J. M. FLORES
Viaje a la miseria africana
La vicepresidenta del Gobierno y ministra de la Presidencia, María Teresa Fernández de la Vega, ha viajado a Kenia y Mozambique para analizar sobre el terreno la situación de las mujeres en países subdesarrollados y para conocer personalmente las bolsas de pobreza y cómo se gestiona la ayuda internacional.
La vicepresidenta se ha calzado las botas de caucho de meterse en el fango y la miseria y ha conocido de primera mano cómo se vive en países en los que las catástrofes no son tragedia porque la tragedia es la vida misma. Sobre todo si eres mujer o niño que no sólo no tiene botas para caminar, sino tampoco unos granos de cereal para llevarse a la boca.
La vicepresidenta ha invitado a Ana Pastor a acompañarla, y la secretaria de Asuntos Sociales del Partido Popular se fue para allá nada más finalizar la convención del PP, para incorporarse al grupo de Fernández de la Vega, la mayoría de ellas mujeres periodistas.
De la Vega tiene talante aunque no presuma de él, es sensible aunque en las ruedas de prensa de los viernes o las sesiones de control al Gobierno de los miércoles presente su cáscara más amarga, y quizá su expresividad y sensibilidad lleve a tender puentes con Ana Pastor, con el PP, que Zapatero no es capaz de tender aunque presume de que lo suyo es el diálogo. De este viaje africano seguramente saldrán cosas políticamente buenas.
La experiencia demuestra que incluso sin la paridad las mujeres cada vez pisan más fuerte. En Kenia, la vicepresidenta, a la vista de lo que veía y de los testimonios que escuchó, tomó la determinación de incrementar la ayuda humanitaria española en ese país, pero encargando a las mujeres la gestión de esa ayuda.
Sabe María Teresa Fernández de la Vega que la deja así en las mejores manos, las más capaces, las más justas, las que envían la ayuda allí donde deben enviarla garantizando que llega a donde debe llegar, sin que haya pérdidas vergonzosas en el camino.
Estos días se celebra el trigésimo aniversario de la creación de la República Árabe Saharaui Democrática, y para allá han viajado políticos y periodistas. El anfitrión, Abdelaziz, ha explicado orgullosamente el trabajo de concienciación social que han dado al pueblo saharaui en estos años y ofrecido datos sobre la organización de los poblados.
Abdelaziz llevaría callarse, porque el milagro de que el pueblo saharaui haya sobrevivido a los intentos de colonización de Marruecos no se debe a Abdelaziz ni a sus lugartenientes, sino a las mujeres que están allí trabajando de sol a sol, que han creado escuelas, centros sanitarios, suministro de agua y han inculcado a sus hijos el orgullo de pertenecer a un pueblo valiente e independiente.
Mientras, los hombres se han ocupado de la seguridad del territorio y sobre todo de viajar al extranjero para hacer públicas sus reivindicaciones en los foros internacionales, con Abdelaziz al frente de todos ellos, viviendo en lujosos hoteles, recibidos en importantes despachos y viajando al Sahara poco más que en misiones de propaganda. No es una exageración decir que si no fuera por las mujeres saharauis la situación de la RASD hoy sería muy diferente.
Por cierto que Abdelaziz considera una posición "firme y constructiva" la decisión de Estados Unidos de exceptuar los territorios en litigio de su acuerdo de libre comercio con Marruecos, lo que dijo que "deja la opción sobre la soberanía a sus habitantes". Y recordó que a petición del presidente estadounidense, George W. Bush, su Gobierno había liberado a los últimos prisioneros de guerra marroquíes, pero no ha sido liberado ningún prisionero saharaui. También reclamó de la Unión Europea que se abstenga de firmar acuerdos pesqueros que incluyan aguas de soberanía saharaui, pues, aseguró, "siembran inestabilidad".
Pero volviendo al viaje, Fernández de la Vega, lo mejor del Gobierno, sabe qué hace cuando decide confiar en las mujeres.
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