ME PAGAN POR ESTO
Notas de fin de año
ALFONSO GONZÁLEZ JEREZ
Panza del burro. Afirman desde la Alcaldía del Ayuntamiento de Puerto de la Cruz que los medios de comunicación expulsados del último pleno por orden del alcalde, Marcos Brito, lo fueron porque no se identificaron como tales. Es una explicación bastante artera. Ni la anterior alcaldesa, Dolores Padrón, ni el propio Brito, en alguno de sus mandatos entre moción de censura y moción de censura, han pedido jamás acreditación formal a los medios de comunicación para el seguimiento de los plenos municipales. Por lo demás, a los dos medios policialmente expulsados de las casas consistoriales tampoco se les permitió volver, una vez que aclararon ante el jefe de prensa sus respectivas identidades: una televisión local y un equipo de la web del PSC del Puerto de la Cruz compuesto por tres pibes, escoltados por una decena de policías locales hasta la calle para su temerosa estupefacción.
Lo ocurrido esta semana en el pleno portuense es un síntoma más de la galopante degeneración del sistema democrático. Las democracias no enferman, languidecen y se desmoronan entre cataclismáticas escenas de destrucción y violencia, sino en la opresión cotidiana desde los poderes legítimamente constituidos, en la voluntariosa erosión de los principios constitucionales, en el desprecio supino a las reglas del juego político y a la sociedad civil. Mientras se niega el derecho a la información a los expulsados, se mima a un estercolero televisivo como Mi Tierra Televisión, donde han sido execrablemente insultados y ridiculizados concejales del PSC y del Partido Popular, en una espiral de ignominias basurientas que llegaron al paroxismo durante la etapa de Dolores Padrón y Eva Navarro como alcaldesa y concejal de Urbanismo respectivamente. Padrón y Navarro fueron humilladas, insultadas y vejadas en los términos más nauseabundos durante meses. Es una actitud que, con el regreso de Marcos Brito al poder municipal, solo ha registrado una novedad: la incesante e idolátrica baba vertida por los propietarios y locutores del goro terruñero sobre el nuevo y mesiánico alcalde, que corregirá el rumbo demoníaco con el que los rojos, masones y demás ralea querían arruinar al Puerto de la Cruz. Medios perseguidos o ningüneados, anónimas amenazas telefónicas, agresiones a la propiedad, demonización sistemática del adversario político: el Puerto de la Cruz vive un acelerado proceso de descomposición política y tensión social que no merece a nadie una línea de denuncia, una reflexión responsable, una llamada de alarma. Silencio bajo la panza del burro.
La suicida decepción de Copenhague.
Por no tener, la Cumbre sobre el Cambio Climático de Copenhague ni siquiera tuvo final. Cuando ya se habían pirado el presidente Barack Obama y los jefes de gobierno europeos - y los demás guardaban una estupefacta e irritada espera - el primer ministro danés convocó una rueda de prensa, a las tres de la mañana del día 19, para dar por concluida la reunión. Ya se sabe que el documento final es "de mínimos" y que no tiene "carácter vinculante", pero es que, además, no es un documento consensuado y votado por los representantes de los estados participantes. Es un acuerdo básicamente cocido entre Estados Unidos y la República Popular China, con una participación retórica de Brasil, India y Sudáfrica y la anuencia silenciosa (y un tanto avergonzada) de la Unión Europea. Al final engendraron un pastiche con el que pretendían eludir el chasco de la opinión pública y que no sirve absolutamente para nada. El acuerdo -por llamarlo así - se limita, en realidad, a introducir un conjunto de mecanismos internacionales de consulta y análisis sobre el CO2 emitido a partir de 2010, y aun así, los gobernantes chinos insistieron, y consiguieron, que se añadiera una coletilla inequívoca: "este sistema de consulta y análisis no afectará a la soberanía nacional". La cuantificación de la emisión de gases contaminantes se tratará en una reunión en el próximo febrero, lo que no quiere decir, según han indicado fuentes diplomáticas, que se cierre un acuerdo cuantitativo en esas fechas, sino que a partir de febrero comenzarán una tanda de negociaciones de muy incierto resultado. Lo más positivo de la cita en Dinamarca está en el compromiso de ayudas y subsidios para la implantación de nuevas fuentes de energía en los países en vías de desarrollo (hasta 100.000 millones de dólares en 2020) aunque, de nuevo, sin un calendario preciso ni una planificación inversora.
