En uno de los relatos incluidos en La vida en miniatura, Alfred Polgar describe el vértigo de las despedidas. Sitúa la escena en el andén de una estación y, apoyándose en una pareja de enamorados que pudiera ser cualquier otra, cuenta como, teniendo tantas cosas que decirse, hay minutos en los que no se les ocurre nada. Según Polgar, la paradoja de las despedidas es que, en según qué instante, los protagonistas, desbordados, no saben si les falta o les sobra tiempo. Son momentos en los que, acercándonos ya al instante final, el reloj frena en seco, haciendo que las manecillas avancen lentamente. Hablamos del minuto penúltimo y antepenúltimo. Nos entrenamos tanto para el adiós, tanto nos duele, que aceptamos que ya se ha ido cuando en realidad quedan un par de minutos.
De ahí ese instante. Ese en el que no se nos ocurre nada. Ese que nos llena la boca con un sabor a nada, que propicia una situación embarazosa de reiteraciones y frases hechas, que escupe un veneno capaz de agarrotar los sentimientos. Son esos minutos en los que, como le está pasando al Gobierno socialista, la conmoción acaba paralizándolo todo, provocando que hasta la verdad parezca artificiosa, haciendo que las cosas se digan más por decirlas que por creerlas. Es ahí, en el andén otoñal, donde este país tiene al Gobierno. Corriendo -extintor en mano- detrás de los acontecimientos. Siempre a rebufo. Tapando bocas de agua. Aprendiendo con enormes dificultades a decir que no (¿le han perdido el respeto?). Procurando contentar a todos y no lográndolo con ninguno. Dejando que el miedo se les cuele en el cuerpo.
Volando detrás de las pelotas que les lanzan desde el otro lado de la red. Dando la sensación de que han perdido su sitio en la pista, que otros lo están ocupando, y de ahí ese correr alocadamente de un lado a otro. ¿Qué le pasa al Gobierno? ¿En qué piensa el PSOE? Es posible que enderezando el trago catalán, y no dejándose asustar por sondeos que no son urnas, el resto de las fichas se reordenen automáticamente. Depende del Gobierno. El PP no está mejor; son los socialistas los que están peor. O ZP reacciona, o se sale de esos minutos en los que no se dicen sino frases hechas, esos en los que la boca se llena con un sabor a nada, esos en los que hasta el más desenvuelto parece forzado, o esta deriva se lo llevará por delante.