ARTE
La Casa Invisible, la otra vía
Hace más de dos años que Málaga asiste a un fenómeno social y cultural pionero en España
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Juan Ruiz Correa
Santa Cruz de Tenerife

Manuel Borja Villel resulta una de las voces más autorizadas que existen en España para hablar de cultura. El director del Centro de Arte Reina Sofía difícilmente decepciona cuando se le escucha o se le lee. Recientemente, en declaraciones a la Cadena Ser, ofreció sus opiniones sobre el momento social y cultural que vive España. Sus valoraciones no tienen desperdicio.

"Hay que recuperar la ética y la política desde el arte, que no puede ir al margen de una visión sobre la sociedad", comentaba Borja Villel. El máximo responsable del Reina Sofía, inmerso en la pelea por mantener El Guernica en su museo, abogaba por "ser más libres" como antídoto al "intercambio vacío" que se produce muchas veces entre museo y espectador, entre productor de arte y consumidor de arte.

"Tenemos en España muchos museos, muchos edificios, muy bonitos, pero poco dinero para que funcionen. Tenemos grandes estructuras vacías", comentaban, al tiempo que aplaudía fenómenos de grupos en principio marginales, que de forma no oficial han puesto en marcha apuestas como ’La Casa Invisible’, en Málaga. "Hay que crear una cultura menos ligada al mercado y más a la creatividad", decía al final de la entrevista en la Cadena Ser el director del Reina Sofía, al tiempo que invitaba a conocer la Casa Invisible.

Pero, ¿qué es la Casa Invisible? En 2007, al tiempo que se celebraba en Málaga el Festival de Cine, un grupo de jóvenes creadores ocupaba un edificio abandonado en el número 11 de la calle Nosquera, en pleno centro histórico de la capital de la Costa del Sol. Se trataba de un edificio levantando sobre un solar de 2.000 metros cuadrados, expropiado por el Ayuntamiento, luego de abonar 2,6 millones de euros.

Antigua discoteca y antes de ese uso colegio religioso, de la noche a la mañana se convirtió en un lugar de reunión y en un modelo de gestión cultural ciudadana. Grupos de jóvenes de la ciudad venían demandado desde hacía tiempo un espacio para no tener que reunirse "en los bares", como ellos mismo manifestaban por entonces.

Acontecimientos

De repente, la administración se vio superada por los acontecimientos. Con anterioridad, el Ayuntamiento había reconocido que no tenía programado un uso para el edificio, lo que resultó la excusa perfecta para que los nuevos inquilinos lo tomaran al asalto. Los "ocupas" dotaron a la ciudad de un lugar para llevar a cabo talleres de iniciación al jazz, conferencias, edición de libros, clases de español para extranjeros, exposiciones, proyecciones, etc. Se ponía en marcha así un fenómeno cultural y social, siguiendo ejemplos de lo que viene ocurriendo en ciudades de Alemania y de Holanda.

Dos años después de aquello, la apuesta ha funcionado bien, alentando el sustrato cultural de una ciudad que parecía dormida, al igual que tantas en este país, contagiadas por esa tendencia de que todo lo cultural debe emanar de lo público, de esa manía de esperar el dinero de las instituciones para poner en marcha cualquier plan, de no arriesgar lo más mínimo. Tal ha sido el éxito, que a día de hoy parece más que superado el debate del desalojo, planteado en un primer momento por el Ayuntamiento y que planeó durante mucho tiempo sobre el proyecto.

Promoción

Pero vaciar la Casa Invisible comenzó a ser visto como una torpeza y el Consistorio acabó por acercarse a los responsables de la misma. En plena controversia, se hizo ver la paradoja que suponía que lo público se opusiese a este fenómeno, al tiempo que la ciudad se promocionaba como capital 2016 de la cultura europea, con la enorme aportación económica que acarreaba esa candidatura. Sin embargo, el diálogo se ha impuesto y está llevando a un camino para dar carácter "legal" a lo que allí ocurre, una vía a la que a finales del año pasado se sumaron Cultura de la Diputación y la Junta de Andalucía. Parece que el modelo de crear una "fundación" acabará siendo la salida más fácil.

Resultados

Y es que La Casa Invisible ha sido capaz de ofrecer una programación de contenidos basándose en la apuesta por abrir un espacio destinado a fomentar la auto-organización ciudadana, el pensamiento crítico y la creación colectiva. Se ha buscado por tanto un espacio público que no estuviese condicionado por regulaciones estatales o mercantiles, y que pudiese abrirse a la creatividad y a la capacidad organizativa. En la génesis del toda la idea también está lo experimental de todo fenómeno, el carácter aventurero.

Quizá por todo eso no resulta extraño que el proyecto haya obtenido importantes apoyos del mundo de la cultura y de las organizaciones sociales, entre las que destacan figuras como el premio Nobel Darío Fo, cineastas como Fernando León o Javier Corcuera, escritores de la talla de Naomi Klein y Antonio Negri y más de un centenar de profesores de la Universidad de Málaga.

La Casa Invisible es también una respuesta cultural a la crisis. Muchos jóvenes creadores, deseos hacerse un hueco han chocado con la burocracia de la administración y con unos círculos culturales cada vez más cerrados y viciados por la endogamia. Por eso estos artistas noveles han optado por abrirse ellos mismos una puerta.

El nombre de "Invisible" tiene que ver precisamente con ese deseo. Esta casa abre sus puertas pues a los creadores que no consiguen hacerse ver porque encuentran serias dificultades para ensayar o sencillamente compartir sus creaciones u organizarse junto a gente con inquietudes o problemas similares.
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