El llamado ’pleito insular’ real y originario nace de los diferentes procesos de conquista, repoblación y gobierno-administración de las islas de Gran Canaria, cuya conquista fue realenga, y La Palma-Tenerife, de iniciativa privada. A ello se añadía la real mayor riqueza económica de La Palma-Tenerife respecto a la de Gran Canaria.
Acabado el tiempo monopolístico concedido a Pedro de Vera, se inició en Gran Canaria el de la larga lista de gobernadores, que serían residenciados.
En La Palma-Tenerife regía Alonso Fernández de Lugo, gobernador vitalicio que trasmitía su cargo a su hijo-heredero y así sucesivamente.
¿Qué va a producir la primera queja importante en las autoridades y pueblos de La Palma-Tenerife?
Al acabar la conquista de Tenerife, en 1496, es electo el obispo canariense doctor don Diego de Muros, y junto a él está su Cabildo Catedralicio del Obispado de Canarias. ¿Qué representa esto? El trasiego de los diezmos y primicias desde La Palma-Tenerife a Gran Canaria.
Desde 1506 se instaura la Inquisición de Canarias bajo el mando del doctor Bartolomé López de Tribaldos. Y, en 1527, la Real Audiencia de Canarias.
Esas instituciones representaban más traspaso de bienes desde La Palma-Tenerife a Gran Canaria y, además, la dependencia administrativa subsiguiente.
Por el contrario, de Gran Canaria pasaban hacia Tenerife todas las mandas pías y donaciones relacionadas con el culto mariano candelariero.
El contexto económico y comercial beneficiaba a Tenerife, a la que Gran Canaria acudía para la compra de madera, trigo, etcétera.
Por ello, ya desde el tiempo de Alonso Fernández de Lugo se planea el traspaso de alguna de aquellas instituciones a Tenerife. En tiempos del obispo Bartolomé García Jiménez casi lo consiguen. Mejor posibilidad representó la intervención del cardenal Cristóbal Bencomo, que pudo haber convencido a Fernando VII para erigir obispado en Tenerife y Arzobispado en Gran Canaria. Todo quedó con el establecimiento del Obispado Nivariense, en 1819, tomando su solar fundacional en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, segregándose del canariense.
Durante varios periodos de tiempo la Audiencia se fijó en Tenerife, aunque siempre retornó a Gran Canaria.
La riqueza de productos naturales siempre se mantuvo en el mismo sentido que a su inicio.
Más delicado fue paliar el fervor mariano hacia Nuestra Señora de Candelaria. En Gran Canaria desde la primera mitad del siglo XVI existía una talla mariana que presidía el culto en el lugarejo de Teror. Había sido pagada y traída desde Sevilla por el repoblador castellano Juan Pérez de Villanueva, que además encargó y costeó el retablo de la capilla mayor y ayudó a construir la pequeña iglesia terorense, sería patrono, etcétera. Lo que había terminado antes de 1551, fecha de su muerte y testamento. Le sucedió su hijo tercero Diego Pérez de Villanueva como patrono y su hija mayor Isabel Pérez de Villanueva, viuda de Blas de Quintana, como camarista. La pobreza de recursos de la familia de Juan Pérez y de los escasos repobladores de Teror no les permitía el buen mantenimiento del indicado edificio que, en los malos tiempos, se veía en situación de ruina.
Existía en la zona la costumbre de fabricar una hornacina para acoger un busto mariano, hecha ahuecando un pino de diámetro singular. Es el caso de los diversos Pino Santo que o se han conservado o han mantenido su recuerdo. La existencia del pino terorense y los momentos de poder reconstruir o reparar el templo, bien podía el pino ser el lugar de depósito de la imagen pero de la manera que tradicionalmente se cuenta, es decir, apoyada en una plataforma hecha con sus trocos y ramas.
En la primera mitad del siglo XVII, todos esos elementos y causa se unieron para construir el mito ritual de la aparición de la imagen en tiempos prehispánicos, etcétera.
Estamos obligados a terminar por razón de espacio y porque no se precisa ampliar la prueba existente.
El pleito cambió su sentido en el siglo XIX, particularmente con la formación de dos provincias y el lugar donde debía radicar la capital archipielágica. La continuación son nuestros siglos XX y XXI, donde los distintos políticos se han encargado de crear el más conveniente para sostener sus ansias de poder y ventajas económicas
historia que a mí no me interesa porque afecta a mi pituitaria. |