PORTADA
Tenerife
Metropolitana
Norte
Sur
Islas
La Palma
Política
Economía
Nacional
Internacional
Sociedad
Entrevista
Animales
Sucesos
Cultura
Agenda
Deportes
Fútbol
Baloncesto
Polideportivo
Motor
Lucha canaria
OPINIÓN
SERVICIOS
Hemeroteca
Portada en PDF
Televisión
Programación recomendada
Horóscopo
Cartelera
Sorteos
Páginas Amarillas
Páginas Blancas
UTILIDADES
Farmacias de guardia
Teléfonos de interés
Museos
Promociones
ESPECIALES
Informática
Música
Gastronomía
TEIDE RADIO

VIRGINIA MORA FEBRES *
¿Y tú tienes luz?

La pregunta, repetida y escuchada estos días con profusión, conlleva no sólo la curiosidad por saber de la situación del otro, sino también el poder hablar y rememorar sobre lo ocurrido con la tormenta tropical. Las reacciones frente a una situación de peligro, como la vivida la noche del lunes, varían mucho; unos pueden hablar de lo ocurrido y de lo que sintieron con todos sus bemoles; otros no mencionan el tema como si no hubiera pasado nada; algunos todavía son presa de la angustia que, como una pesada cadena que se arrastra, enlaza un eslabón más a sus miedos, aferrándose a las incertidumbres propias de la situación, para presagiar de forma pesimista los futuros avatares a los que nos podemos ver sometidos por la Naturaleza, pero aunque esté más o menos negada, la angustia subyace o ha estado presente en algún momento durante esta situación.

La angustia no necesita tarjeta de presentación; es como una antigua conocida, que en algún momento nos ha hecho su visita y sabemos, como si de un reencuentro se tratase, que ese estado afectivo que la caracteriza, alguna vez lo hemos experimentado. La angustia es la reacción frente al peligro, pueden haber peligros internos y peligros externos. Existen pocos casos en los que se hace patente la angustia en los niños, y que nos resultan comprensibles: cuando el niño está solo, cuando está en la oscuridad y cuando halla a una persona ajena en lugar de la que le es familiar, que suele ser la madre.

Estos tres casos podrían sintetizarse en una característica común, y es que implican la pérdida o separación de un objeto amado, y esta separación o pérdida puede a través de diferentes caminos, conllevar una acumulación de deseos insatisfechos que impliquen una situación de desvalimiento. Los peligros externos, como pueden ser los sucesos frente a una tormenta, o frente a un accidente, o algo real que excede nuestra capacidad psíquica de elaborarlos, traen aparejados, como si dijéramos, una angustia realista; sin embargo, si ese sentimiento de desvalimiento, de indefensión, de cierta impotencia, ha tenido un peso importante dentro de nosotros, puede enlazarse muy fuertemente con lo real, con lo actual, convirtiendo la angustia en algo más que una reacción frente al peligro, en una sombra que permanentemente acecha y que ha encontrado "una buena excusa" para apoderarse de nuestros actos.

Los miedos a la oscuridad y también a la soledad persisten a menudo durante toda la vida; sin embargo, hay muchas formas de mostrar los signos angustiosos, sin que parezcan tales: existen personas que logran estar acompañadas todo el tiempo, pues siempre tienen una queja en la boca: algo les duele, algo les incomoda, cualquier acontecimiento lo han vivido peor que cualquiera, así los demás siempre estarán pendientes de lo que les ocurre.

Otra forma sería la de aquellos que siempre están maravillosamente bien, que nada les incomoda, nada les pasa, siempre están de buen humor, con el chiste oportuno, como si los acontecimientos no les hicieran mella. Este estilo tan diferente al anterior busca el mismo fin: que no les abandonen, estar siempre acompañados. Son formas diferentes de encarar la vida, pero que buscan lo mismo: el no poder tolerar que, en definitiva, uno está solo. Terminaré con una anécdota que comenta Freud, quien una vez escuchó desde una habitación vecina exclamar a un niño que se angustiaba en la oscuridad lo siguiente: "Tía, háblame; tengo miedo". "Pero ¿de qué te sirve, si no puedes verme?". Y el niño respondió: "Hay más luz cuando alguien habla".



* Virginia Mora Febres es psicóloga y psicoanalista.
MÁS Opinión

Pólvora Ver artículo
¿Y tú tienes luz? Ver artículo
6.000 millones de peaje Ver artículo
Enterrar esas torres, primero Ver artículo
¿Debe o no cumplirse el programa electoral? Ver artículo
 
Viciomotor.es
DEPORTES
 
OPINIÓN
 
TELEVISIÓN

Cine Las vírgenes suicidas **

Recomendamos Ghost in the shell

   
 
  Volver Arriba artopinion.jsp | Imprimir Artículo | Fotonoticia
© 2009 Canavisa diariodeavisos.com Aviso legal | Sugerencias