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El artista gigante
Andrés Calamaro. Palacio de los Deportes (Madrid), 18 de noviembre.
El regreso de Andrés Calamaro es una patada en el culo de la industria musical española. Cuando nadie apuesta por artistas de ley, cuando la carrera del éxito es lograr el último pelotazo comercial con intérpretes prefabricados en concursos de televisión y programas de cotilleos, llega uno de los pesos pesados del rock en español para poner las cosas en su sitio. Ya lo hizo hace 13 años, tras desembarcar en Madrid para encabezar un lustro triunfal con Los Rodríguez. Después abrió etapa en solitario, bajó a los infiernos y salió vivo con una piedra angular del rock contemporáneo, Honestidad brutal. Tras seis años sin actuar en España, Calamaro regresa con El regreso, disco grabado en directo en el Luna Park de Buenos Aires. La excusa ideal para una vuelta parcial a los escenarios españoles. El viernes, 14.000 personas lo recibieron en Madrid como el astro que es.

No es una vuelta cualquiera la de Andrés Calamaro: sin su banda habitual, ahora toca con Bersuit, el contundente conjunto porteño liderado por Gustavo Cordera. Así que el sonido oscila entre rock sólido y apuntes tradicionales de tango, cumbia y esa rumbita que tan bien lidia el cantante. Y con El cantante, de Rubén Blades, arrancaron dos horas plagadas de grandes canciones y mejores letras en un recorrido que repitió, paso a paso, el repertorio incluido en el disco en directo.

Piezas importantes son Clonazepán y circo, El salmón (genuina declaración de intenciones: “Siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón”), Los aviones y la emocionante La libertad, dedicada a los presos. También el blues Desconfío, que dedicó a los fallecidos Pappo Napolitano y Kike Turmix. Pero fueron dos tangos grandes de Gardel (Por una cabeza) y Aníbal Troilo (Sur), con el flamenco Niño Josele, los que abrieron la veta más jugosa de Calamaro, que rescató tres canciones pata negra, Estadio Azteca, Media Verónica y Paloma.

Un recuerdo de los tiempos de Los Abuelos de la Nada, No se puede vivir del amor, la sincopada (casi rap) Alta suciedad, Flaca y Sin documentos cerraron la noche sobre el coro de la hinchada cantando que tu amor es mi enfermedad. Y la gente vuelve a casa con la grata sensación de que, entre tanta broma, aún quedan genios que cantan (y escriben) en español.
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