El 44% de los menores declarados en desamparo se encuentran en centros de protección, el acogimiento familiar les ofrece otra oportunidad
MARIA FRESNO
SANTA CRUZ
En Canarias hay actualmente unos 2.600 niños declarados en desamparo, lo que significa que están bajo la tutela de la Administración regional y no de sus familias biológicas. De estos 2.600 menores (a fecha 31 de diciembre de 2008), el 55,9 %, es decir 1.454 niños, se encuentran en acogimiento familiar, y el resto, un 44 % están en centros de acogida.
Desde la entrada en vigor a finales de 2007 de la Ley de Adopción Internacional, si en el plazo de dos años desde la notificación de la resolución de desamparo, los padres biológicos del menor no prueban que sus circunstancias han cambiado y que son aptos para mantener la guardia y custodia del niño, o en el peor de los casos, éstos renuncian directamente a la custodia del menor, éste pasa a ser adoptable. Mientras tanto, la vida de este menor transcurrirá en uno de los 104 centros de protección que hay en Canarias.
Y aunque, sin lugar a dudas, estos menores pueden ser atendidos perfectamente por los recursos de los que dispone Bienestar Social, existe otra opción: el acogimiento familiar.
Se trata de ofrecer a estos niños una nueva oportunidad de crecer en una familia que cubra sus necesidades recibiendo el cuidado y la estabilidad que sólo aporta un entorno familiar, mientras sus progenitores superan los problemas que han llevado a la declaración de desamparo. Ésta es una fórmula que coloca al menor en las mismas condiciones que el resto de los niños y que lleva muchos años aplicándose en España y en Canarias, aunque en esta última Comunidad sin mucho éxito.
Motivación
La intención del Gobierno Regional es, precisamente, promover el acogimiento instaurando una cultura social e institucional que motive a las familias a acoger a un menor en su seno. Para ello, la Dirección General de Protección del Menor y la Familia ha puesto en marcha un programa junto con Cruz Roja, que será la encargada de desarrollarlo, a través del cual se pretende fomentar esta iniciativa.
La campaña, bajo el lema Familias de acogida, una nueva oportunidad, comenzará en unas semanas por lo que, al no haberse publicitado, todavía no hay muchas solicitudes de acogimiento. La directora general de Protección al Menor y a la Familia, Carmen Steinert, reconoce que lleva tiempo y es difícil convencer a la ciudadanía de que acojan en su seno familiar a otro niño, casi siempre con características especiales, de entre 6 a 8 años, hermanos y, sobre todo, provenientes de un ambiente normalmente desestructurado. Hay que informarles de que "el acogimiento en ningún caso deriva en adopción", sino que éste tiene un principio y un fin (su duración dependerá de las circunstancias concretas de cada menor, pudiendo durar meses o incluso años). Éste es uno de los principales motivos por los que las familias rechazan esta opción. "No es fácil encariñarse con un niño del que después tenemos que desprendernos", afirma.
Sin embargo, esto no tiene porqué ser así. De hecho, en otras Comunidades Autónomas, como Castilla La Mancha o el País Vasco, donde esta iniciativa está ya más que normalizada, el menor nunca pierde el contacto con la familia acogente, incluso hay casos, explica Carmen Steinert, en el que la familia biológica y la acogente aparecen juntas en la boda del que fue el menor acogido. "Suena utópico, pero éste es el espíritu del programa. Es todo un proceso de sensibilización en el que hay que explicar que se trata de una acogida temporal, de paso, mientras se trabaja con la familia biológica", dice Steinert. El mayor éxito continúa "es que los acogentes entiendan que han contribuido a que el menor esté con su familia biológica, por eso si conseguimos en Canarias al menos 10 familias, sería todo un logro".
Los acogentes
Cualquier persona adulta o núcleo familiar que pueda dar una respuesta educativa y afectiva a las necesidades del niño puede acogerse a este programa, aunque previamente habrá que pasar por un proceso de captación y valoración (que desarrollará Cruz Roja) y en el que se irán ajustando los perfiles de la familia con el del menor que sale en acogimiento. Dicho esto, hay que tener presente siempre que los padres biológicos tienen una serie de derechos, reconocidos por Ley, y que por ello es obligado intentar (antes de optar por la adopción) la reintegración con su familia a través de la activación de los programas de familias que se ponen en funcionamiento desde el mismo momento en el que se declara un desamparo.
En este punto, Steinert resaltó la importancia de la labor de los medios de prevención: servicios sociales, médicos, educadores,... "que en suma", explica, "son los que ponen en alerta la situación del menor". Otra cosa es la aplicación de las medidas cuando existe maltrato de por medio, "donde el menor pasa automáticamente al centro de protección".
Cuando la reintegración familiar del niño, por los motivos que sea, no es posible, entra en juego la Administración regional como tutora del menor. Una vez declarado en desamparo, siempre de forma provisional, se intenta la reintegración del menor en su familia extensa (normalmente abuelas o tíos). En el caso de que esto tampoco sea posible o no tenga familiares cercanos, el niño pasará a un centro de protección, donde podrá ser acogido por una familia ajena.
La intención de la Dirección General del Menor es que, a la larga, no haya menores en los centros de acogida porque esto significará que hay muchas familias canarias dispuestas a acoger a estos niños que no presentan ninguna característica especial, salvo las propias de su edad. Toda una experiencia.