"Sólo un 1% de los casos de ’mobbing’ en Canarias acaba en los juzgados"
La presidenta de Ascamo, Carolina Rodríguez, estima que "no hay conciencia" sobre el acoso
La presidenta de la Asociación Canaria contra el Mobbing (Ascamo), Carolina Rodríguez. / Javier Corominas
   
     
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Cómo afronta el "mobbing " y posibles soluciones

Tipos de acoso moral

El sindicato CC.OO considera que hay diferentes tipos de acoso moral en el trabajo. Se da el horizontal en el que la víctima se ve acosado por un compañero con el mismo nivel jerárquico. También existe el mobbing ascendente en el que una persona que ostenta un rango jerárquico superior se ve agredida por uno o varios subordinados. Generalmente, pasa cuando alguien del exterior se incorpora a la empresa y sus métodos no son aceptados por los trabajadores que se encuentran bajo su dirección. No obstante, el acoso descendente es el más habitual. El que ostenta el poder mina el ámbito psicológico del trabajador para destacar frente a sus subordinados. El fin es deshacerse del acosado forzando el abandono voluntario del puesto sin proceder a su despido legal ya que éste sin motivo acarrearía un coste económico para la empresa.

Fases

Conviene distinguir entre los roces o choques que frecuentemente aparecen entre grupos o personas en cualquier empresa. El problema es cuando los conflictos tienden a estigmatizarse y lo que hasta entonces eran unas relaciones satisfactorias o neutras pasa a convertirse en una escalada de enfrentamientos. El mobbing es algo más que estrés. Su grado de destrucción es mucho mayor. El acosador tiene que poner en práctica toda la estrategia de hostigamiento en su víctima de una manera sistemática y prolongada en el tiempo. El objetivo es ridiculizar y apartar socialmente al acosado. Éste no puede creer lo que le está sucediendo y puede incluso negar la evidencia ante la negación o la evitación del fenómeno por el resto del grupo al que pertenece. Además, es estigmatizado con el consentimiento o colaboración activa o pasiva del entorno.

Papel de la empresa

Según CC.OO. (’Acoso piscológico en el trabajo’ editado por Unión Sindical de Madrid Región de CC.OO. Enero de 2002), en la menor parte de los casos, la dirección de la empresa realiza una investigación exhaustiva que debe ser totalmente confidencial, decide cambiar de puesto al trabajador acosado y sanciona al hostigador. Lo más normal es que, sin tener un conocimiento amplio, se vea a la víctima como un problema a combatir. Desde Ascamo se recomienda no abandonar el puesto de trabajo. "En principio, irse no es bueno", dice Carlota Rodríguez, "pero en ocasiones te abre otras puertas porque estar siempre metido en el ambiente no beneficia". Para Rodríguez, lo fundamental es "recuperar la autoestima pérdida" y buscar vías como "escribir un diario porque a los terapeutas y forenses les ayuda y también a los afectados".

Aspectos jurídicos y soluciones

El mobbing no está tipificado como delito aunque sus consecuencias en la salud física y mental de las víctimas son devastadoras. Uno de los deseos de Ascamo es que "el acosador no quede impune para seguir acosando". Su intención es conseguir que se considere "un delito y se juzgue sin que le cueste dinero a la Administración o al empresario. Tiene que tocarle directamente al bolsillo del acosador, igual que los maltratadores en la violencia de género", considera la presidenta de la asociación. El acoso moral en el trabajo tampoco tiene diagnóstico. Ni los psicólogos ni la Seguridad Social ponen mobbing lo que dificulta la demostración del mismo. Rodríguez insiste en que hay metodología legal para actuar pero faltan expertos. Como ejemplo cita, la nota preventiva 476 del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo.

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Aislados, incomprendidos, deprimidos, ansiosos, sin salida y sin respuestas. Así se sienten las personas que sufren acoso moral en el ámbito laboral, un fenómeno que el Diccionario Real de la Academia Española define como "una práctica ejercida (...) especialmente en el ámbito laboral, consistente en un trato vejatorio y descalificador hacia una persona, con el fin de desestabilizarla psíquicamente". El doctor en Psicología pedagógica y ciencia médica de la Psiquiatría, Heinz Leimman, experto en mobbing -término inglés- considera que "es una violencia psicológica extrema, ejercida de forma sistemática y recurrente al menos una vez por semana y durante un tiempo igual o superior a seis meses, en el lugar de trabajo". La finalidad es "destruir las redes de comunicación de la víctima, su reputación, perturbar el ejercicio de sus labores y lograr finalmente que acabe abandonando su puesto". El profesor Iñaki Piñuel va más allá y habla de "tendencias psicopáticas en el hostigador" cuyo objetivo principal es "intimidar, apocar, reducir, aplanar, amedrentar y consumir emocional e intelectualmente a la víctima". En fin, un infierno vivido ocho horas al día.

