ESAÚ HERNÁNDEZ
CANDELARIA
Y tú por qué haces esto?", pregunta una de las niñas de Cho Vito al guardia de seguridad apostado en la única entrada para controlar el paso al poblado marinero, en demolición por la Dirección General de Costas para recuperar el dominio público marítimo terrestre. Él contesta con el cariño y la condescendencia que suelen tener los mayores: "Esto no es agradable, si pudiera negarme...pero me pueden echar y tengo que dar de comer a mi familia también".
Antes de la manifestación a la que ayer asistieron 500 personas para rechazar el derribo del poblado muchos recordaban al operario de la excavadora que, el primer día de derribo tiró las llaves y se negó a seguir: "Lo echaron, pero como a un palista no le falta trabajo con tanta obra, enseguida lo contrató otra empresa", explicaron mientras el guardia de seguridad seguía con el control en ya la única entrada al poblado: "Antes de entrar les tengo que informar de que es zona de obra y deberán hacer caso a la señalización además de poner en esta lista su nombre, D.N.I y firmar". Pero los papeles con el escudo del Ministerio de Medio Ambiente y la Dirección General de Costas no tenián espacio para tanto interesado, y el guardia estaba desbordado.
Las puertas están entreabiertas desde el jueves, un día después de la denuncia presentada en el cuartel de la Guardia Civil por Montse, una vecina que exigía su derecho a recibir visitas en su casa, sin orden de derribo. Este diario publicó el miércoles que, aun paradas las obras hasta que no se demostrara que se realizaban con seguridad, se impedía la entrada a los medios de comunicación, una medida anticonstitucional. Ahora, un sentimiento que se balancea entre el morbo y el respeto por la lucha de un poblado cuyo nombre, bien o mal escrito, resuena en los medios de comunicación, ha convertido la zona en "museo de los horrores". Para Marta, una de las vecinas, Cho Vito se parece con este tour para curiosos y solidarios, "a un circo". Lo que le preocupa son las grietas que están saliendo en la cueva de su casa. Costas ha asegurado que, a partir de ahora, después de que Montse, otra vecina, denunciara en el cuartel grietas en su casa tras tirar la vivienda aledaña, no se tirarán las edificaciones colindantes con las que no tienen orden de derribo, pero los abogados sostienen que la demolición no tiene ni permiso de obra, ni estudio de impacto medioambiental, ni informe de seguridad, algo que podría resolverse a partir de mañana en los juzgados.
Ya son una decena las viviendas que Costas reconoce como única residencia y no sólo las seis que el lunes se iban a derribar, aunque una de ellas cayó el martes pese a tener el indulto.
Mientras, las ruinas del poblado se han convertido en lugar de peregrinación, la primera oportunidad para muchos de llorar ante el pueblo de su infancia agarrados a la verja si las fuerzas les permitían no desfallecer o de persinarse por lo que pueda pasar en un futuro, como Concepción y Domingo, una madura pareja de la Caleta de Agache (Güímar), también en riesgo por la Ley de Costas: "Hay que estar con ellos, mañana nos puede tocar a nosotros". No son los únicos que piensan en lo mismo, los vecinos de El Caletón (La Matanza) llevaban el nombre de su zona en sus camisas, mientras se afanaban en colgar las pancartas que decoraron la protesta. Muchos de los asistentes mostraban unas hojas con la portada del miércoles en este diario ("Derribo dramático") y un mensaje: "En el Cho Vito, la Constitución Española, hecha añicos".
El consejero de Medio Ambiente del Cabildo, Wladimiro Rodríguez Brito, se atrevió a secundar la protesta y aguantó gritos de "traidor" o "mándate una papa, aquí no pintas nada", unas expresiones que lograron ahogar los vecinos pidiendo respeto para no perder "la dignidad ganada".
Hubo para todos
Rodríguez Brito aseguró que "el Cabildo ha planteado en todo momento el tener esto protegido pero las costas no se deciden aquí sino en Madrid y aquí estoy porque soy un ciudadano libre y me siento humillado por esto". El abogado de Justicia y Sociedad, José Pérez Ventura, ha declarado que el Cabildo "podría haber promovido la declaración del poblado como conjunto de interés etnográfico", tal y como propuso, en un estudio solicitado por el Ayuntamiento de Candelaria, el profesor de Antropología Social de la Universidad de La Laguna, Fernando Estévez.
Pérez Ventura señala que el Gobierno canario también podría haber iniciado un expediente para declarar Cho Vito Bien de Interés Cultural (BIC) y hubiera paralizado el derribo. Costas, sin embargo, no vio ningún interés etnográfico en este caserío y ganó en los tribunales el litigio. La consejera insular de Planificación, Pino de León, negó ayer "con contundencia" que el Cabildo esté "detrás de ningún puerto en Cho Vito" y aclaró que el Plan Insular de Ordenación sólo establece que este lugar "tiene condiciones para albergar un puerto, pero si alguna administración quiere hacerlo no es el Cabildo, sino la Dirección General de Puertos del Gobierno canario". Además el Plan General de Ordenación de Candelaria prevé, detrás de Cho Vito, la construcción de 15 viviendas fuera de dominio público y zona de servidumbre. En medio del posible puerto y esa zona residencial, Costas construirá un paseo marítimo de acceso público.
Antonio Alonso, uno de los portavoces leyó un comunicado en el que se exigía la dimisión del alcalde, Gumersindo García, y su destitución del PSC pero también le dedicó palabras a la delegada del Gobierno: "Carolina, hija, el otro día escuché que justificabas el acoso a los vecinos de Cho Vito por tierra mar y aire porque tus servicios de inteligencia habían dicho que había elementos subversivos entre 500 y 2.500... ¡y se encontraron con la nobleza de un pueblo que seguirá luchando!".
El alma mater de la protesta, Tomás González, recordó que "el presidente del Gobierno de Canarias decía que era el gobierno de las personas... ¡Menos de las de Cho Vito; usted tenía que parar el atropello al territorio de todos los canarios!. Si Cho Vito sirvió para que no vuelva a ocurrir esto en la costa, nos sentiremos orgullosos".