La cita con las víctimas del terrorismo
B. FERNÁNDEZ
Los ecos de la masiva manifestación que tuvo lugar el pasado sábado en Madrid, convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), han llegado hasta el Palacio de la Moncloa, a juzgar por la decisión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de reunirse el próximo día 21, por separado, con los representantes de las asociaciones y fundaciones de víctimas del terrorismo.
La cita se producirá dos días después de que se hayan celebrado las elecciones autonómicas gallegas y cuando ya se haya resuelto la incógnita de si Manuel Fraga ha revalidado la mayoría absoluta, la única posibilidad que tiene de mantener el Gobierno de la Xunta de Galicia.
La fecha por tanto parece bien elegida, fuera del fragor de la batalla electoral gallega, la frontera en la que parece que se fija el límite para la recomposición de la unidad entre socialistas y populares en la política antiterrorista, toda vez que se han rebajado las expectativas ante una próxima tregua de ETA y del inicio de una negociación con la banda terrorista.
Es evidente que Rodríguez Zapatero no podía mirar hacia otro lado, y menos aún permanecer indiferente porque entonces estaría haciendo lo mismo que hizo su predecesor al frente del Ejecutivo con las consecuencias por todos conocidas.
Rodríguez Zapatero ha movido ficha y convocado a los representantes de las víctimas del terrorismo, de todas las víctimas del terrorismo. Se trata de un gesto que, por otra parte, llega un poco tarde. Podía haberlo hecho antes, podía haberles convocado inmediatamente antes o después de que el Congreso de los Diputados aprobara la polémica moción que da luz verde a una hipotética negociación con ETA si abandona definitivamente las armas, como hizo por ejemplo con Fernando Savater o Maite Pagazaurtundua.
Probablemente confió excesivamente en la labor encomendada a Gregorio Peces-Barba, sin percatarse que desde el segundo día de su apresurado nombramiento como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, ya estaba ’quemado’ y se había convertido en interlocutor ’invalidado’ y repudiado por alguna de estas asociaciones, sobre todo por un sector de la AVT.
Probablemente Peces-Barba llegó a creer, a fuerza de tanto repetirlo, que en su soledad, el Partido Popular no sería capaz de movilizar a tantos ciudadanos. Si fue así, se equivocó el presidente del Gobierno, y ahora tiene un problema añadido.
La pelota está en su tejado, pero tengo para mí que se trata de una pelota difícil de despejar si, como aseguran tanto desde el Ejecutivo como desde el propio PSOE, no habrá modificaciones sustanciales en la política antiterrorista.
Por otra parte, seguimos sin tener constancia de que se haya producido contacto alguno entre el Gobierno y ETA. Seguimos sin tener constancia de la existencia de negociaciones o de que estén dando pasos en ese sentido, y, sin embargo, el Gobierno ha perdido ya la batalla de la confianza entre un amplio sector de la ciudadanía, como se vio el sábado pasado, que no ha dudado en salir a la calle y que no dudará en salir en cuanto se sea convocada de nuevo.
Insiste el PP en que la ’pacificación’ pasa única y exclusivamente por la vuelta al Pacto Antiterrorista, con todas sus consecuencias. La apuesta del Gobierno es arriesgada, pero también lo es la del PP. ¿Qué pasaría si mañana alguna de las asociaciones de víctimas, con el respaldo de algunas fuerzas políticas, decidiera convocar otra manifestación para respaldar la política antiterrorista del Gobierno y ésta fuera igualmente multitudinaria?
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