LA CONTRAPORTADA
Porno
JAIME PÉREZ-LLOMBET
Sugiere el diputado del común que el Ayuntamiento de Santa Cruz dicte una ordenanza para que los quioscos escondan las revistas porno; y así, a bote pronto, lo inmediato es preguntarse si lo siguiente será aconsejarles a los chiquillos que no se metan el dedo en la nariz mientras con algún videojuego cazan al profesor, acosan a una indigente o torturan al empollón de la clase. Recomienda el diputado a los quiosqueros que pongan ese tipo de publicaciones bien atrás, donde no se vean, y la tentación es imaginarse a unos padres castigando al primogénito por no haberse limpiado bien los dientes antes de reunirse con los colegas para pegarle fuego al vecino que esperaba la guagua en la parada. En la idea de contextualizar tal recomendación, estas son algunas de las escenas -extremas, pero posibles- que podrían barajarse. Esto es lo inmediato. Porque lo que viene después es que se nos diga que con anterioridad se han hecho otras propuestas; o que antes se han sugerido otras medidas para combatir la violencia que aflora dentro y fuera de la red (la oportunidad de ideas pasadas o futuras no legitima ideas presentes; pero, dejémoslo estar). Siendo así, lo siguiente a lo anterior es averiguar -o intentarlo, al menos- qué peligro tienen esas portadas. Que se sepa, nunca han matado a nadie con una revista porno. Cosa diferente es que a falta de razones con las que justificar esta recomendación, y mezclándolo absolutamente todo, metan la sugerencia que les han hecho a los quioscos en una gigantesca coctelera junto a la delicadísima problemática de las barbaridades que circulan por la red, de las aberraciones que asoman en las pantallas de los ordenadores o de tantos otros infiernos. Pero no toca. La sugerencia habla de lo que habla, luego, que no nos distraigan; y, sobre todo, pongámonos en guardia ante la orquestada ola de lo políticamente deseable que nos llega desde la costa norteamericana. Sutil, es posible. Imperceptible, puede. Pero imparable. Cala. Lenta, sí, pero cala como una lluvia fina que se nos mete en los huesos a golpe de decreto, recortando libertades por aquí o por allá. ¿Revistas? Da más problemas la ortografía que la pornografía. Puestos a familiarizarse con algo, mejor cuerpos que armas (al fin y al cabo, más pronto que tarde acabarán desnudándose). Mejor será que separemos el polvo de la paja
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