Alternando definiciones con lecturas y vivencias, la presidenta de la Asociación Canaria contra el Mobbing (Ascamo), Carlota Rodríguez, afirma que el acoso moral es una forma de "psicoterrorismo" y asegura que sus presas tienen que recibir la misma terapia que se ofrece a las víctimas de un atentado. "Es un problema importane que no sólo sufre la víctima sino su entorno familiar y social. Tu círculo se quebranta", relata.

Desde hace poco más de un mes, Carlota, junto a otras cincuenta personas, ha puesto en marcha esta asociación que parece nacer bajo el lema la unión hace la fuerza. "Cada uno de nosotros seguía su lucha particular. No llegábamos a ningún lado y el desgaste era mayúsculo sin lograr resultados", afirma la presidenta. Por ello, "decidimos unirnos ya que como personas físicas no conseguíamos mucho, pero sí como personas jurídicas". No obstante, la vía jurídica es todavía un procedimiento poco extendido. Carlota Rodríguez asevera que "las cifras son ridículas".

Uno de cada 10.000 casos en España opta por denunciar a la empresa. En Canarias "no llegan ni a un 1% las personas que acuden a los juzgados", dice la responsable de Ascamo. Un número realmente bajo si tenemos en cuenta que, según una encuesta realizada por la Consejería de Sanidad del Ejecutivo autonómico en 2004, entre 17 y el 24% de los canarios ha sufrido acoso moral en su lugar de trabajo. En cualquier caso, parece que lo normal es intentar llegar a un acuerdo que garantice la percepción del salario por desempleo "porque en la vía judicial evidentemente dependes de un juez y hoy en día no están concienciados sobre lo que es el mobbing y sus consecuencias.



Invisibilidad

Una falta de conciencia que, al parecer, llega a todos los ámbitos y que a Carlota Rodríguez le cuesta entender porque "nadie está libre de que le pase". Es la invisibilidad del mobbing uno de los escollos que conlleva la dificultad de probar ante los tribunales los malos tratos que infringe el acosador. En ese sentido, en la página web www.actuar.org, ha nacido la campaña ’Hacer visible lo invisible’. Se trata de enviar cartas por correo certificado al ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, pidiendo la elaboración de un protocolo antimobbing de obligado cumplimiento, adjuntando las pruebas médicas.

Esas pruebas médicas son uno de los principales caballos de batalla. En ellos actualmente, según confirma Carlota Rodríguez, casi nunca pone mobbing o acoso laboral. Un ejemplo prototípico podría ser el diagnóstico de una víctima, obtenido en uno de los foros de debate sobre este asunto, que dice literalmente: "El paciente presentó inicialmente un cuadro de ansiedad moderado reactivo a situación laboral estresante que, dada la persistencia del factor estresante ha ido derivando a un trastorno mixto ansioso-depresivo al añadirse sintomatología depresiva, como señal de agotamiento físico y mental ante el estrés crónico mantenido durante años. La situación de estrés laboral crónico que vive el paciente está también afectando al desarrollo de su vida profesional, personal y de pareja".

Lo cierto es que los síntomas, también típicos, dan que pensar. "Palpitaciones, sudoración excesiva especialmente en las manos, tensión muscular con dolores asociados, pérdida de peso y sequedad de boca, inquietud, irritabilidad, trastorno del sueño, dificultades de concentración, preocupación y rumiación continuas referidas a temas laborales, con dificultad para desconectarse de estas preocupaciones fuera del trabajo". Hasta llegar a este punto, Carlota Rodríguez describe cómo "el acosador intoxica todos los canales y cuando la víctima acude a la empresa aparece como la causa del problema. El acosado se acaba culpabilizando, pensando si en realidad él o ella han propiciado la situación".



Sin apoyos

Instalados víctima y acosador en una dinámica desquiciante, la pregunta es cómo lo viven los de alrededor, las personas que de una manera u otra pueden hacer algo. La presidenta de Ascamo es clara al afirmar que "nos damos cuenta de que el desconocimiento es mayúsculo".

"Si te diriges a la Inspección de Trabajo, muchas veces el inspector no sabe cómo tiene que actuar. Hay muy buena predisposición, pero no tienen ni el personal ni los medios", cuenta Rodríguez. En el seno del trabajo, las salidas no son mucho mejores a juzgar por sus palabras. "Dentro de la empresa es difícil encontrar la objetividad, las mutuas también trabajan para ellas y los delegados sindicales tampoco dan respuestas a la víctima, quizás por ignorancia y por lo novedoso del tema".

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