RETIRO LO ESCRITO
Ni un duro
ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ
Circula un insistente rumor según el cual el Gobierno regional se vio en dificultades técnico-financieras para pagar la última nómina a funcionarios y personal laboral. En el caso de los ayuntamientos no se trata de rumores más o menos verosímiles: antes de fin de año media docena de corporaciones tinerfeñas tendrán los mismos problemas para abonar a sus plantillas y hacer frente a sus proveedores que los ya anunciados por Agüímes, La Aldea o Agaete en Gran Canaria. Los ayuntamientos canarios no solo sufren la tesitura de devolver -que ya se verá cómo y cuándo- decenas de millones de euros a la Consejería de Economía y Hacienda, sino que les espera una disminución brutal de sus ingresos en las transferencias de los impuestos del REF. Hasta el teniente alcalde del Ayuntamiento de Santa Cruz y ex futuro presidente del PP de Tenerife, Ángel Llanos, ha advertido que habrá que recortar el presupuesto de los próximos carnavales, lo que en su boca festivalera, que solo disfruta chupando confetti, se antoja un presagio apocalíptico. Igual nos quedamos en 2009 sin representación callejera de la Gesta del 25 de Julio o Maribel Oñate nos deja a los malvados ingleses en calzoncillos y a los heroicos chicharreros defendiendo a la Muy Noble e Invicta a tonique limpio. Puestos a espectacularizar la historia con un mínimo coste, ¿por qué no representar que Nelson se quedó manco por el feroz mordisco de un valiente pescador de Añaza?
En este sombrío panorama financiero el viceconsejero de Cultura y Deportes, Alberto Delgado, ha tenido al menos la gallardía de expresar su malestar por el recorte presupuestario de su departamento. Los 85 millones de euros del presente año se verán reducidos a 45 millones en el ejercicio de 2009. A Delgado le asiste toda la razón al señalar, indignado, el retroceso que supone este mazazo a una estrategia política articulada en el último lustro, con la promesa del 2% de los presupuestos generales para inversión en cultura incluida y ahora olvidada. La gestión cultural se sigue considerando una martingala ornamental y no se repara en que la cultura es un sector productivo en cuyo seno se insertan otras posibilidades de desarrollo económico, empresarial y profesional. Más talento y menos cemento, dice el eslogan presidencial. Quizás se refiera a que los hoteles de piedra maciza son más bonitos.
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