TINERFE FUMERO
LAS PALMAS
La esperada autocrítica de los compromisarios del IV Congreso de Coalición Canaria (CC) se tradujo, como se temía, en un serio desplante a la Presidencia de José Torres Stinga, cuyo informe de gestión fue aprobado en la sesión inaugural de ayer por un paupérrimo 47% de los votos. Sólo la abstención de la organización de CC en Gran Canaria evitó la derrota auspiciada por palmeros y herreños. En total, de los 993 votos emitidos sólo 470 fueron afirmativos, por 212 negativos y 314 abstenciones. Especial gravedad adquiere para las aspiraciones de reelección de Torres Stinga el hecho de que no alcanzara ni la mitad de los votos, ya que un alineamiento de herreños y palmeros en favor del candidato alternativo, el grancanario Manuel Lobo, lo aboca a, en el peor de los casos, una ajustadísima victoria.
Mereció la pena esperar hora y media para este llamativo arranque de la esperada cita congresual de la principal fuerza nacionalista de Canarias, ya que fue el momento de escenificar la anunciada autocrítica que -todos coinciden- se merece este partido. Tras la elección de la Mesa, presidida por la gomera María Esther Hernández, la bienvenida del grancanario Fernando Bañolas dio paso a la intervención del actual presidente.
Torres Stinga fue duro con su propia gestión, al extremo de hacer suyas algunas de las peores invectivas de los adversarios de CC. No es habitual que el presidente de un partido diga que éste presenta claros síntomas de agotamiento, o que está falto de credibilidad política. Pero curiosamente justificó los reveses electorales con la escisión de Nueva Canarias, y amenazó a los versos sueltos "que se autoproclaman para puestos de responsabilidad sin escuchar antes a las bases". Aunque su discurso remontó al final, su público no estuvo por la aclamación.
Tras Stinga llegó el turno de los presidentes insulares. Abrió el fuego -nunca mejor dicho- el herreño Miguel Ángel Machín, con mucho el más crítico de los coalicioneros. Machín se quejó sin tapujos de la dirección de CC, y aclaró que hay opciones para organizar el partido: uno vertical y victimista, otro horinzotal y coherente. El herreño recuperó el viejo debate del insularismo, alabando sin citarlo el antiguo esquema de las extintas AIC y sus "líderes insulares fuertes". Para Machín no hay duda de que, o se produce un cambio real en este congreso, o su partido perderá el poder autonómico y quizás el insular.
La intervención del majorero Víctor Acosta supuso un alivio para la dirección actual de CC, porque su autocrítica -"¡Cambiemos el rumbo, estamos a tiempo!"- no le impidió respaldar la gestión de Torres Stinga. Después de la grancanaria María del Mar Julios llegó el gomero Cándido Hernández, quien dio libertad de voto no sin antes insistir en la "necesaria redefinición" de CC. Como era de esperar, el lanzaroteño Mario Pérez entendió suficiente el autocastigo de Torres Stinga y lo apoyó.
Castro: sí pero no.
El palmero Antonio Castro demostró una vez más su habilidad política. Anunció su negativa a la gestión de Torres Stinga a la par de su convencimiento de que iba a ganar el sí. Hizo un sutil canto al insularismo y descartó ambiciones personales - "no busco nada"- El mejor momento llegó cuando se preguntó a sí mismo: "Antonio, ¿subes o bajas?", para responderse: "Antonio ni sube ni baja, Antonio hace lo que quiere La Palma".
Tras la intervención del tinerfeño Javier González Ortiz, que tambien fue autocrítico pero recordó la fortaleza de CC en Tenerife, llamó la atención las palabras del venezolano José Mora, que tildó de infantil a los insularistas. El aprobado por los pelos para la gestión de Stinga puso el colofón.