CAROLINA ÁLVAREZ SICILIA*
El hijo único
Los hijos únicos tienen la fama de ser egoístas, caprichosos, sobreprotegidos y hasta tiránicos. Sin embargo, que un hijo único se comporte de una forma u otra dependerá de las peculiaridades que hayan existido en su proceso educativo. Si a un hijo, tenga hermanos o no, le es asignado el lugar de hijo único, este será tratado y se comportará como si fuese único. Si este lugar es asignado por la madre, cobrará una particular relevancia ya que esta figura suele ser la más importante durante los cruciales primeros años de vida.
Un hijo que ha sido tratado como si fuese el único tropezará con grandes dificultades en el mundo social. Hay hijos únicos que sienten que son todo para su madre y madres que actúan reforzando esa ilusión hasta tal punto que terceros, tales como hermanos o el padre, pueden quedar excluidos. Estos hijos no han experimentado la rivalidad que normalmente se desencadena cuando el amor de la madre debe ser compartido. Por eso, cuando comienzan a ir al colegio, esta ampliación del mundo social es vivida de forma problemática. La rivalidad que hasta entonces no había hecho presencia aparece de forma inusitadamente intensa con los compañeros. A estos chicos se les hace difícil aceptar que la realidad social es plural y no singular.
El riesgo más serio que corren estos hijos es el de ver dificultada su integración social. Para estos niños que crecen rodeados de adultos es de suma importancia tener contactos sociales tempranos con otros niños. Si crece aislado del entorno social o si el proceso de socialización se realiza tardíamente, el niño o niña puede terminar por creerse la ilusión de ocupar un lugar único en el mundo. Posteriormente, cuando incursione en el mundo social, intentará reeditar con otros ese lugar. Probablemente se comportará de forma absorbente y esperará recibir un trato preferencial tal y como lo recibió con la madre. Cualquier situación que cuestione ese lugar será recibida con desagrado o rechazo.
Otro de los riesgos que corren los hijos tratados como únicos es que suelen ser los depositarios de todos los ideales de los padres. Los padres suelen exigir y esperar mucho de ellos y éstos pueden quedar atrapados en los deseos paternos sin poder llegar a desarrollar un proyecto de vida personal. Hay hijos únicos que pueden llegar a escoger como proyecto de vida uno que le es totalmente ajeno y que fue inconscientemente elegido para complacer los deseos de los padres.
Un hijo que ha sido tratado como único tiene ante sí la tarea de aprender que existen otras personas con necesidades y deseos distintos a las de él pero igualmente válidos. Si falla a la hora de concienciar el carácter plural de su entorno social tendrá serias dificultades en sus relaciones interpersonales. Actuará como si fuese el ombligo del mundo. Sin embargo, si logra este aprendizaje podrá compartir espacios, ser empático, aprender a perder, en fin, logrará integrarse y formar parte del complejo entramado social.
* Carolina Álvarez Sicilia es psicóloga y psicoanalista.
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