PILAR CERNUDA
Leyes orgánicas
Los que andan en negociaciones con el PSOE y el Gobierno para sacar adelante el estatuto catalán cuentan que la estrategia de los socialistas para salir del atolladero consiste en convertir en reforma de leyes orgánicas los puntos más conflictivos. Es decir, que si surgen problemas por lo que plantea el borrador respecto a la Administración de la Justicia, pues se reforma la Ley General del Poder Judicial.
Si se quieren echar atrás asuntos de competencias que rompen la soliaridad territorial, o se pretende romper la caja única, o se cambian las normas de financiación, se liman las cuestiones más espinosas y el resto se lleva a las correspondientes leyes orgánicas para proceder a su debate y transformación, con la bandera de que la sociedad exige cambios.
De esta forma, aseguran las mismas fuentes, las que andan en negociaciones, todos salvan la cara: los catalanes que votaron a favor del borrador podrán decir a su público que el futuro del Estatut es espléndido y que distintas leyes orgáncias se ocuparán de recoger lo que aprobaron en el Parlamento catalán; en cuanto a Zapatero, podrá presumir de que ha sabido salir con bien de una situación que se presentaba muy complicada, y para la que pidió confianza a los suyos sin explicar a los suyos cual era su estrategia para salir del lío en el que se metió.
Si es verdad lo que cuentan los que andan en negociaciones, entramos en un terreno muy resbaladizo; aunque en ese terreno tendría un papel que jugar el Partido Popular, pues las reformas de las leyes orgánicas obligan a mayorías cualificadas que no se dan solo con la suma de quienes han votado en Barcelona a favor de un Estatuto de Autonomía que no se tiene en pie constitucionalmente hablando, como admite el propio Zapatero y, si profundizas, incluso algunos destacados socialistas catalanes que, siempre profundizando en su confianza, llegan a admitir que no se comprende que el borrador haya salido del parlamento catalán como ha salido.
Si las cosas son así, si se descafeína el Estatut para concretar la política territorial del futuro en distintas leyes orgánicas, no estamos en un escenario malo. Pero que nadie nos venga ahora con engaños: si se traslada al Congreso de los Diputados el debate -porque lo habrá cuando se entre en la tramitación de las reformas- nadie podrá presumir de haberse llevado el gato al agua. Mas y Maragall tendrán un Estatut ’cojo’ mientras no se ponga la última coma a las leyes orgánicas que lo configuren, no valdrá por tanto brindar con cava porque se ha dado luz verde al Estatut en el Congreso. Y Zapatero no habrá solucionado el problema que provocó, sino que traslada de lugar el debate.
Y además no habrá cerrado las grietas que en este momento afectan a la credibilidad de su gestión. El propio Felipe González se ha declarado públicamente en contra del Estatuto catalán y de sus consecuencias con una frase lapidaria: "Algunos de los que lo apoyan no lo han leído". ¿Se refiere a José Luis Rodríguez Zapatero?
|