Era un tipo tan normal, con una vida tan inquebrantablemente normal, que a Truman Burbank tanta normalidad le hizo dudar. Sólo a partir de ese momento, cuando las certezas dejaron de serlo para convertirse en incertidumbres, cuando esa perfección, esa existencia de tiralíneas y esa realidad sin descocidos le cayó encima, sólo entonces Truman despertó a la irrealidad que lo retenía.
Fue en ese instante cuando descubrió que su mundo era un plató, sus días un escaparate y él, un tipo tan normal, el protagonista de El show de Truman, una serie concebida para televisar de principio a fin su existencia (y todo sin contar con la voluntad o el consentimiento del afectado). No es por lo tanto el caso algunos políticos locales, que, encantados de haberse conocido, le dan la vuelta al proceso y, con toda la voluntad y el consentimiento, se encargan de pintarnos una realidad de ciudades perfectas y existencias trazadas con tiralíneas. Con ese objetivo, convierten su lugar de trabajo en un plató, dando cuenta hasta de los más mínimos detalles de su día a día (incluso de los que son perfectamente prescindibles).
Empeñados en que sigamos al milímetro su jornada laboral, hay políticos que le encuentran a cualquier cosa, a lo que sea, interés informativo. Al convertir sus horas en un sucedáneo del show de Truman, convocan a la prensa gratuitamente o, en lo que constituye una dinámica generalizada, se fotografían a todas horas, en todos los escenarios, en todas las circunstancias. Hay quienes se hacen fotos (y envían a los periódicos, claro) junto a un par de contenedores con ropa y alimentos para el tercer mundo, firmando lo que sea, inaugurando lo que toque, reuniéndose para cualquier cosa o recibiendo a qué más da. ¿Es imaginable que un administrativo, fontanero, abogado o repartidor mande una foto al periódico cada vez que imprime un documento, arregla una tubería, termina un expediente o entrega una caja de leche? Eso y no otra cosa es lo que hacen algunos responsables públicos con su jornada laboral.
Entre otros -aunque no sólo él, es cierto- el alcalde de Arona. Decidido a convertir su agenda de trabajo en el diario de Burbank, cada vez que pisa la calle se hace una foto. La última, que a estas horas será ya la penúltima, una con simpatizantes de una peña del Atlético de Madrid. Guau. Impresionante, alcalde Truman.