Lo dibuja estupendamente Paul Auster -en Ciudad de cristal, la primera de las historias de su Trilogía de Nueva York-. Nos cuenta Auster que en las novelas de misterio no hay frase o palabra que no sea más o menos significativa. Nada es desechable. Dice más. Cuando la historia está bien tejida, incluso lo que no es significativo acaba siéndolo. Todo es o se convierte en esencia. El eje se desplaza con cada acontecimiento, que lo impulsa hacia delante. A las novelas de misterio les pasa lo que a los políticos con las candidaturas: se desplazan con cada suceso, y no hay forma de trazar una circunferencia hasta que el libro o la carrera presidencial se han cerrado. En este último caso, nada puede darse por anecdótico o superfluo; y, caso de serlo, no debemos perder de vista que es potencialmente significativo.
A priori, no lo es que José Segura diga en público que maneja algunos sondeos en los que, según él, se dice que los ciudadanos de a pie valoran positivamente su labor al frente de la delegación del Gobierno; y no es significativo, no a priori, porque a Segura esos sondeos le llegan de oídas, no de leídas; o, dicho de otra forma, que se dio por hecho que el delegado ha encargado encuestas que en realidad no ha encargado. Claro que algo inicialmente poco significativo cobra significado cuando en el PSC un pelotón de cargos orgánicos se echa las manos a la cabeza, agitándolas al creer que Segura anda en esas. En esta línea, tampoco es significativo que Martín, Ruano y Zamora caigan el mismo día -hace diez- sobre el PP. Sin embargo, cobra significado cuando, olvidando que la genética descoordinación de CC desdibuja la hipótesis de un paso tan coreográfico, algunos interpretan que el presidente ha dado el pistoletazo hacia su reelección.
Sea como fuere, incluso hechos colaterales como estos nos dejan tras la pista de las batallas por las candidaturas. Un misterio que, a la espera de sucesos o acontecimientos que desplacen la situación actual, apunta a que Soria quemará sus naves, a que el candidato socialista será Alemán o quien él apadrine y, si la novela no da un volantazo en sus últimos capítulos, a que Castro será candidato sólo si el actual presidente, Adán Martín, opta por cederle el testigo. Habrá que estar atentos. La cosa más vaga, más trivial, puede anunciarnos el desenlace del misterio.