LA COLUMNA
El "secuestro exprés"
MANUEL IGLESIAS
Los medios de comunicación han publicado informaciones en torno a lo que han llamado "secuestro exprés", que se había producido en Tenerife. Como sólo se disponen de los datos de los primeros momentos, es aventurado lanzar suposiciones en este caso concreto, pero hay que anotar la posible aparición de este tipo de hechos hasta ahora poco frecuentes.
El "secuestro exprés" en cierta manera fue un invento de la mafia, que retenía a familiares de sus deudores, en especial menores, a la espera de que estos cancelasen rápidamente lo que debían, pero los tiempos modernos han traído nuevos sistemas y otros criminales, que se aprovechan de circunstancias como la posibilidad de disponer de dinero de los cajeros bancarios.
En esencia, el malvado sistema es sencillo. Se trata de retener a una persona o a un familiar y exigir una cantidad que se debe proporcionar en el espacio de unas horas. De ahí el apelativo de "exprés", porque se diferencia de los secuestros tradicionales en los que, incluso, se dejaba pasar largo tiempo antes de reclamar el rescate. Las cantidades que se suelen pedir no son tan importantes como en el segundo caso, sino en ocasiones se fijan en las que se pueden obtener de los cajeros, de pedir prestado en metálico o de unas joyas.
El método ha abundado en las capitales americanas, pero en realidad se practica en todo el mundo. Si en algunos lugares como Argentina ha proliferado este tipo de delito, se debe a que a las posibilidades de los recursos inmediatos de cajeros, etcétera, se sumaba allí el que muchas personas tenían guardados en su hogar cantidades relativamente importantes de dinero y de moneda-refugio, como los dólares, ante la desconfianza existente en el sistema bancario del país. Los delincuentes buscaban esas cantidades escondidas -en muchas ocasiones importantes- y por ello hubo un buen número de casos.
En Europa, aunque el método ha llegado, no ha proliferado como en otros lugares porque no es tan frecuente que la gente tenga en su hogar grandes sumas de dinero y el ’botín’ suele ser bastante menor del que buscan los personajes que utilizan este sistema. Y en algunos de los casos que se han conocido, las investigaciones policiales han descubierto posteriormente que más bien se trataba de ajustes de cuentas -y nunca mejor dicho, por las deudas existentes- entre delincuentes, aunque, evidentemente, este último sucedido y otros no tengan por qué ser así.
En cualquier caso, es un tipo de violencia que crea gran alarma social, porque en realidad no hace falta tener unas características de gran riqueza para ser protagonista. Como casi todos nos vemos como potenciales víctimas, estos sucesos se sobredimensionan mucho más allá de la importancia o frecuencia que en realidad puedan alcanzar en los números. Sin dejar a un lado que a quien lo padece personalmente bien poco le importa, como consuelo, una estadística.
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