PILAR CERNUDA
Zapatero, el arreglador
Hay que cerrar un texto como sea", le dijo el presidente a su asesor en cuestiones internacionales. Un texto, el que fuera, lo que quería era arreglar una cumbre euromediterránea que no iba por buenos derroteros.
Lo peor de la conversación entre Zapatero y Casajoana no fue la impaciencia del presidente por acordar la redacción de un documento conjunto -no lo consiguió, solo hubo declaración presidencial-, sino el comentario del asesor sobre lo que se iba a aburrir Zapatero en las cuatro horas siguientes, por lo que le sugería que hiciera algunas gestiones. Para gestiones estaba el presidente: le importa poco, nada, la política internacional, como ha demostrado en las reuniones internacionales en las que se quedaba en su despacho mientras otros jefes de gobierno intentaban llegar a acuerdos.
Lo que más le gusta a Zapatero es arreglar entuertos. Tanto, que algunos de sus colaboradores, incluidos ministros, dicen sin rubor que a veces tienen la sensación de que el presidente provoca problemas para aparecer después como el único capaz de solucionarlos. Cuando la crisis de los astilleros Ízar, por ejemplo, puso de los nervios a Solbes y Montilla cuando se acercó a un grupo de trabajadores y les dijo que él iba a arreglar las cosas y además les garantizaba que no habría ni un despido. No pudo ser, claro, aunque los trabajadores se presentaban a las negociaciones recordando a sus interlocutores gubernamentales las palabras del presidente.
Cuando Pilar Manjón nos puso a todos el corazón en un puño al explicar su experiencia personal como víctima del 11-M, esa misma noche Zapatero llamó a Gregorio Peces-Barba para ofrecerle el comisariado para las Víctimas del Terrorismo. Por hacerlo deprisa y sin consenso previo, provocó más problema del que ha habido nunca entre las asociaciones de víctimas, aunque algo de culpa tiene también el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Alcaraz, que no da la talla ni de lejos y ha provocado importantes escisiones en su propia asociación.
Ha provocado Zapatero tensiones importantes con la Iglesia, más que por sus controvertidas iniciativas -matrimonio homosexual, asignatura de religión- por las declaraciones sobre esos dos espinosos asuntos, y luego intentó arreglarlo mandando a Fernández de la Vega al Vaticano. No lo consiguió, y además provocó la irritación de la Conferencia Episcopal por el ’puenteo’.
El Estatut estaba encauzado en Cataluña, de allí saldría un texto constitucional o no saldría nada (es la gente del PSC quien lo asegura y Maragall el que lo insinúa); pero Zapatero coge el teléfono, llama a Mas y después de reunirse varias horas con él en Moncloa decide Zapatero que se apruebe el texto en Barcelona "y ya se arreglará en Madrid", lo que supone un rejón de muerte para la carrera política de Maragall, que se ve ninguneado y además, si el texto es aprobado en el Congreso de los Diputados, será Artur Mas quien se apunte el triunfo.
Con esa decisión Zapatero ha provocado una tensión entre los suyos que puede acabar como el rosario de la aurora, aparte de que no se sabe a estas alturas si efectivamente conseguirá los votos necesarios para poner el Estatuto catalán "limpio como una patena".
Como arreglador, desde luego, no tiene desperdicio.
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