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López Aguilar se queda (por el momento)
ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ

Hay que ver cómo se ponen algunos señores y señorías (por ejemplo, Santiago Pérez) por la publicación de algunas informaciones periodísticas. Por ejemplo, con una información de Canarias 7 según la cual se está preparando ya el relevo (o quizás sea más apropiado hablar de abdicación) de Juan Fernando López Aguilar en la Secretaría General del PSC-PSOE. Pérez y la sucinta corte juanfernandista comienzan a soltar sapos y culebras automáticamente y aseguran que todo son viles y mezquinas intoxicaciones. Esta actitud se revela como ligeramente incoherente cuando se comprueba que el PSC toma muy en serio, y lo convierte de inmediato en carne de comentario o declaración, cualquier rumorología que afecte al Gobierno autonómico publicada en cualquier parte. Estas conmociones airadas solo demuestran escasa seguridad y una debilidad política que tiene en el aparatismo el único lugar de tranquilidad y descanso. No es uno, sino varios de los testigos los que pueden corroborar que, en su entrevista estival en Lanzarote, el presidente Rodríguez Zapatero le planteó al líder canario -de una manera abierta y distendida- la conveniencia de abandonar la Secretaría General para centrarse en el grupo socialista del Parlamento Europeo. Rodríguez Zapatero aludió incluso a la Presidencia Española de la UE, en el primer semestre de 2010, y en la necesidad de contar para la misma de todos los apoyos y esfuerzos, incluidos los de López Aguilar. El ex ministro hizo oídos sordos y aseguró, como expediente para salir del paso, que la oposición socialista en Canarias debe seguir el mismo rumbo. El presidente del Gobierno no insistió, y eso fue más o menos todo. Porque López Aguilar entendió el mensaje: tienes que salir de ahí. Y cuanto antes. Pero se resiste.

López Aguilar no piensa soltar la Secretaría General del PSC en breve. Lo ha querido todo: su escaño en Europa, la dirección del subgrupo parlamentario de los socialistas españoles (aunque debió transigir y tragarse sin pestañear la votación a favor del impresentable Durao Barroso), la plaza en el comité ejecutivo federal (una petición expresa que formuló iracundo cuando se le desalojó de la fue la Secretaría de Justicia y Libertades Públicas y que le fue graciosamente concedida desde La Moncloa) y, por supuesto, el mando orgánico en el Archipiélago. Y hasta hoy todo se le ha dado. Esta aparente buena estrella es fruto, desde luego, de una ambición adherente y empecinada, pero también de la improvisación y la frivolidad de la dirección federal, y muy en particular de Rodríguez Zapatero, en su análisis sobre las mejores decisiones político-electorales en Canarias. No lo tienen muy claro desde Madrid, y lo que es peor, no les interesa particularmente aclararlo. Los interesa mucho más atar los dos votos de Coalición Canaria en el Congreso de los Diputados para la aprobación de los presupuestos generales del Estado de 2010, objetivo prácticamente cerrado: las cuentas públicas contarán con el apoyo del PNV y de los nacionalinsularistas isleños: una mayoría absoluta un poco ajustada, pero mayoría absoluta al fin. Previsiblemente el Senado votará en contra del proyecto de presupuestos, pero se devolverán a la Cámara Baja, se votarán de nuevo y sanseacabó. La estrategia política y electoral del partido en Canarias queda en un segundo plano. Sobre todo porque en Madrid están convencidos que la crisis erosionará terriblemente a las fuerzas que apoyan al Ejecutivo regional y el PSC volverá a ganar las elecciones, y a partir de ahí, y según el contexto nacional, pues ya se vería. Precisamente por eso la dirección federal considera que López Aguilar podría retirarse sin causar estropicios. ¿La fecha? Los más apresurados quieren un congreso extraordinario ya. Los más realistas hablan de septiembre o tal vez octubre de 2010.

López Aguilar busca (y hasta el momento consigue) mantener en sus manos una baronía regional, porque se trata de una moneda de curso legal en el ecosistema de poder del PSOE. Una moneda de cobre, porque los socialistas no gobiernan en Canarias, pero no una insignificancia. Es grotesco que pretenda gobernar el socialismo canario (tan urgido de reformas y cambios internos en lo organizativo, lo estratégico, lo social y lo cultural) con media docena de llamadas telefónicas, un dossier de prensa que se manda a Madrid o Bruselas a las nueve de la mañana y una rueda de prensa semanal para repetir por enésima vez los mismos mantras y la misma visión tebeística de la lucha partidista y la deliberación democrática. Allá fuera están los malos y aquí dentro los buenos, y vamos a crear una comisión para fiscalizar el llamado Plan Canarias; por supuesto, ninguna comisión para investigar el funcionamiento de cabildos como La Gomera o ayuntamientos como Adeje. López Aguilar intentará jugar este juego hasta el límite de sus posibilidades, que están marcadas por la designación del candidato presidencial socialista en las elecciones autonómicas de 2011. Una candidatura que horroriza al ex ministro de Justicia, pero en cuya confección quiere participar, al menos, activamente, y para la que, según algunos, viene pensando en el nombre de José Miguel Pérez, presidente del Cabildo de Gran Canaria. Muchos dirigentes y cuadros socialistas sienten pánico solo con hablar de ello.

En el momento más delicado que atraviesa Canarias, política y económicamente, en los últimos veinticinco años, los tres principales partidos del sistema, Coalición Canaria, PSC-PSOE y PP, muestran una parálisis funcional, un déficit democrático y unos liderazgos encastillados en el autoritarismo, la negligencia o la irrelevancia. Coalición Canaria, apenas un fantasma de su periclitado proyecto unificador, cuenta con una presidenta casi ornamental, que apenas tiene relación política o personal con el jefe del Ejecutivo ni con los diputados en el Congreso, y un comité ejecutivo tan activo e inteligente como un tiesto de perejil. El Partido Popular es apenas un pie atormentado, aunque con sus cinco dedos intactos, en la bota militar que ha elegido José Manuel Soria como el mejor calzado para su propia continuidad como líder al que reprocharle la corbata se ha transformado en un pecado de lesa traición. Y el Partido Socialista Canario-PSOE languidece entre berridos ocasionales bajo la sombra alargada y vocinglera de López Aguilar desde Bruselas, Estrasburgo o Madrid.
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