Tenerife tiene puerto: presente y futuro
JUAN MARTÍN VEGA
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Con su sempiterna habilidad para extraer peregrinas conclusiones desde premisas incorrectas o cogidas por los pelos, Guillermo Núñez relaciona la crisis del puerto de Santa Cruz con la necesidad de construir otro puerto en Granadilla. Habría que recordar aquello de con qué tienen que ver las témporas.

En el puerto de Santa Cruz hay problemas porque le han creado problemas. Los estibadores prestan un servicio extraordinario. En lo físico, es capaz de atender de sobra la demanda de tráfico actual y la que pueda atraer en el futuro inmediato Y, además, puede ser ampliado para cubrir la demanda previsible a medio plazo. Después… todos calvos, amigo. Nadie sabe lo que pasará. Sé que hay también que planificar a largo plazo, pero es que si no son capaces de mirar más allá de mañana y pasado mañana, menos lo serán de pensar en un horizonte de veinte años. Porque ese puerto que locamente pretenden construir, tardaría ese tiempo en trabajar y, ¿mientras tanto? ¿Le dejamos el tráfico a Las Palmas, confiando que lo devolverá dentro de cinco lustros, si es que todavía lo tiene para entonces?

Es ridículo. Están dispuestos a matar el negocio, a hacer que el puerto de Santa Cruz pierda el tráfico, solamente para justificar la construcción de Granadilla. Es la eterna maldición de nuestras islas. Prefieren hipotecar el futuro colectivo por el interés individual presente. Porque su negocio es construir, sin que importe la utilidad de lo construido. No importa que nos quedemos sin agricultura, sin turismo rentable, el negocio está en construir hoteles, no en explotarlos. Venden el agua de mañana para tener recursos hoy. Por eso la obsesión por otro puerto, cuanto mayor mejor, para que la construcción reporte más, sin mirar si habrá tráfico para él.

El puerto de Santa Cruz tiene una importancia decisiva, en estos momentos, porque la posición estratégica de Canarias depende de su existencia. Con toda su importancia y capacidad, el puerto de Las Palmas no puede encargarse por sí solo de manejar todo el tráfico exterior de mercancías, cautivo y de transbordo, que exige el desarrollo de nuestras islas. Porque también es una isla, limitada. Y ahí al lado, compartiendo nuestras ventajas de localización, hay una costa africana en la que se tarda menos de veinte años en construir uno y mil puertos enormes.

Esto ocultan los defensores del pretendido progreso. El negocio portuario vive de la continuidad del presente, no de futuros hipotéticos. Los clientes no vendrán por la promesa de un gran puerto en Granadilla algún día. Las navieras buscan puertos capaces y eficaces hoy, ahora, no dentro de quién sabe cuando. Algunos, con razón, defienden los sebadales de Granadilla. Otros advierten de la catástrofe social y económica que nos traería la agresión al turismo por ese puerto. No falta quien demuestra que, técnicamente, sería difícil operar un puerto en ese sur. Yo me limito a afirmar que si Canarias pierde el tráfico externo de mercancías, no habrá Granadilla ni nadie que resuelva la papeleta dentro de veinte años. Así de sencillo.
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