CAROLINA ÁLVAREZ SICILIA *
La depresión
En la actualidad la depresión es la cuarta causa de muerte y discapacidad a escala mundial y la Organización Mundial de la Salud estima que para el 2020 ocupará el segundo lugar, siendo sólo superada por las cardiopatías. El suicidio, uno de sus desenlaces más temidos, causó el año pasado más muertes que los conflictos bélicos. Estamos, sin lugar a dudas, frente a una de las epidemias del siglo XXI.
La ciencia ha hecho grandes avances en la comprensión de la bioquímica cerebral y cada vez salen al mercado antidepresivos más eficaces. Nadie cuestiona que algunas depresiones tengan una base bioquímica que las haga susceptibles de mejorar con fármacos. Sin embargo, no podemos ignorar que estos no siempre producen mejorías. Existen muchos pacientes crónicamente deprimidos que no encuentran alivio alguno en este tipo de tratamiento. ¿Será que debemos esperar a que nuevos avances científicos produzcan finalmente una droga capaz de erradicar la tristeza?, ¿o será que no podemos reducir el sufrimiento psicológico de todas las personas deprimidas a circunstancias puramente orgánicas?
El padecer psicológico no puede ser entendido como un acontecimiento meramente corporal. Acudir a la farmacología como única forma de hacerle frente a la depresión sería negar la participación de la historia individual, de las vivencias personales, de la subjetividad en el desencadenamiento de la depresión.
A veces un fármaco puede ser contraproducente. Hay procesos psicológicos cargados de tristeza que si se desarrollan a su propio ritmo terminan por desaparecer. Por ejemplo, la tristeza por la muerte de un ser querido es normal y forma parte de ese proceso que llamamos duelo. No obstante, si esta tristeza se ve acallada a través de un fármaco, este proceso de duelo puede quedar coartado y la tristeza permanecer congelada por mucho tiempo.
Las depresiones tienen algunos elementos comunes tales como la tristeza, la apatía, la falta de energía, los sentimientos de desesperanza, la baja autoestima, los sentimientos de culpa, entre otros. Sin embargo, no todas las depresiones presentan estos elementos. Algunas personas que han estado deprimidas por muchos años no muestran tristeza sino una especie de abolición de toda vitalidad, deseo, emoción y hasta sufrimiento. Lucen como si estuviesen muertas en vida y a veces su sufrimiento es tan silencioso que puede pasar desapercibido para quienes les rodean e incluso para ellos mismos.
Cada depresión tiene sus particularidades. Comienza, se sostiene y se cura debido a circunstancias que son absolutamente singulares para cada individuo que la padece. Esta singularidad a veces no se toma en cuenta cuando se utilizan tratamientos estandarizados, como lo son los fármacos. Muchos pacientes que no consiguen alivio a través de tratamientos únicamente farmacológicos, lo encuentran cuando un especialista les cede la palabra y los interroga acerca de las vicisitudes de su sufrimiento. Estos pacientes agradecen tratamientos en los que se les escuche atentamente ya que estas personas tienen mucho que decir en cuanto a lo que les ocurre. Un contexto terapéutico en el cual exteriorizar sus pensamientos y sentimientos es el que le brindará los mayores beneficios.
* Carolina Álvarez Sicilia es psicóloga y psicoanalista.
|