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RAMÓN TRUJILLO *
El fraude contra la izquierda en el sistema electoral español

La democracia española practica el fraude contra la izquierda estatal con programa de izquierdas, es decir, Izquierda Unida. En las últimas elecciones generales a IU cada diputado le costó 484.935 votos, al PSOE 66.797 y al PP 66.739. Si al PSOE y al PP cada escaño le hubiera requerido los mismos votos que a IU, habrían obtenido 23 y 21 escaños respectivamente, en vez de 169 y 154. ¿Imaginan la que armaría cualquiera de esos dos partidos si fueran objeto del fraude que ellos perpetran contra IU?

Da igual lo que haga IU porque sus potenciales votantes saben que, si le dan su confianza, habrán emitido un voto liliputiense. Por ello, y dado que mucha gente vota más contra lo que teme que a favor de lo que desea, en la última cita electoral cientos de miles de personas votaron al PSOE para rechazar a Mariano Rajoy, sabiendo que si votaban a IU quedarían infrarrepresentados. Esta realidad la puso de manifiesto, el pasado mes de julio, la extrapolación de los datos de una encuesta encargada por el diario Público, cuando reveló que 558.000 votantes del PSOE habrían votado a IU, de no haber tenido la prioridad de frenar a Rajoy y porque sabían que el voto a IU valdría mucho menos.

En realidad, la encuesta de Público muestra que la ciudadanía progresista habría permitido crecer a IU, en relación a sus resultados de 2004, y que, si ello no sucedió, no fue a causa de un desencuentro con la etapa de Llamazares, sino debido a la polarización bipartidista y biderechista. De hecho, desde 1989, en todas y en cada una de las convocatorias electorales, los dos grandes partidos favorecidos por la legislación, han aumentado el total de votos que suman conjuntamente, pasando del 65,3% de los votos -y el 80,5% de los escaños- al 87,3% del voto y al 92% de los escaños. Siempre han obtenido mayor proporción de escaños que de votos y, además, un porcentaje mayor de subvenciones públicas y de espacios en los medios de comunicación públicos, que de votantes. IU siempre ha obtenido menor porcentaje de escaños, subvenciones y espacios públicos que de votantes. Este es el pucherazo estructural que tiende a borrar del mapa electoral español a la izquierda, con la nocturnidad derivada de la ausencia de observadores internacionales que denuncien el fraude contra la ciudadanía progresista.

El sesgo derechista del sistema electoral español es tan descarado que, por ejemplo, en las elecciones generales de 2004, el PP venció en el 80% de las quince provincias en que menos votos cuesta un escaño y ganó en el 40% de las quince provincias en que más votos cuesta un escaño. No es casualidad que, según una encuesta divulgada el pasado mes de agosto por el diario El Mundo, sólo el 13,4% de los españoles considera justo nuestro sistema electoral.

En España, dos más dos suman uno si se trata de votos a IU, cinco si van al PSOE o al PP y cuatro si van a los partidos nacionalistas. El desprecio al principio democrático de una persona un voto es la condición necesaria para el viaje a la amnesia bipartidista y biderechista. La meta es la implantación del modelo estadounidense, con sus costosas campañas electorales, que subordinan los candidatos a los poderes económicos, y con la imposibilidad de elegir un presidente que, por ejemplo, rechace las guerras de agresión contra ciertos estados del Tercer Mundo.

Los términos izquierda y derecha van significando lo mismo que en Barrio Sésamo, a medida que se implanta una cultura política teletubbie. En Italia, en el contexto de las elecciones del pasado mes de abril, el partido de Silvio Berlusconi acusó al Partido Democrático de plagiar su programa electoral, mientras Massimo D’Alema, vicepresidente y ministro de Exteriores de Prodi, reivindicaba para la izquierda el pedigrí de ser la verdadera derecha: "Necesitamos introducir profundas reformas liberalizadoras sin hacer trizas la cohesión social, la cuadratura del círculo. Nos ha costado liberalizar, pero el único que lo ha hecho hasta ahora ha sido el centro-izquierda. Es verdad que se han agravado las diferencias sociales, no hay movilidad suficiente, los jóvenes tienen dificultades y tardan en dejar a sus familias. Pero una novedad de esta campaña es que el mundo empresarial está muy a favor del centro-izquierda. Saben que el trabajo más difícil lo hacemos nosotros, y que Berlusconi no es un liberal". En Italia, el miedo a la derecha de Berlusconi disparó el voto útil a una izquierda que reconoce que su programa liberalizador agrava las diferencias sociales, es decir, que su programa es el de la derecha neoliberal. Berlusconi venció y la izquierda con programa de izquierdas fue borrada del mapa parlamentario. La lección es obvia: el miedo a la derecha derechiza.

El bipartidismo hace que, al final, las siglas de izquierdas acaban ambicionando ser la mejor derecha. Y, para lograrlo, hace falta una ley electoral que castigue el voto progresista y también un sistema de financiación de partidos que ponga en manos de los poderes económicos a las fuerzas políticas que quieran ser visualizadas por toda la ciudadanía. Es la legislación electoral y la interferencia del poder del dinero lo que provoca la destrucción de la izquierda con programa de izquierdas. Si todos los votos tuvieran idéntico valor, hoy IU no estaría en crisis y habríamos tenido gobiernos de coalición PSOE-IU, que habrían homologado el gasto social español con el europeo y mejorado significativamente nuestra calidad de vida. Homologación que el PSOE nunca ha hecho, ni hará.


* Ramón Trujillo es coordinador de Izquierda Unida en Tenerife (Rt3866@yahoo.es).
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