La ciudad carnavalera
RAMIRO CUENDE TASCÓN *
* Ramiro Cuende Tascón es concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife por el PSC-PSOE. Fao! ¡fao!, le gritaba una mascarita a otra. ¡Le ha hecho fao, friski. Hay que tirar un friski! No entendí lo que se querían decir. Lo cierto es que de vuelta a casa, tras disfrutar de una carnavalera y tranquila noche de domingo, me acordé de la acalorada y, por otra parte, divertida discusión que había contemplado. Curiosa la conversación de las dos únicas máscaras que quedaban a las tres de la mañana de un lunes, también de Carnaval. De un gélido y ventoso Carnaval. Seguí pensando y pensando, hasta que descubrí quiénes eran.
¡Échate a correr! Le he dicho que ha sido falta y se acabó. ¡Ejecútela!
Una de las máscaras parecía ser de fuera. ¿Peter Sellers? ¡No! Va a ser que sí. Era él. Parecía recién salido de ’El guateque’, qué sorpresa tan carnavalera; mejor decirles que estaba dentro. En su particular y compartido guateque, previo al miércoles de ceniza o día del entierro de la sardina. Entre nosotros, y para entendernos, la noche en la que le pegamos fuego al chicharro. No en sentido metafórico, entiéndase bien: le pegamos fuego al cuerpo y al chicharro. Esta vez el pobre Peter vivió decepcionado por lo que le habían dicho, entre otros yo, que era una de las fiestas más curiosas de nuestras ’Fiestas de invierno’. Preguntaba: ¿y la gente?, ¿y las viudas y viudos?, ¿por qué hay tanto policía mirando cara el público?, ¿es que están disfrazados? Eran las doce de la noche y por allí no pasaba nadie, o casi nadie. Entre los reunidos se encontraba mi buen amigo el alcalde de la ciudad. Yo compartía con otros buenos amigos catalanes un paseo por los raros actos. Paradojas de la vida, durante aquel triste entierro le comunicaron al bueno de Fede, el de Ollesa de Bonesvalls, el fallecimiento de su madre. Una buena señora de 91 años, a la que tuve el gusto de conocer. La vida te da sorpresas casi siempre inesperadas; las bromas se convirtieron en tranquilas lágrimas poco después.
¡Qué suerte he tenido de nacer! Para escribir cada mañana mientras escucho a los primeros pájaros saludarse con sus, en este caso, resacados píos. Para leer lo que otros han escrito. Para entender que el honesto y el perverso son parte del mismo universo a pesar de ser tan distintos. Otra curiosidad.
Don Dámaso: con mis mayores respetos, me ilusionaría establecer un encuentro epistolar -político- con usted. Un encuentro público sin máscara. Fresco. En el que las ideas, su contraste, el de las mismas, sirva para conocer quién es cada quien. Usted, envuelto en su bandera, que pese a parecer de todos, según lo cuenta, no puede ser la mía, por no sé qué extraño mecanismo. Por cierto, nuestras banderas, la de Santa Cruz y la de Tenerife, son bellísimas.
Y no puede ser la mía porque usted, desde su nacionalismo, insularismo, municipalismo, personalismo, apropiacionismo y cualquier otro ismo que se le ocurra, la privatiza para unos pocos, los suyos. Eso sí, con la boca llena de lo de todos y para todos, es una metáfora. La apropiación de los símbolos para mejor gloria de su ’exclusismo’ es algo propio de grupos de cuyo recuerdo no quiero acordarme. Usted no es usted en este texto. Es un personaje de la obra de teatro que es la vida. No se vuelva a ofender. Contésteme sin dolor. No se meta con los que usted considera míos; son suyos, de ellos. Me parece importante, en ocasiones, caminar solo por la vida; en otras no, debería probarlo.
Le confieso que sonreí al leer su escrito del domingo. No me sentí ofendido, más bien halagado por haber sido algo en su tiempo vital. Usted lo va a seguir siendo del mío. Aprendí algo nuevo, lo del Reglamento de la FIFA esa, que usted debe tener entre sus libros de mesilla, por lo preciso de su comentario. Es una broma, no se moleste. Confiéseme que lo del número del artículo se lo sopló alguien, es imposible saber tanto de fútbol sin ser un profesional de la cosa. Me asesoraré mañana con un concejal experto en estas lides, el señor don Brito Arceo, al que respeto sobremanera, una buena persona.
Se me acaba de ocurrir el término ’exclusismo’ como ideología política. Por lo de la exclusión, que trata de echar a personas o cosas fuera del lugar que ocupaban. Al que se me ocurre acompañar con otro que le viene al pelo el del ’exclusivismo político’ por aquello de lo exclusivo, de lo que excluye toda otra cosa. Voy a seguir trabajando sobre esta idea que acuño para mejor conocimiento de algunas, por supuesto respetables, ideologías.
Nacionalismo, insularismo, municipalismo, personalismo, una extraña y acaparadora forma de sentir. Excluyente per se. Si lo prefieren, un saco sin fondo ideológico; la razón de su existencia es la consecución del poder. ¿Para? Pensarán ustedes que en todos lados cuecen habas, que el factor humano -las personas- existen por igual en cada opción política. La diferencia es que a unos nos preocupa la Universidad y su Paraninfo, por poner un ejemplo, y a otros les preocupa el Tete, S.A.D., una propiedad privada, y su bandera, por aquello de los votos para continuar en el poder. ¿Cuesta pensar en volver a casa?
¡Carnaval! ¡Carnaval! ¡Carnaval, te quiero! No sé si puedo, pero te quiero. Ahora que gracias a la vida te entiendo algo más, aunque ya te entendía. Hoy, tras haber tenido el honor de formar parte del jurado que eligió a tu nueva Reina, te conozco por dentro. Ha sido una entrañable sorpresa que debo a mis compañeros de corporación. Nunca olvidaré sus caras, parafraseando a Groucho, ese personaje tan carnavalero.
Por cierto, apreciado Bruno, todo está saliendo raro, a pesar del esfuerzo. Gracias por tu trabajo y el de tu equipo. Eso sí, no hay que dormirse. La ciudad carnavalera ha pedido cosas razonables sobre las que hay que pensar. Una acción estructurante que debes pedir a los redactores del Plan Estratégico o de ’Negocios’ para que la estudien, es entender toda la ciudad como la Ciudad del Carnaval. Una ciudad que sea capaz de bailar y transformarse en toda su extensión, como debe ser la nuestra. Una ciudad dotada para el ensayo y preparación de sus principales fastos. Al margen de su posible museo, que es una acción puntual y de negocio.
Don Dámaso, don Peter no era usted; también era yo. Usted era don Dámaso simplemente. En cualquier caso, no pretendo confrontar con usted mis pensamientos, por otra parte sagrados. Tan sólo pretendo hacerle ver que en democracia es posible la divergencia sin que eso suponga confrontación; tan sólo es la posibilidad de expresar opciones divergentes desde la pluralidad.
Desde esta mesa de divertido y sesudo trabajo, mi más sincera enhorabuena a todos las gentes de Santa Cruz y a sus invitados por el civismo y la urbanidad que han demostrado durante estos Carnavales con varios días pasados por agua y viento.
Don Dámaso, como le dijo en ’Casablanca’ Rick a Louis: presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad.
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