenes grabadas por la vecina. Todo sea por la seguridad.

Es evidente que no ha existido voluntad de conservar Cho Vito ni por parte de la administración estatal ni de la municipal. Todo aquel que tenga interés en este asunto puede personarse en la Demarcación de Costas y por un módico precio obtendrá un plano de Candelaria en el que se incluye la línea del deslinde marítimo terrestre, es decir, aquella que separa el dominio público del que no lo es, para comprobar la arbitrariedad de su trazado. No se entiende por qué discurre paralelo a la costa y al llegar a Cho Vito se separa sin razón aparente. Si hubiese habido voluntad de conservarlo, hubiera bastado con modificar la línea del deslinde y hacerla pasar por el pequeño acantilado sobre el que se asienta el poblado, que es el límite de la ribera del mar tal como se define en la Ley de Costas. El trazado de esa línea es un acto meramente administrativo pero también muy arbitrario. Sólo hay que solicitar el deslinde del barrio de Punta Brava, en el Puerto de la Cruz y observar cómo la línea del deslinde marítimo está justamente por fuera de las edificaciones y en el borde del mar para ponerlo de manifiesto. Ayer escuchaba algunas declaraciones del alcalde de Candelaria, y de la ambigüedad de sus palabras deduje que la permanencia de Cho Vito le importa un pimiento. Uno de sus argumentos era que para salvarlo sería necesario modificar la Ley de Costas. Yo creo que no había que ir tan lejos: bastaba con modificar una línea, como ya he dicho. Lo que ha faltado es voluntad municipal para defender un lugar diferente. En su informe "Cho Vito. Del sentido del lugar al sin sentido de su destrucción" el profesor Fernando Estévez lo ha dicho bien claro: "¿Qué representa un enclave como Cho Vito a la luz de la Ley de Costas? Aparte de las presiones socioeconómicas y urbanísticas a las que están sometidas todas las costas, es necesario no olvidar los elementos culturales que subyacen en las concepciones de la vida social en la que se inspira dicha Ley. Así, para la ideología dominante sobre el territorio y su gestión, basada en la higienización y en la uniformización del paisaje a partir de determinados juicios estéticos, la forma de vida de las gentes de Cho Vito, expresada primariamente por sus viviendas, es vista como la antítesis de los valores sociales considerados respetables".

Repito lo que hace algún tiempo escribí en este mismo periódico: "Los núcleos edificados nacen en un lugar por determinadas razones y se configuran a lo largo del tiempo. Y las leyes deberían aspirar a ordenar los desajustes que se producen en ese crecimiento, pero no hacer tabla rasa de lo que la historia ha conformado. ¿A qué viene este nuevo fenómeno que yo califico de "síndrome del paseo marítimo"? ¿Es que los núcleos que no siguen ese modelo deben ser inevitablemente sacrificados? Justificar la demolición de Cho Vito, por ejemplo, para construir un paseo marítimo, me parece verdaderamente ridículo. A menos que se quiera diseñar una elegante atalaya que nos permita deleitarnos en la contemplación de la central eléctrica que Unelco tiene en Las Caletillas, y que está justo al lado".

Ayer, desgraciadamente, hemos dado otro paso para disponer de esa elegante atalaya.
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