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28-N

Somos electrodomésticos. Huérfanos de ordenador, móvil, cafetera, periódico, congelador o cajero, sin luz nos transformamos en patéticos muñecos que funcionan a pilas. Ha tenido que rozarnos una tormenta tropical -rozarnos, digo bien- para caer en nuestra fragilidad y, de paso, para recordarnos que las islas y su energía pertenecen a siglos diferentes. Los electrodomésticos nos tienen a nosotros, y no al revés, de ahí que al caer la luz nos quedemos desenchufados e inhábiles.

Al cambiarlo todo de sitio, el viento ha puesto las cosas en su sitio. Hay que invertir en soluciones energéticas que, fiables y eficientes, nos alejen del apagón y las pilas. Que toda la jugada dependa de si perdemos o no una torre es ajedrecística y eléctricamente una temeridad. Es hora de poner en su sitio el debate sobre las infraestructuras (como motor para el desarrollo, y no como negocio en sí mismas). Hay que tomar decisiones cuanto antes. Hay que definir qué inversiones son imprescindibles. Hay que poner el sistema energético en hora. Hay que prepararse para lo que viene. Estos fenómenos meteorológicos son inusuales, extraños o anormales hasta que dejan de serlo, y, comprobado que el planeta que hemos envenenado tiene muy mal carácter, bueno será que lejos de sorprendernos tanto pongamos los cinco sentidos en prepararnos para las siguientes o, en cualquier caso, para convivir con esa posibilidad. La noche del lunes nos ha dejado algunos recados.

Uno es que las administraciones han aprendido de las tragedias precedentes -todas, sin excepción-. La gestión de la tormenta demuestra que esa maquinaria funciona cada vez mejor. Otro es que el pillaje se ha estrenado en estos pagos, luego bueno será que anotemos ese síntoma inicial. Hay un tercero. Me refiero a la exhibición de normalidad institucional de la que hacen gala los políticos cuando gestionan una crisis, normalidad que al acabar la emergencia cede el paso a la crispación y las descalificaciones hasta la siguiente crisis. El susto del lunes no fue cualquier cosa, es cierto. Cuando el viento pega así es difícil defenderse, de acuerdo. Ahora bien, toca exigirle a UNELCO que esté a la altura de las circunstancias. No puede ser que la luz caiga siempre a la de tres o que la solución venga de tan lejos. Si además de ciudadanos somos electrodomésticos, invirtamos en ello.

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