La gacetilla botánica de hoy va dedicada a los incrédulos (en ellos me incluyo), a todos aquellos que no creíamos que el traslado de la ceiba, que lucía esplendor, altura, ramas, hojas, flores, frente a la Caja de Ahorros de la avenida de El Puente, diera resultados positivos. En su día fue un tema polémico, político, de asfalíticos, ecologistas, agricultores de secano, nostálgicos, modernos de cómo sea, de tierra "mañanera" y última cerveza.
Se impuso la autoridad, se exigió a la empresa de los aparcamientos subterráneos su costoso traslados, etcétera, incluso el lugar de ubicación, en lo que muchos creíamos un fracasado retoñar, fue otro motivo de fogalera verbal y enterramientos polifacéticos. Apuestas de cenas, cochinos, jamones y cortes de manga, según la hora y lugar.
La Quinta Verde, camino de una recuperación total, gozaba de la nueva compañía y prestaba su centenaria tierra, al tronco pelado, un poco golpeado, escupido o besado, bendecido o maldecido. Siempre callado, al abrazo del sol, al beso de la luna, todo con arrullo de palmeral mitológico. Cuevas, gamonas, cañaverales, dragos, bejeques, portadas centenarias, desniveles abismales, palomas del Tenisca, grajas del Mensajero. El alma de doña Leocrasia, latiendo para todos en los viejos jardines, canteros y paseos. La fuente central de la casona, cuando corría el barranco, recitaba sus versos.
Sin darnos cuenta los incrédulos, la ceiba recibió el beso, la oración de los crédulos, la mangueras puntuales de nuestros jardineros; de pronto ella misma, sin rencor y sin miedo, nos gritó de lo alto, con voz de nacimiento, su primer brote, su primer aliento. Este se hizo familia numerosa, recontando los coches y observando parejas. Estaba viva, crujía y protestaba, cuando algún camión cargado en demasía le escachaba los dedos. Testigo de promesas y encuentros plenilúnicos.
Ojalá todas nuestras incredulidades tuvieran el final feliz de nuestro árbol. Su mensaje, lección, razón de ser del cuidado y la esperanza, del esfuerzo colectivo, de la unión de competencias, un ejemplo para otros árboles que necesitaban ser reubicados. Que callen las sierras y canten los brotes. Que este ejemplar botánico sea para todos un punto de encuentro. El retoño de un palo que se hizo vida y flor. A todos los creyentes, muchas gracias. A los incrédulos botánicos (entre ellos estoy), un fuerte abrazo. A la ceiba, larga vida, buena sombra para dos buenos bancos, tagoror de poetas y gentes de buen sentir. |