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ALBERTO GRIÑÉN
Convalecientes

De vez en cuando, uno se sorprende gratamente al encontrarse frente a noticias en los medios de comunicación que te llenan de satisfacción. En este caso me refiero al proyecto "Spica" que se está desarrollando en el Hospital Universitario de Canarias (HUC) y que ha puesto a funcionar lo que ellos denominan un "sistema integral de atención al paciente". Consiste en darle al enfermo "el máximo de cobertura con servicios que abarquen el cuidado y seguimiento de su estado físico, psicológico y social" y está dirigido principalmente a mayores de 74 años.

Hasta aquí, fabuloso, una idea que obtendrá resultados positivos a poco que pueda mantenerse con los recursos materiales, económicos y sobre todo humanos necesarios para un trabajo que implica un sobreesfuerzo y un desgaste progresivo de quienes dedican parte de su tiempo libre para poder realizarlo.

Por lo que se trasluce de las distintas informaciones, este proyecto lo realiza un equipo de médicos y enfermeras junto con algunos voluntarios del HUC. Realmente es encomiable y causa una inmensa alegría comprobar que, en los tiempos que corren, todavía existen personas capaces de ayudar desinteresadamente a sus semejantes.

Permítanme hacer un poco de historia: El tinerfeño y santo Pedro de Betancur, conocido popularmente por el Hermano Pedro, en 1658, en su segunda casa, Guatemala, adquiere lo que sirvió de escuela de doctrina cristiana y primeras letras para niños y adultos analfabetos, y lo que se llamó un hospicio para forasteros sin techos. Al poco tiempo, el hospicio pasó a ser hospital, pero con una característica excepcional. Se fundó el primer ’Hospital de Convalecientes’ del mundo, hace más de 345 años.

El Hermano Pedro es el descubridor de los objetivos del proyecto "Spica", que pone el dedo en la llaga de un problema presente en la sociedad y que parece ser invisible o inexistente para quienes tienen la obligación de crear un servicio de atención a los convalecientes y dotarlo de recursos.

Supuestamente, la población objeto para este servicio no es mucha. Pero si nuestros dirigentes se paran un poco, y lo piensan, caerán en la cuenta de que es todo lo contrario. La población aumenta su monoparentalidad y longevidad, al tiempo que el número de personas que quedan convalecientes y solas en sus casas. ¿Quién los atiende? ¡Nadie!

Proyectos como "Spica" necesitan de equipos multidisciplinares y de que se extiendan muy rápidamente por la sociedad toda.
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