El objetivo básico y fundamental establecido por el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, consistía en una reducción de entre 35% y 40% de las emisiones de gases de efectos invernadero para 2020, sobre los niveles de emisión de 1990, con el fin de evitar un ascenso medio de la temperatura mundial superior a los dos grados centígrados, entendido como la frontera de la catástrofe. Estados Unidos, antes de Copenhague, solo se había comprometido a un ridículo 3%. China e India, ni siquiera a eso. La gran mayoría de los estados de la UE (y de manera lamentablemente sobresaliente, España) no están cumpliendo con los modestos compromisos del protocolo de Kioto. El tiempo se acaba pero nadie está dispuesto a asumirlo. Asumir los costes políticos y económicos, incluyendo algunas comodidades y muchos derroches de nuestra vida cotidiana. Sequías insólitas, tornados nunca vistos, islotes e islas que están a punto de desaparecer, brutales olas de calor asfixiante y tormentas arrasadoras. Señales de cambio que se intensificarán en el futuro inmediato (veinte, treinta, cuarenta años) en la biosfera y que suponen la reacción defensiva de un planeta recalentado frente a sus usurpadores: una amenaza de una fuerza indescriptible contra la civilización.
Para el científico James Lovelock - el padre de la teoría Gaia - el tiempo, en realidad, ya se ha acabado, y por eso es ilusorio hablar todavía de estrategias de desarrollo sostenible: lo que hace falta es una estrategia de retirada sostenible. "El calor extra, venga de la fuente que venga, tanto si procede de los gases de efecto invernadero, de la desaparición del hielo ártico y los cambios en el océano o de la desaparición de las selvas tropicales, se amplifica y sus consecuencias se multiplican. Es como si hubiéramos encendido un fuego para mantenernos calientes y le siguiéramos echando leña sin darnos cuenta que se ha extendido a los muebles y está fuera de control". Lovelock alerta de la necesidad de prepararse inteligentemente ante los cambios ya inevitables. "En nuestro pequeño país (Gran Bretaña) hay que asegurarse que las defensas estén preparadas
Los lugares más vulnerables son las ciudades situadas al nivel del mar, entre ellas Londres y Liverpool. Ante todo, hay que protegerlas contra las primeras fases de la guerra climática y luego estar preparados para una retirada ordenada conforme progresen las inundaciones. Una vez que la Tierra empiece a avanzar rápidamente hacia su nuevo estado más caliente, el clima desbaratará el mundo político y empresarial, y las importaciones de comida, combustible y materias primas serán cada vez más difíciles conforme los proveedores de otras regiones y países se vean desbordados por sequías e inundaciones".
¿Y Canarias? Canarias tiene mala suerte. Lo que han sido ventajas situacionales se transformarán en problemas singularmente graves. Somos islas y las inundaciones serán particularmente catastróficas. Desde un punto de vista alimentario y estratégico dependemos vitalmente de las importaciones. Y los cambios climáticos afectarán a la base de nuestro principal recurso económico: el turismo. Potenciar las energías alternativas y sus tecnologías asociadas, diseñar e impulsar algún modelo de autoabastecimiento alimentario básico, reformar con realismo, pero también con ganas, un modelo productivo que por otras razones, y no solo las climáticas, presenta signos definitivos de agotamiento, establecer planes de emergencia y reforzar las estructuras de seguridad vinculadas a los fenómenos metereológicos adversos son algunas asignaturas que se deberían estudiar, debatir y avanzar sin perder un minuto por las universidades, por las organizaciones empresariales y sindicales y, sobre todo, por los poderes públicos canarios. No son (solo) vectores estratégicos para luchar contra el cambio climático, sino objetivos esenciales para sobrevivir al mismo como sociedad y como individuos.
El avión de Detroit.
Un individuo de nacionalidad nigeriana intentó activar una bomba en un avión comercial que estaba a punto de aterrizar en Detroit. Al parecer actuaba solo, sin que se haya podido demostrar su relación con grupos terroristas islámicos, como se insistió en un primer momento. ¿Por qué durante el aterrizaje? Porque el daño sería mucho mayor, por supuesto. El avión ardiendo, cayendo enloquecidamente contra alguna terminal, expandiendo el infierno hasta la pulverización final. Para eso bastaba un casi diminuto artefacto que cualquier imbécil sabría manejar. Hoy, mañana, el próximo año alguien lo conseguirá. ¿Qué haremos entonces? ¿Qué ocurrirá en las malbaratadas democracias occidentales? ¿Más policía? ¿Viajar desnudos? ¿Un DNI biológico? ¿Atar a los pasajeros en sus butacas? "El terrorismo es barato. Desde cualquier punto de vista: con una pequeña logística, una pequeña economía y un pequeño cerebro uno puede convertirse en un terrorista muy completo
El terrorismo tiene una complejidad irrisoria. Lo complejo es la democracia. Pasa como el cáncer respecto de la vida" (Arcadi Espada, El terrorismo y sus etiquetas).
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