JESÚS M. HERNÁNDEZ
Las pelotas de Paulino
Al presidente de Coalición Canaria le ha entrado singular manía: ubicar pelotas en tejados ajenos. Lo que me lleva a creer que en su casa no hay tejado. Hombre, no pienses mal; el segundo supuesto no quiero plantearlo. El que más y el que menos presume de aditamentos. Pero Ferraz ha visto incrementado el techo competencial. Y los de Génova, obviamente, han comprobado que sus pelotas han disminuido. Aunque, a decir de Paulino, todavía quedan.
No estoy en nada de acuerdo con mi compañero de gremio -¡ay, qué risa, María Luisa!- en lo de subirse al tren de las reformas estatutarias. Lo más, lo más, estimado maestro, al tranvía. Por cierto, qué es eso de Archipiélago Atlántico. Nacionalidad, Paulino, nacionalidad. Que te pueden tus andanzas por las aulas de Ravelo. Somos una nacionalidad lejana e insularizada por dos. Como la tabla de multiplicar. Con tanto cargo, tus productos se cuadruplican o quintuplican. Mínimo.
Va a ser que no, Paulino. En el marco del último encuentro, alegas, se inquirió al PSOE sobre el grado de compromiso y bla, bla, bla. De haber sido yo el que te hubiese escrito el artículo, nada de inquirir, porque ante la duda me fui al diccionario y me explica que eso es indagar, averiguar, investigar. Incluso me aclara que no debe usarse como sinónimo de preguntar. Tampoco pondría ’sobre’. Me gusta más lo de ’acerca de’. Pero, bueno, tú me dirás que cada maestrillo tiene su librillo. Y nosotros nos entendemos, que nos jubilaremos con una tiza entre los dedos. Oye, que si no hacemos las cosas bien, el estimado Humberto Hernández, colega y mejor filólogo, nos tira de las orejas o nos pone de cara a la pared. Me enteré que ya es académico. Debe ser por eso que no se acuerda mucho de los viejos compis.
Como ahora gobiernan los socialistas en el amplio territorio patrio y, más tarde o más temprano, los rifirrafes con Alemán pasarán a mejor vida, deberé mostrarme algo más comedido. Aún guardo un resquicio de esperanza por si me llaman para redactar unas líneas a cualquier consejero. El de Agricultura, a ser posible. No es que sea una debilidad. Pero aquellos duros años de trabajos veraniegos en la platanera para obtener unas pesetas y poder seguir estudiando, me conceden algún mérito añadido. He cometido el pecado mortal de compararme, por ejemplo, con Quico Amador, sin ir más lejos, y no vislumbro que el fiel de la balanza pueda inclinarse hacia el lado del ex concejal realejero.
Tampoco descarto la posibilidad de un puestito en Educación. El aval de un buen chorro de trienios deberá garantizarme mullido sillón. Y si al tiempo puedo aportar unos euros a mi pueblo, mejor que mejor. ¿Por qué voy a ser yo menos? He leído por ahí que a los realejeros nos espera un buen año. Incluso vamos a ser más felices, más solidarios. Pero no es mi intención el utilizar niños. No me parece demasiado lógico. Ni ético. Tampoco pienso jugar con pelotas. Y menos en los tejados. Porque ya se nos caían cuando teníamos las de badana y el ir a recogerlas era todo una odisea, una aventura que nos causó más de un disgusto.
En fin, amigo Paulino, traslada este insulso comentario a tu correligionario Godoy. A lo peor me nombra asesor. Cosas peores se han visto por estos peñascos. Perdón, nacionalidad atlántica.
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