Mª REYES GARCÍA TRUJILLO*
El valor del juego
Ninguno de los ritos, fiestas y mitos está tan dirigido a la infancia como la festividad de los Reyes Magos y la de todas aquellas con el mismo significado que, además, se encuentran de una manera o de otra en todas las culturas. Podríamos decir que durante un tiempo la sociedad en su conjunto "se pone a jugar" con los niños o como niños
y se oye a los presentadores y locutores, se lee en los periódicos el anuncio de la llegada de Sus Majestades y no es infrecuente escuchar diálogos entre adultos: "¿Cómo se portaron este año los Reyes? "A mí me han dejado esto o lo otro", ello sin la presencia de niños
un comportamiento social tendente a que respetar el mito, a no dañarlo, actuando en ese momento rememorando nuestra propia niñez, el niño que fuimos.
En esas festividades, que por su universalidad se podría pensar que tienen algún tipo de función, vemos que hay una suerte de estímulo o incentivo a eso que algunos han llamado "los mundos privados de la infancia". Se dice a los niños que pueden soñar, imaginar, creer en lo que la realidad a nosotros se nos muestra como imposible; se les ayuda en definitiva a jugar y a vivir su juego con impresión de realidad tan mágica como el mundo del niño.
Por medio del juego el niño plasmará, como en una pantalla en blanco, su propio mundo, sus vivencias, su corta historia y sus preocupaciones. Para jugar, planifica su juego, elige materiales y participantes, crea la escena del juego y esta actividad esencial para su desarrollo y salud psíquica le procurará todo tipo de beneficios
En ese momento el niño es capaz de retirarse de la realidad para escenificarla y vivirla como un guionista y director y luego volver a ella desde otra perspectiva.
Frente a situaciones que pueden traumatizarlo o sobrepasarle, echa mano de esa función, así, el análisis profesional del juego del niño puede darnos una información muy valiosa sobre esas situaciones. Un niño traumatizado por determinado hecho o angustia escenificará en el juego y repetirá dicha situación problemática en un intento de dominarla, recreará la realidad para aprehenderla y modificarla. Y es en esa función que proporciona el juego en lo que se basa el trabajo psicoterapéutico; es decir, el terapeuta de niños busca la cura del niño enfermo a través de posibilitarle un juego libre y participar de él.
Es por ello importante que los juguetes no hagan del niño un personaje pasivo; el pequeño debe tener lugar y material que le permita ser dueño de su juego
construirlo, pero también es importante evitar la sobreexcitación, el aluvión continuo, que hará que pierda la capacidad de usar los juguetes y se quede solamente con la búsqueda de lo nuevo, que abandonará inmediatamente por otras cosas y a su vez por otras buscando la gratificación inmediata.
Recuperar la posibilidad serena de la espera, como aguardar a los Reyes Magos, que no vendrán antes por mucho que el niño se impaciente. Aprender que no es posible obtenerlo todo "de buenas a primeras" y sin coste alguno y que hay que tolerar determinadas esperas y dilaciones, ayudará en el fortalecimiento de una personalidad más sana y ayudará también a organizarse psíquicamente y con sus propios medios.
La fuerte afirmación social de estos mitos de un pasado remoto da cuenta de la importancia que tiene para las nuevas generaciones un lugar común que compartir en el que sentirse seguros, cuidados y sostenidos, frente a todo tipo de miedos, un lugar en el que poder soñar y jugar, mientras se aprende y se crece.
* Mª Reyes García Trujillo es doctora en Medicina, psiquiatra y psicoterapeuta.
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