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| Numerosos clientes tomaron posiciones, esperando a que las tiendas abriesen sus puertas. En la calle del Castillo, los transeúntes llevaban de media una sola bolsa. Los pantalones estaban tan bien de precio y eran tan bonitos, que hubo que combatir con el maniquí. / Javier Corominas |
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P. M. Santa Cruz
Llegó el día ansiado. Doñas, marujos, amas y amos de casa, gladiadoras del hogar y demás fauna doméstica se congregaron ayer frente a las puertas de sus comercios habituales, minutos antes de que abriesen las puertas. Para algunos, éstas son las verdaderas fiestas, en las que pueden adquirir los objetos de su satisfacción a precios incomparables. Todo dependerá de su propia agilidad para alcanzar el preciado trofeo.
Diez en punto, hora zulú. Las puertas de establecimientos como El Corte Inglés se abren. Minutos antes, otros establecimientos de moda han abierto y reciben una avalancha de compradores aguerridos. El personal está más que habituado y hay quien hace comparaciones sobre la evolución respecto a años anteriores. Ya no se ven las clásicas peleas de señoras por ver quién entra la primera, ni tampoco rebuscando prendas en un cajón. Éstas son imágenes más propias de otras tierras y tiempos.
Por el contrario, ayer, el principal protagonista no fueron las doñas, sino un joven, que preparó con detenimiento su estrategia. Día D, hora H. El joven, anónimo, desconocido, toma posiciones en compañía de otros consumidores madrugadores en la plaza pública situada frente a El Corte Inglés. Aguarda el momento en que la vigilante abrirá la puerta para lanzarse a la carrera al interior, dispuesto a que nadie le arrebate su objetivo. Directo, no aparta la vista y se dirige derecho hasta las primeras escaleras mecánicas que tiene a su alcance. Confirma con un empleado del local cuál es la planta a la que tiene que acceder, para desde ahí y con la altura suficiente, lanzarse en picado a por su objetivo. Esa ansiada chaqueta, que ayer valía menos que antes, pero algo más de lo que esperaba.
Sólo cambia el precio Las únicas reglas de combate que valen en días como estos es que las rebajas lo son sólo en precio, nunca en calidad. El artículo se puede devolver y cambiar; además, en tiendas de calidad se mantiene el clásico: "Si no queda satisfecho, le devolvemos su dinero". Eran consignas que ayer, a pesar de que han cambiado los tiempos, seguían manteniéndose sin que nadie se atreviera ni tan siquiera a discutirlas. Alguno incluso tuvo la suerte de venir a cambiar una compra que hicieron antes del día de Reyes, por una talla menor, y se llevó la grata sorpresa de ver que se lo cambiaban y además le danab 10 euros de propina; un dinero que ahora empleará en alguna cosilla, como así reconocía.
Una compradora reconocía que ya hace bastante tiempo que Sus Majestades los Reyes Magos no le dejan nada de ropa, al igual que Papá Noel. Ahora espera unos días para adquirir las mismas prendas a un precio sustancialmente menor. Además, tiene la suerte de que trabaja por la tarde, por lo que dispone de toda la mañana para seleccionar, ver, comparar y adquirir lo que de verdad lo convence. Sin embargo, no todos están contentos. Un compañero de profesión reconoció lamentándose airadamente: "De qué me sirve que digan que rebajan un 50% el precio de las grandes marcas, si después una camisa sigue costando más de 60 euros. Y con los sueldos que pagan".
Todos y todas En general, el arranque de las rebajas era terreno abonado para las doñas, término que algunos rechazan, pero que ayer, al menos, se ajustaba bastante bien al de una mujer en torno a los 45-55 años, pelo corto, y gafas en un 50%, al igual que los marujos (que pueden ser acompañantes de las primeras o ir en solitario). Todos aseguraban venir a ver qué hay, sin ningún presupuesto. Tampoco se han fijado un límite en el gasto. Todo el mundo paga con tarjeta, una y otra vez, y el datáfono, el aparato que lee las Visa, Mastercard y American Express, echa fuego.
Todos miraban, un poco, incluso aquellos que decían no saber que ayer empezaban, con gran retraso por cierto, las rebajas. Examinan con detenimiento alguna prenda y sólo las más interesantes se van acumulando en los brazos. Cuando el peso hace ya imposible continuar, buscan un probador y verifican que lo que han cogido es lo que quieren. Da igual que haya carteles indicativos que pidan moderación y que sólo se acceda a los vestuarios con un máximo de tres artículos. La recomendación será desoída.
En días como el de ayer, los empleados del comercio saben que tienen que armarse de paciencia. Los próximos días serán largos, tendrán más público y habrá que trabajar más. En general, ayer afirmaron que los compradores mantienen las formas, aunque de vez en cuando les llegue algún que otro cliente foráneo, a los que acusaron de "atravesados e, incluso, en determinados casos de malcriados". Con todo, el sector en Tenerife está contento. El presidente regional de los pequeños comerciantes, Luis de Miguel, admite que hay más ventas y gente que en años anteriores. Se mantiene de esta forma la tendencia iniciada ya el año pasado y cree que determinado público ha dejado los grandes centros para volver a la tienda de cercanía. Los atascos de tráfico están ayudando, añadió. |