LA COLUMNA
De seguridad aérea y causas de accidentes
MANUEL IGLESIAS
En el último Consejo de Ministros, el Gobierno anunció que destinará un presupuesto de 18 millones de euros al plan de choque de seguridad aérea que tiene como objetivo, dice, garantizar y mejorar la seguridad aéreas de las compañías tanto españolas como extranjeras.
Bienvenida sea toda iniciativa que contribuya a dar mayor seguridad a los viajeros en un tema que especialmente tanto nos afecta en Canarias, como son las comunicaciones aéreas, aunque detrás esté la certeza de que acciones de este tipo tienen mucho de impulsividad, originada por la actualidad de los temas, en este caso por algunos accidentes que han ocurrido en los últimos meses.
Uno de los argumentos que más se han esgrimido en estas semanas por algunos representantes del sector y tertulianos radiofónicos y televisivos, es el de la precariedad con que funcionan las compañías de bajo coste. De dónde sacan tal información no está muy claro, porque bajo ese nombre se engloban las más diversas empresas, algunas en precario y otras de probada eficacia. De hecho, en Europa vuelan todos los días aviones de ’compañías de bajo coste’, sin problemas y sin accidentes y, por lo que puede verse, a satisfacción de los consumidores que pagan tarifas menores, no a costa de la seguridad, sino reduciendo otras prestaciones.
Más aún, según los datos de la empresa fabricante Boeing, suficientemente conocida y una de las más importantes y que participa en el análisis de los sucesos aéreos, en el decenio que va de 1995 a 2004, se registraron en el mundo 177 accidentes importantes de la aviación comercial. Se tienen las conclusiones oficiales sobre las causas de los mismos y los datos son muy interesantes.
El mayor porcentaje, el 56 por ciento, no fue por fallo mecánico o problemas de mantenimiento, sino por error humano. En concreto 75 de los accidentes. Le sigue el fallo mecánico, con 23 incidencias -un 17 por ciento-, las inclemencias meteorológicas -13 por ciento-, el mal mantenimiento y error en el control aéreo --4 por ciento en ambas- y otras causas -6 por ciento-.
Abunda en esta realidad el que en estos días se ha sabido que en uno de los últimos accidentes aéreos y no precisamente el de una compañía de bajo costo, sino de la propia Air France, un desacuerdo entre el piloto y el copiloto pudo provocar el accidente del Airbus en Toronto el pasado 2 de agosto.
Esto no exime de la necesidad de vigilar a las compañías que están operando en nuestro país y en ese sentido no sólo a las de tarifas bajas, sino a todas, porque hay algunas de precios más altos que no por eso dejan de ser inquietantes en sus procedimientos y operaciones. Y también resulta conveniente detenerse algo más en reflexionar en torno a ese 56 por ciento de accidentes por fallo humano, que indica que mirar siempre hacia el aparato y no a quienes lo conducen puede ser un error estratégico que se podría estar pagando a la hora de planificar unos sistemas de seguridad.
Hay que elogiar no sólo lo que ha aprobado el Consejo de Ministros, sino todo lo que de añadidura se podrá hacer en ese campo en el futuro, pero para resultar verdaderamente efectivos será necesario contar con los profesionales del sector, con el retrato más exacto de la situación y y algo más que la sarta de tópicos que se están escuchando, muchos de ellos sembrados intencionadamente.
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