Queridos Reyes Magos
ALBERTO GRIÑÉN
Hace ya mucho tiempo, mis padres, ¡lástima!, que ya no están con nosotros, me intentaron enseñar muchas cosas acerca de la religión de los cristianos. Algunas no las podía entender, o incluso me sonaban un tanto extrañas y poco creíbles, porque parecían más bien salidas de uno de los cuentos que de vez en cuando me leían. Pero como casi todo en esta vida, con el tiempo fui encontrando respuesta y sentido a todos los acontecimientos que me relataron.
Vale, que lo del Rey Herodes -todo un prodigio de hombre- fue un despiste por no tener buenos servicios de información y se cargó a cientos de inocentes. Que a María y a José los dejaran tirados en un establo (un aparcamiento de la época) por no haber realizado bien la reserva de su habitación y además los confundieron con ecologistas y los pusieron junto a una vaca (no loca) y a un buey. Que a Juan, el Bautista, lo encerraron por mercadear con las aguas del río Jordán. Que el padre del hijo pródigo actuó según su lógica humana y miró para otro lado -como hacen ahora- y premió a su hijo el progresista. Que si el sacerdote y el levita dejaron tirado a aquel hombre, fue porque sólo el samaritano tenía la tarjeta de la seguridad social a mano. Que al tal César, el de las monedas, sólo le dieran las suyas porque era lo estipulado en la romanización, como era lo lógico. Que el tal Pilato no se quería mojar en lo que pasaba y optó por jugar en bolsa y comprar acciones de una compañía de aguas porque se avecinaban tiempos de una política-sequía. Que lo de Judas, no es que fuera un codicioso chivato, rastrero, hambriento de poder y fama -¿eso no les suena con otros nombres?-, sino que intentaba estabilizar la situación económica, política y social del momento con los judíos y los romanos. Creo que con estas conclusiones y estudiando un poco más, me podría presentar al examen de teólogo y aprobarlo como el de la Rosa, que sin serlo lo publica.
Pero queridos Reyes Magos, con tanto repaso se me olvidaba que según la tradición les debo hacer la lista de las cosas que quiero que me traigan este año. Por supuesto que me he portado de maravilla, que he cumplido con mi trabajo, que no he molestado a los vecinos, ni insultado a los políticos de mi ciudad y del resto del mundo por permitir que
Bueno, tal vez eso lo escriba otro día.
Aunque, tengo una duda, ¿por qué mis amigos me dicen que soy algo ingenuo y sigo creyendo en ustedes, majestades, y ellos sostienen que en realidad se trata de una inmensa maraña comercial montada en torno a un maravilloso acontecimiento?
A mí se me ocurre que si ustedes no son los que son, tampoco existe el tan cacareado, prodigado y exaltado, por doquier, maravilloso amor; caray, ese de "te amo, toma mi amor, te doy mi amor". ¿Cómo? ¿Que sí existe, pero que no lo vemos? "Viendo, nos vean y oyendo, nos entiendan". Bueno, puesto que los Reyes Magos no existen y sí existe el amor, pues nada, a ver quién me hace llegar una bolsita de un kilo de amor y así podré dejar de creer en ellos. ¡Felices Reyes Magos!
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