Rodolfo Rull
JUAN CARLOS DÍAZ LORENZO
INFORMACIÓN RELACIONADA
Enlaces relacionados

Cuando personas como Rodolfo Rull Buixadera han emprendido el camino de la eternidad, quienes tuvimos el privilegio de tratarle a lo largo de los años nos encontramos con dos emociones contenidas, aunque, en el fondo, resumen un mismo sentimiento. De un lado, una innegable sensación de tristeza por el adiós a la vida de una persona querida, y de otra, una especial satisfacción, que se desborda y se convierte en memoria fecunda, ante el nivel que comporta un hombre de su talla, valía y reconocida personalidad.

Al desgranar el rosario de los años idos para siempre, que suman ahora algo más de dos décadas de exquisita y cordial relación, acuden a nuestra memoria hechos y acontecimientos en los que, sobre la base de una lealtad bien entendida, este periodista tuvo la ocasión de compartir con él pequeñas y grandes cosas, así como algunos acontecimientos importantes, vivencias entrañables en definitiva y, sobre todo, el más amplio y generoso sentido de la amistad como valor humano –tan demandado y escaso en estos tiempos- que acabó fortaleciendo y consolidando nuestro vínculo personal.

No era Rodolfo Rull un hombre cualquiera. En su esencia espiritual había cualidades importantes, aspectos que le distinguían notablemente. Su trayectoria personal correspondía a una persona forjada en la responsabilidad, en el amor al trabajo, en el respeto, en la disciplina y en el honor, comprometido con su familia, con su empresa y con sus amigos.

De modo paralelo, y debido a su marcado carácter activo y emprendedor, también demostró su compromiso con Tenerife y con Canarias, pues contribuyó de una manera decisiva –y con una gran discreción, como era su costumbre- al desarrollo industrial y económico de esta tierra, volcado en proyectos de gran envergadura e importancia que hoy son una feliz realidad, que han generado riqueza y puestos de trabajo, que han aportado un alto valor añadido y figuran agrupados, en su mayoría, en torno a las siglas de DISA, empresa nacida en Tenerife en 1933 y que en los últimos años ha experimentado un desarrollo espectacular, gracias, en buena medida, al esfuerzo, la iniciativa y la gestión de Rodolfo Rull.

Desde su sólida formación de ingeniero industrial y su gran capacidad de trabajo, así como su alta responsabilidad y probada eficiencia al frente del grupo de empresas a las que pertenecía, supo proyectar, como pocos lo han hecho, una visión y un quehacer empresarial que en la actualidad es una clara referencia en el sector. Desde mediados de la década de los sesenta, recién incorporado a DISA, Rodolfo Rull intervino activamente para que cada una de las islas tuviera las instalaciones industriales necesarias que hoy en día almacenan y garantizan con plena eficacia y garantías de seguridad el suministro de los combustibles tan vitales para el desarrollo de nuestra economía.

La impronta de Rodolfo Rull también está presente en Distribuidora Marítima Petrogás, compañía naviera en la que, en unión de su fiel y leal amigo Antonio Biosca Carbonell, compañero de tantas singladuras, en los últimos años ha experimentado una importante renovación tecnológica y de flota, de modo que en la actualidad figura entre las primeras empresas nacionales del sector.

Entre otras muchas importantes actuaciones que jalonaron la vida profesional de Rodolfo Rull figura la expansión de DISA con la creación del holding empresarial DISA Corporación Petrolífera, la participación en el accionariado de CLH (antigua CAMPSA), la constitución de CMD Aeropuertos Canarios, la adquisición de la red nacional de gasolineras de Shell y la construcción del hotel Sheraton La Caleta, en Costa Adeje, así como su destacada contribución a la fundación, a finales de la década de los setenta, del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Canarias, todo lo cual, como se puede comprender, le permitió alcanzar un notable peso específico en el sector industrial y empresarial del archipiélago.

Además de su exquisita educación, amabilidad y fino sentido del humor, cualidades que le eran consustanciales, y de su pasión por la vela -¡el mar, siempre la llamada del mar!- Rodolfo Rull era un tinerfeño que amó a su tierra sin límites durante toda su vida, sentimiento que demostró generosamente desde su probada humildad. Alguien como él bien merece quedarse para siempre en la memoria histórica de este pueblo.

Y, sobre todo, era un hombre bueno, esencialmente bueno y anchurosamente humano. Me queda la satisfacción, muy especial, de que su testigo y sus cualidades, con el cuidado y acendrado amor de su esposa, lo han sabido recoger sus hijos, herederos legítimos del buen y bien hacer de su padre.

Descanse en paz.
© 2005 Canavisa diariodeavisos.com