Los vecinos de San Andrés contradicen a Costas sobre el deslinde de Las Teresitas
Los mayores testimonian que el mar llegaba a inundar el campo de fútbol y el delta del barranco
VICENTE PÉREZ SANTA CRUZ
La Ley de Costas establece desde 1988 que la línea de deslinde público marítimo terrestre debe fijarse "hasta donde alcanzan las olas en los mayores temporales conocidos". En San Andrés, algunos ancianos recuerdan cómo el agua "con las mareas largas" inundaba gran parte del delta de los barrancos del Cercado y Las Huertas, en lo que a partir de 1940 sería el campo de fútbol y, desde 2007, el edificio de aparcamientos y locales comerciales construido por el Ayuntamiento.
Los mayores del barrio también evocan cómo el oleaje inundaba la mitad del estadio -desaparecido hace unos años para llevar a cabo el proyecto de reordenación de Las Teresitas- e incluso algún testimonio recogido por este diario apunta a que en algún temporal de mar de fondo el agua mojaba todo el terreno de juego.
Este tramo del litoral santacrucero está pendiente de un nuevo deslinde público, cuyo expediente comenzó a tramitarse en 2001, y que la Dirección General de Costas está a punto de resolver con una propuesta que deja fuera de esta franja pública el edificio de aparcamientos y locales comerciales, cuyas obras están paralizadas porque este organismo público declina autorizar la ejecución del proyecto en dominio público.
Salvador Martín, de 80 años, que fue durante 20 años pescador y durante otros 30 trabajador del Puerto, recuerda como de niño "desde el cementerio hasta el Castillo todo era a veces una charca, metíamos los barcos de juguete hechos de palma y llegaban navegando desde el cementerio hasta el Castillo". Este vecino de San Andrés -antaño gran aficionado al fútbol pero que ha perdido la afición "porque hay mucha sinvergüencería"- confirma que "el campo se llegaba a llenar todo con las mareas, y el oleaje llegaba alguna vez a chingar el muro del cementerio". Es más, Salvador destaca que "cuando había marejada el agua subía hasta la plaza de la iglesia, y una vez tuvimos que refugiar allí los barcos". Que mar y fútbol andaban a veces de la mano lo atestigua también Santiago Hernández (80 años), que tiene el carné de socio número 1 del C.D. San Andrés. "Antes del campo toda esa zona se inundaba por el oleaje, y luego, ya hecho el campo, el agua llegaba a la mitad; no así al cementerio, porque estaba más alto", relata este hombre con un punto de nostalgia y de brillor en los ojos cuando se le pregunta por el viejo estadio y sus tardes de gloria. "Me acuerdo de muchos grandes jugadores: Calele, de cuando yo era niño, Rosendo, El Mutilado...", comenta Santiago.
Su hermano Francisco , de 69 años, también gran amante del fútbol (tiene el carné de socio número 21 del equipo del barrio), cuenta cómo "se llegaban a suspender partidos porque estaba inundado el campo, a veces hasta la mitad, sobre todo con tiempo sur, incluso se llenaba dos o tres de metros de callaos; yo mismo iba a limpiarlos". Rebuscando en la memoria, Francisco apunta que "en San Andrés todos los niños iban a jugar al campo, por eso salieron tan buenos futbolistas; a fines de los años 70 el equipo estuvo tres temporadas en la entonces Tercera División Nacional, jugando con clubes de la Península".
El actual presidente del C.D. San Andrés, Zenón Hernández, corrobora que "cada par de semanas se inundaba el campo, hasta poco menos de la mitad; teníamos que meter barras para abrir huecos y que se filtrara el agua por el drenaje; se llegaron a suspender muchos partidos por el oleaje;pero con mar de fondo el agua pasaba de la mitad del campo".
Hernández explica que el estadio se construyó en 1940, con Jerónimo Martín de presidente del equipo, y que para ello fue necesario allanar el terreno original, que había quedado lleno de socavones por las extracciones de arena vendida para la construcción. De esta preparación del terreno queda constancia en una foto expuesta en el antiguo cine del barrio, sede del C.D. San Andrés, en las que se aprecia a vecinos del barrio allanando escombros.
Ninguno de estos testimonios coincide con los criterios del estudio técnico que Costas encargó para fijar el nuevo deslinde, cuya línea propuesta pasa mucho más adelantada del lugar adonde, según los vecinos, llegaba el mar entre el cementerio y el castillo.
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