LA COLUMNA
Seis meses dan para poco
MANUEL IGLESIAS
El semestre de la presidencia española en Consejo de la Unión Europea se ha iniciado ayer y las primeras actuaciones desde el Gobierno central ya han indicado por donde van a ir las líneas de la actuación, básicamente por el despliegue propagandístico.
Quizás conviene tener en cuenta que seis meses no da para mucho. Poner temas sobre la mesa, estudiarlos y darle el empuje presupuestario y político que necesita cualquier iniciativa, requiere de un tiempo básico ineludible y cada semana, cada mes, lo hace aún más difícil.
Se pueden poner en marcha, pero también necesitan de que la siguiente presidencia los haga suyos y los continúe, lo cual no está necesariamente asegurado, como lo prueba el mismo hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero habla muy poco, nada más bien, de aquellos expedientes que le dejaron sus antecesores.
Y puestos a verlo con realismo, tampoco es cuestión de creernos la gran importancia del puesto, ya que si se le pregunta al ciudadano de la calle quien fue el presidente de la UE en el primer semestre del 2009, muy probablemente la inmensa mayoría no sabría responder a la pregunta (por si está entre ellos y se quedó con la curiosidad, se trataba de Vaclav Klaus, de la República Checa), lo cual en cierta manera pone en su justo término la proyección del cargo, que habitualmente suele tener más autobombo interno que reconocimiento externo.
Para más dificulta, esta presidencia temporal se encuentra con una circunstancia que no se había producido antes, como es que con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa, asume el nuevo presidente estable, el belga Herman van Rompuy, que será el interlocutor mundial para los otros líderes de los distintos países.
Rodríguez Zapatero ya ha dicho que no tiene intención de hacerle sombra a Van Rompuy, pero parece más bien lo de la fábula del zorro y las uvas, que las rechaza porque están verdes, ya que el belga se sentará a la cabeza de la mesa del Consejo Europeo durante, al menos, los próximos dos años y medio, con todo lo que implica de continuidad, es quien presentará el orden del día de las reuniones y dará la palabra a sus colegas, como un símbolo de su autoridad.
El presidente semestral continuará manteniendo un rango destacado, pero inevitablemente será menos relevante porque, quiérase o no, el nuevo presidente estable asume en gran parte funciones que ya desarrollaban otros que, lógicamente, eran los presidentes semestrales y que a su vez las pierden.
Pero aún aplicando realismo y rebajando el protagonismo, sigue siendo una oportunidad importante para introducir asuntos por medio de comités de los que forman parte los ministros de los distintos ramos y que también presidirán los españoles en este semestre. Ahí, a pie de burocracia y mano a a mano con los funcionarios, es donde tal se puede hacer más. Y eso interesa, porque es donde van a estar muchos asuntos que tocan a Canarias.
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