LUIS LOSADA
6.000 millones de peaje
Las cosas claras y el chocolate, espeso. El Estatut catalán es principalmente una reivindicación monetaria. Así lo ha confirmado en la mañana del pasado jueves el presidente del Parlament catalán. Ernest Benach ha calificado como "pieza clave" la solución del déficit fiscal, que según la Fundación de Cajas de Ahorros se situó en el 2003 en un 9,5 por ciento del PIB, es decir, más del 80 por ciento del presupuesto de la Generalitat.
Su aspiración es recortar el déficit a la mitad. ¿Y eso cuánto supone? ¿3.000 millones de euros? "No, más, más". ¿Cuánto, 5.000? "Sí, más bien 6.000 millones de euros". Voilá. Ya sabemos de qué estamos hablando, a pesar de que el president catalán, Pasqual Maragall, cifraba recientemente sus "aspiraciones monetarias" en 3.000 euros. "Hablemos primero de dinero para poder hablar luego de otras cosas", señalaba el molt honorable.
Esta es la "clave". A partir de ahí -según Benach- será más fácil avanzar en otros temas como el blindaje de competencias, o la definición de la identidad nacional. Por cierto que Benach insiste en que la definición de Cataluña como nación "es un sentimiento que no se puede evitar". No contesta sin embargo a la pregunta de este cronista: si Cataluña es una nación, ¿por qué ejercer la solidaridad con el resto de España superior a la practicada con Bosnia o el Sahara?
Según el presidente del Parlament, desde Madrid no se entiende la situación. "Nos definimos como una nación, como un Estado", apunta Benach. La solidaridad debe de partir de la libertad, y el futuro se debe de construir entre todos "entre los que hablan catalán y los que todavía no lo hablan". O sea, nada, salvo la advertencia a los que "todavía" no hablan catalán. ¿Es el principio del fin soberanista?, le pregunta el presidente del American Club, Julio Vidal. ¿Están ustedes tratando de esconder el cromo del independentismo, sabedores de que en realidad se trata del cromo más valioso?, le pregunta un compañero de la prensa.
Benach sigue sin responder. No le gusta que le tachen de "oportunista" y afirma que la reforma estatutaria "no es un intercambio de cromos, sino una oportunidad histórica". El presidente del Parlament insiste en que el Estatut no tiene ánimo independendista, porque cuenta con el apoyo de partidos no independentistas. "Exijo respeto para las instituciones catalanas", señaló con toda solemnidad para luego reconocer lo siguiente: "Ya nos gustaría que hubiera una mayoría social como para proponer eso, pero de momento, no la hay".
En su opinión, el Estatuto es una propuesta para "construir una sociedad mejor". Y para eso, claro, hace falta dinero. En concreto, 6.000 millones de euros anuales. ¿Para hacer qué? Para atender a los 1.200.000 nuevos pobres catalanes, pero también para promocionar la lengua y la cultura catalana por el mundo.
Eso sí que es un peaje.
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