LUIS LOSADA
Nacionalismo caro
La Generalitat de Cataluña invierte cerca de dos millones de euros trimestrales en financiar asociaciones que fomenten la cultura y la lengua catalana. Una cifra considerable si tenemos en cuenta que se trata tan sólo de subvenciones a entidades privadas a las que habría que sumar el dinero público invertido en los mismos objetivos. ¡Más pólvora del Rey don Jaume I!
A algunos sectores afines al catalanismo imperante les ha caído la pedrea. Por ejemplo, las actividades de Linguapax recibieron en el segundo trimestre de este año, 60.000 euros para sus actividades. Y la Acció Escolar del Congrés de Cultura Catalana, recibió 90.000 euros por la extensión de la cultura catalana en las escuelas. Por su parte, los Amigos del 23 de abril recibieron 110.000 para potenciar la Diada de San Jordi. ¿Libros y rosas para todos y todas?
Más exótico resulta Opinió Catalana, que recibió en el segundo trimestre 75.000 euros por el desarrollo de un periódico on line. Yo también quiero. Aunque para exotismos, el de ediciones País Valenciá, S. A., que recibió 8.000 euros para la traducción del The Economist al catalán. Cáleme esa boina bien calada. Los amigos editores del País Valenciá también recibieron 35.000 euros para la edición de la revista El Temps d’Art. ¿Y qué me dicen de los 3.000 euros recibidos por el Grupo de Estudios para la Lengua y la Literatura Ponent i del Pirineu para la traducción al catalán del euskera de ’Lux Mundi’?
No obstante, el grueso de la subvención se la lleva Omnium Cultural que recibieron 548.000 euros para sus cositas. El pantacalanismo también sale primado. Los habitantes de Valencia, Baleares o Cataluña Norte (Francia) que defiendan la catalanidad de sus territorios tienen premio.
Por ejemplo: la Asociación Cultural del País Valenciano recibió 125.000 euros; la Fundación Francesc Eiximenis cobró 58.950 euros por llevar la señal de repetición del Ente público audiovisual a Valencia; y los Joves de Mallorca per la Llengua, recibieron 15.000 euros por existir y 20.000 euros por organizar una acampada. Por supuesto, los de la 'Cataluña Norte' también están de enhorabuena. ¿Pero no quería Cataluña ingresar en la Francofonía?
Y atentos a lo más jugoso. Porque Cataluña es más. Los amigos de la UNESCO en Barcelona recibieron del Gobierno autonómico 13.200 euros para la extensión de la cultura catalana en el mundo. Porque las fronteras del pancatalanismo se quedan pequeñas. Y esto del amor a la patria chica -o grande- está bien. Lo que no se entiende es por qué la deben sufragar los contribuyentes, aunque se trate del ’chocolate del loro’.
Tampoco está muy claro que los contribuyentes quieran colaborar en semejantes fuegos de artificio. Mucho menos los empresarios acosados por una política lingüística de etiquetaje asfixiante, que recibe además subvenciones del Gobierno autónomo.
¿Seguirá Pérez Rubalcaba sin enterarse de tales prácticas?
|