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El fado grande de Katia Guerreiro
La artista de las islas Azores reaviva la llama dramática de la legendaria canción portuguesa
Carlos Fuentes
Madrid



El diario Público, el más prestigioso de Lisboa, lo anunció hace un lustro: “Se reveló la presencia deslumbrante de una nueva fadista”. Cinco años después, Katia Guerreiro aterriza en Madrid para presentar su tercer disco, Tudo ou nada, todavía sin edición española. De todas las integrantes de la renovada escena fadista de Portugal, Katia Guerreiro era la única que faltaba por presentarse ante el público español. También es la más singular intérprete de la legendaria canción lusa porque ni nació en Lisboa ni creció en ambientes fadistas de los barrios de la capital portuguesa, el ámbito natural de una cultura musical tan singular.

Katia Guerreiro nació hace 29 años en Sudáfrica, pero muy pronto su familia se trasladó a las islas Azores. La niña Katia se enroló para tocar la guitarra tradicional azoriana en el grupo de folclor de Ponta Delgada, la capital de São Miguel, la mayor de las nueve islas que integran este archipiélago atlántico portugués. A finales de 1994 se estableció en Lisboa para cursar estudios de medicina y, en los ratos libres, comenzó su aproximación al fado. Debutó seis años después en un homenaje a la diva del fado, Amália Rodrigues, y sin esconder sus raíces dedicó un recital de fado sentido, dramático.

La reacción del público portugués no se hizo esperar. Debutó en 2001 con su primer disco, no por casualidad titulado Fado maior, en tiempos en los que el debate entre las corrientes tradicionales y renovadoras del fado mantenían serias disputas. El estreno de Katia Guerreiro vino a decir que cualquier vía es genuina para reavivar la llama del fado. Al igual que algunas compañeras de generación, la azoriana evitó comparaciones injustas con notables voces fadistas como Mariza o Mafalda Arnauth.

Pero Katia Guerreiro es otra cosa, como demostró en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Apareció tímida, casi a hurtadillas, sobre el escenario, pero bien pronto demostró que lo importante del fado, lo esencial, está en el fondo y no en las formas. Con sus manos siempre a la espalda, como si estuviera apretando un fuelle: una voz como la de Katia Guerreiro no se escucha todos los días. Cantó apasionada, retorciéndose para sacar versos de Pessoa, Lobo Antunes y Vinicius de Moraes. También interpretó piezas actuales, algunas de João Mário Veiga (viola), Paulo Valentim (guitarra portuguesa) y Rodrigo Serrão (contrabajo).

En el trigésimo aniversario de la revolución de los claveles, el Gobierno de Portugal la consideró una de las 30 personas más importantes de las nuevas generaciones. Conviene no perderla de vista.
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