ZP, en el Ritz
CARLOS E. RODRÍGUEZ
Más de seiscientas personas, entre ellos, casi un centenar de periodistas, desayunando en el hotel Ritz a las nueve de la mañana. Probable récord de las tribunas de debate, tan madrileñas que ya se celebran en cenas, almuerzos y desayunos, sólo falta alguna en "resopón" de madrugada. Cierto que es muy nutrida la asistencia siempre que un presidente de Gobierno en ejercicio comparece en foro de lujo.
Descontada la presencia de sus disciplinadas huestes, desde ministros a militantes en expectativa, llamaban más la atención los numerosos empresarios de postín, aunque es sabido que el capital se hace y mima al servicio del poder. El organizador, José Luis Rodríguez, presidente de Nueva Economía Forum, disfrutaba feliz, cogido del brazo del influyente "Pepiño" Blanco, del éxito innegable de haber marcado el arranque de la temporada política madrileña tras las vacaciones.
Tres cuestiones de fondo para la agenda de notas. Primera, ni el menor resquicio a la duda sobre el apoyo activo y decidido de Zapatero a la OPA de Gas Natural sobre Endesa. Segunda, la seguridad con que afirma que "no hay riesgo", habrá acuerdo sobre el nuevo Estatut de Catalunya y saldrá adelante. Tercera, desde su convencimiento de que, contra lo que se viene publicando, tiene el pleno respaldo de todo el PSOE, incluyendo a Felipe González, y que por tanto, "digan lo que digan las encuestas", no es él quien está en un callejón, sino el PP, porque él sabe lo que piensan y quieren los españoles y el PP se ha aislado en un discurso radical y anacrónico. Bien es cierto que la ocasión la pintaban caqui, por la falta de reflejos o de precisión de discurso de la dirección del PP ante el pronunciamiento del teniente general Mena Aguado. La gramática no es banal. "Hablar es pensar, quien cambia lo que digo, trastoca lo que pienso", advertía Roque Barcia.
Seguro que Rajoy, que se propone tomar personalmente el protagonismo del PP en los debates del Estatut de Catalunya, hará todo lo necesario para que su comparecencia en la misma tribuna, el próximo 24 de enero, no desmerezca en asistencia y tensión informativa. Los empresarios, que no tienen más remedio que poner una vela al poder y otra a la oposición -eso de la derecha y la izquierda es cosa de gentes sin posibles-, se aplicarán a aparecer en las fotos con Rajoy con sonrisa por lo menos igual de expresiva que la lucida con Zapatero. Los vídeos y fotos los carga el diablo.
Por las mesas de los empresarios, rumores y rumores sobre las próximas elecciones en CEOE. Los adictos a José María Cuevas auguran una victoria de ochenta a veinte, pero deslizan el rumor de que Rosell lo llevará con entereza porque Montilla le ha asegurado, para esa eventualidad, una vicepresidencia de La Caixa. Los cercanos al todavía "no candidato oficial" Rosell se indignan y afirman que el resultado está por ver y que ahora empiezan los movimientos y niegan cualquier patrocinio del ministro Montilla. Ciertamente, Rosell es un liberal y por tanto, en las antípodas ideológicas de Montilla, pero el Estatut tiene desvaídas todas las clasificaciones.
En otras mesas, protagonista, el hasta ahora casi desconocido teniente general que se enredó en Sevilla con el artículo 8 de la Constitución, olvidando que la misión asignada a las Fuerzas Armadas de "defender la integridad territorial (de España) y el ordenamiento constitucional" lo es siempre a las órdenes del Gobierno democrático salido de las urnas mediante la soberanía nacional representada por el Parlamento. Unos valoran negativamente la tibieza en la condena por parte del PP. Otros expresan su perplejidad por que el teniente general Mena, por muy inmediato que sea su retiro, se lanzara a una piscina sin agua.
Las críticas se centran en el Estatut. Después de casi dos horas de multitudinario acto, exuberante de abrazos y plácemes, el observador saca la impresión de que si se sometiera la opinión de los reunidos a consulta secreta ganaría probablemente la opción de dejar la reforma del Estatut para más adelante y otro proyecto. Los más ásperos, sin dejar de ser favorables al Gobierno, dicen que ha sido una imprudencia. Los más benévolos atribuyen la situación a una cierta proclividad de Zapatero a decir que sí a todos.
De una u otra manera, las espadas están en alto y la política no se restringe al vistoso hemiciclo del Congreso. Las tribunas independientes, como Nueva Economía Forum, recogen el aliento y la fuerza de la sociedad. Es de suponer que, tras la comparecencia de Rodríguez Zapatero, Rajoy sabe que se juega mucho en su comparecencia, en el mismo foro, dentro de dos semanas. Quizá le convenga recordar, como hombre de leyes, aquello que los abogados de antaño advertían a sus clientes: "No basta con tener razón, hay que saber pedirla y que se la den a uno".
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